Prohibido corregir a la máquina: así arbitra el tenis desde 2026 (menos en París)
El ojo electrónico es obligatorio por encima del 250 y el juez de silla ya no puede bajarse a mirar la marca. En tierra, ahí empieza el problema.
Nicolás Jarry esperó a llegar a la red para decírselo al juez de silla. «Hagamos que las máquinas sean más importantes que los humanos, ¿no? Felicidades». Era el 23 de febrero de 2026 en Santiago y el chileno acababa de perder un punto que ningún humano podía ya revisar.
La ATP anunció el cambio en abril de 2023 y lo implantó en todos sus torneos desde la temporada 2025: el arbitraje electrónico es obligatorio por encima de la categoría 250, también en la WTA. La tecnología se había probado por primera vez en las Next Gen ATP Finals de Milán de 2017 y se extendió durante la pandemia.
Los jueces de línea han desaparecido, el juez de silla tiene prohibido corregir al sistema y el jugador no tiene derecho a apelar.
El día que Jarry le habló a la máquina
Jarry cayó ante el croata Dino Prizmic por 6-3, 5-7 y 6-2 en la primera ronda del ATP 250 de Santiago, su décima derrota seguida. En rueda de prensa no achacó la eliminación al sistema, pero sí cargó contra la ATP sin matices.
«No tiene sentido que una máquina mande. Es ridículo. No soy el único que lo piensa», dijo el campeón del torneo en 2023. «Mi bola tocó la línea y el sistema la cantó fuera. Así de simple». A un juez de línea se le puede rectificar; al algoritmo no.
El caso resume el cambio de era. El juez de silla ya no decide si una bola entra: su papel se limita a resolver disputas entre jugadores, aplicar sanciones y gestionar el reglamento. La ATP lo anunció en abril de 2023 y lo justificó con la precisión y la consistencia del sistema.
Cómo canta las líneas un sistema al que no se puede recurrir
El Live Electronic Line Calling usa hasta 18 cámaras por pista, reconstruye la trayectoria de la bola en tres dimensiones y canta «out» o «fault» con voz sintética en décimas de segundo. El challenge murió con los jueces: ya no hay revisiones por set ni pantalla gigante.
No todos los proveedores funcionan igual. Hawk-Eye reconstruye el bote a partir del seguimiento de sus cámaras; FoxTenn, el sistema que inventó el español Javier Simón, graba imagen real a ras de suelo. Relevo explicó en 2023 cómo funcionan los dos y por qué amenazaban un oficio entero.
En tierra, la marca dice una cosa y la máquina, otra
La arcilla es el único suelo que guarda una prueba física del bote. Ahí está su encanto y su trampa: la bola desplaza el polvo de ladrillo, la humedad y el último barrido alteran la huella, y una misma bola deja marcas distintas.
El responsable de árbitros del circuito, Ali Nili, reconoció en 2025 que el sistema trabaja con un margen de un milímetro de error. Ese año, según la ATP, arbitró seis torneos de tierra, 486 partidos, más de 75.000 puntos y más de 300.000 botes registrados.
El conflicto no es solo estadístico, es visual. El jugador ve una marca fuera, el sistema ha cantado dentro y la realización sigue emitiendo la repetición cenital en lugar del bote a ras de pista. La ATP grabó en febrero de 2025 un vídeo para explicar ese espejismo.
Madrid, París y Nueva York: los tres casos de 2026
El 26 de abril, en tercera ronda del Mutua Madrid Open, Elena Rybakina señaló la marca de un saque de Qinwen Zheng cantado bueno. «¿Me estás tomando el pelo? Esto no es una broma. El sistema está equivocado», protestó ante una juez de silla que respondió que no podía bajar a comprobarlo.
Rybakina remontó y ganó por 4-6, 6-4 y 6-3, pero salió de la Caja Mágica diciendo que no se fía. No es nueva la queja: en 2025 Aryna Sabalenka y Alexander Zverev fotografiaron marcas con el móvil, y el alemán avisó desde Madrid de que el tenis apagaba su propio cerebro.
