Rusia vuelve al paralimpismo y el camino a Los Ángeles se complica

El IPC readmitió a Rusia y su bandera volvió a Milano-Cortina. El pulso real: las plazas para LA2028 en natación y atletismo, donde España votó en contra.

Las antorchas olímpica y paralímpica de Milano-Cortina 2026, sobre una peana iluminada junto a los rótulos del evento
Las antorchas olímpica y paralímpica de Milano-Cortina 2026, en su presentación.

El movimiento paralímpico afronta su mayor conflicto institucional reciente. Rusia recuperó sus derechos plenos, su bandera volvió a ondear en Milano-Cortina y el verdadero pulso se juega ya en la clasificación para Los Ángeles 2028, que arranca este curso.

Cómo Rusia recuperó su sitio en el IPC

La decisión de fondo se tomó el 27 de septiembre de 2025, en la Asamblea General del IPC celebrada en Seúl. Sus miembros —comités nacionales, federaciones internacionales y organizaciones deportivas— votaron en contra de mantener las suspensiones parciales que pesaban sobre Rusia y Bielorrusia desde 2023, tras la invasión de Ucrania.

El respaldo fue ajustado y sin unanimidad, y la asamblea votó dos veces sobre cada país. Con Rusia rechazó primero la suspensión total, por 111-55 y once abstenciones, y después la parcial, por 91-77 con ocho abstenciones. Con Bielorrusia repitió el esquema: 119-48 la total y 103-63 la parcial.

Con esos números, ambos comités recuperaron de golpe todos sus derechos como miembros de pleno derecho del movimiento paralímpico internacional.

En la misma jornada, el brasileño Andrew Parsons fue reelegido presidente del IPC para un tercer y último mandato, por 109 votos contra los 68 del surcoreano Dong Hyun Bae, su único rival. Desde entonces ha repetido un argumento que marca todo el proceso: la votación fue soberana y ni él ni la junta pueden revertirla.

Milano-Cortina, el primer símbolo visible

Los Juegos Paralímpicos de invierno arrancaron el 6 de marzo de 2026 en el Arena di Verona. Por primera vez desde Sochi 2014, la bandera rusa volvió a desfilar en una cita paralímpica, en una edición que además conmemoraba el 50 aniversario de estos Juegos de invierno.

Sobre la nieve compitieron seis deportistas rusos y cuatro bielorrusos, todos en disciplinas de esquí. La paraesquiadora Varvara Voronchikhina ganó el supergigante el 9 de marzo e hizo sonar el himno ruso en unos Juegos, algo que no sucedía desde aquel Sochi 2014 en el que Rusia ejerció de anfitriona.

La reacción política fue inmediata y ruidosa. Ucrania boicoteó la ceremonia de apertura, y a su gesto se sumaron cerca de una docena de países —entre ellos Chequia, Letonia, Finlandia o Polonia—. El comisario europeo de Deportes tampoco quiso aparecer en la ceremonia de Verona.

Semanas antes, 33 ministros de Deportes y la Comisión Europea habían firmado una condena conjunta. Le pedían al IPC que aclarara qué implicaba su decisión más allá de Milano-Cortina y reclamaban a las federaciones internacionales mantener la línea del COI, que sí conserva intactas sus sanciones a Rusia.

El aviso de octubre: sobre el papel sí, en la práctica no

Entre la votación y la nieve hubo un paso que lo explica todo. El 23 de octubre de 2025 el IPC publicó que las cuatro federaciones con deportes en el programa de Milano-Cortina —FIS, IBU, World Curling y World Para Ice Hockey— le habían confirmado que, en la práctica, era improbable que ningún deportista ruso o bielorruso lograra clasificarse.

El consejo de la FIS había votado dos días antes no facilitar su participación en las pruebas clasificatorias, la IBU mantenía suspendidas a las federaciones rusa y bielorrusa desde 2022 y el curling arrastraba la exclusión hasta el final de la temporada 2024-25. Readmitidos de pleno derecho y sin puerta de entrada: esa es la contradicción que heredó la cita italiana.

El nudo de las federaciones y el TAS

Que el IPC readmitiera a Rusia no bastaba para llevar atletas a la nieve. Cada deporte lo gobierna su federación internacional, y varias mantenían su propio veto: la FIS, que rige el esquí, resolvió el 21 de octubre de 2025 no facilitar la participación de estos deportistas ni siquiera como neutrales.

El giro llegó desde el Tribunal de Arbitraje Deportivo. El 2 de diciembre de 2025, el TAS estimó en parte los recursos de las federaciones de esquí rusa y bielorrusa y concluyó que un veto general por nacionalidad era discriminatorio y contrario a los propios estatutos de la FIS, obligados a la neutralidad política.

El caso de los paradeportistas tuvo un matiz decisivo. Como el IPC no era parte en el litigio y carecía de un marco de neutralidad propio, el TAS resolvió que los pararrusos compitieran en igualdad con el resto, sin la figura de atleta neutral que sí ampara y limita a la vez a los olímpicos.

Con el camino ya despejado, el IPC cerró el reparto el 17 de febrero de 2026: diez plazas combinadas otorgadas por invitación, y no ganadas en la pista. Rusia recibió seis —repartidas entre esquí alpino, esquí de fondo y snowboard— y Bielorrusia cuatro, todas ellas concentradas en el esquí de fondo.

Por qué el problema real es Los Ángeles 2028

El Comité Paralímpico Europeo lo había advertido sin rodeos. Reconocía que, en la práctica, ningún ruso o bielorruso llegaba a tiempo de clasificarse para Milano-Cortina, pero avisaba de que el verdadero campo de batalla llegaría después, con la carrera hacia Los Ángeles 2028 ya en marcha.

Esa clasificación se disputa a lo largo de este curso, federación por federación, y ahí Rusia sí puede sumar. En varios deportes de equipo ya volvió a ser admitida, aunque su propio comité reconoce que reunir todos los requisitos para 2028 sigue siendo un proceso lento y complejo.

El efecto ya se palpa en Europa. Países Bajos renunció a organizar el Campeonato de Europa de natación paralímpica, precisamente por ser una prueba del itinerario clasificatorio hacia 2028: acogerlo obligaba a admitir a rusos y bielorrusos compitiendo bajo su propia bandera nacional, y su federación prefirió dar un paso atrás antes que asumirlo.

España, del voto en contra a la impotencia

España no ha sido ajena a esta polémica. El Comité Paralímpico Español votó en la Asamblea contra el regreso de Rusia y Bielorrusia con sus símbolos, según confirmó desde Cortina su responsable de comunicación, Isabel Domínguez, en declaraciones a la prensa española.

Su capacidad de maniobra, sin embargo, es nula. La dirección del CPE admite que no puede alterar una decisión tomada por mayoría dentro del IPC, que es además el organismo que gobierna de forma directa la natación y el atletismo paralímpicos, los dos deportes con más peso.

Ahí aparece el interés español de fondo. La natación y el atletismo son las dos grandes canteras del paralimpismo nacional, y cualquier reparto de plazas para 2028 en esas disciplinas volverá a decidirse con Rusia dentro del sistema, compitiendo por los mismos cupos que los españoles.

Parsons lo ha resumido sin margen para la duda: no habrá marcha atrás. La incógnita que sigue viva no es si Rusia estará en Los Ángeles, sino en qué condiciones y con qué símbolos lo hará cuando el calendario de la clasificación empiece a apretar de verdad.