El 31 de mayo, en los octavos de Roland Garros, pasó justo lo contrario. Con bola de set para Casper Ruud a 8-7 en el desempate, alguien gritó «out» desde la grada, la juez bajó, leyó la marca y dio buena una derecha de João Fonseca que la televisión mostró después fuera.
Fonseca se llevó ese set y el partido por 7-5, 7-6(8), 5-7 y 6-2, y alcanzó sus primeros cuartos en un Grand Slam. Ruud lo encajó sin escándalo: «Fue una lástima lo sucedido». Error humano en estado puro, en el único grande sin máquina.
Y el 31 de agosto, en la primera ronda del US Open, el sistema cantó fuera una derecha ganadora de Anna Kalinskaya que había botado holgadamente dentro. La repetición que salió en pantalla era de otro punto. La juez no rectificó: «Estás aquí para mirar», le espetó Kalinskaya.
La USTA admitió después que hubo «un fallo del sistema ELC Live» y que debió activarse la revisión en vídeo. Kalinskaya perdió aquel juego desde 40-15 y aun así ganó por 6-4 y 6-3. El fallo no cambió el resultado, pero sí el relato.
Por qué Roland Garros paga a 404 árbitros
La Federación Francesa confirmó en septiembre de 2025 que mantendría a sus jueces de línea en 2026. «Seguirá mostrando la excelencia del arbitraje francés, reconocido en todo el mundo», defendió Lionel Ollinger, vicepresidente de la FFT. En la edición de 2025 hubo 404 oficiales alrededor de las pistas parisinas, 284 de ellos franceses: una plantilla que ya nadie más conserva.
Su directora, Amélie Mauresmo, lo defendió tras el caso Fonseca: «Lo que observamos en los torneos de tierra previos a Roland Garros es que la fiabilidad de este sistema no es absoluta. A día de hoy la máquina no es fiable al 100%, así que seguimos confiando en los jueces humanos».
Y dejó la puerta entornada: «Lo hemos decidido así para 2026; para 2027, ya veremos». La federación prometió además una revisión posterior al torneo, así que la decisión no está cerrada para siempre.
El argumento no es solo técnico. Sin jueces de línea desaparece el escalón donde se forman los jueces de silla, y Francia teme quedarse sin árbitros.
La paradoja salta a la vista. En 2024, Zverev perdió la final de París por un error del juez de silla que el ojo de halcón desmintió luego. Con máquina no habría ocurrido; con máquina tampoco habría habido apelación posible.
Lo que el tenis gana y lo que ha perdido
El balance honesto no enfrenta máquina y humano, sino un margen de error contra otro. Un juez de línea juzga desde un ángulo oblicuo un bote de cuatro milisegundos; el sistema falla en milímetros. La máquina acierta más veces, y falla siempre de la misma manera.
Lo que ha desaparecido es el procedimiento. Antes había un error y un cauce para repararlo: la marca, el juez que baja, la discusión. Ahora hay un veredicto y se acabó. Madrid y Nueva York duelen menos por el fallo que por la imposibilidad de corregirlo en pista.
El circuito ya está tapando ese agujero. Wimbledon había adoptado el ojo electrónico en 2025, rompiendo 147 años de tradición; el Abierto de Australia lo hizo en 2021 y el US Open en 2022.
En 2026 Wimbledon estrenó además la revisión en vídeo en seis pistas para jugadas de criterio, como los dobles botes, y el US Open la extendió a todas. En Nueva York aparecieron también luces rojas en los postes, probadas en Australia en enero.
Es el reconocimiento implícito de que algo faltaba. El tenis ha decidido que la línea la canta la máquina y ahí queda poco debate. Lo que todavía no ha resuelto es qué hacer los días en que la máquina falla.