El Real Madrid ganó al Valencia (0-3) en su última visita al actual Mestalla y encadena ocho victorias consecutivas por primera vez desde 2022. Valverde volvió a desatascar el partido y Güler y Bellingham dirigieron a un equipo que terminó imponiendo su superioridad.

La última visita del Madrid a un Mestalla de otra época

Había algo de despedida en el ambiente. El último Valencia-Real Madrid en el actual Mestalla, un estadio acostumbrado a convertir este enfrentamiento en una batalla de alta tensión, terminó siendo una demostración de superioridad blanca. Porque hubo intensidad, disputas y protestas, como casi siempre, pero también una diferencia futbolística difícil de disimular. El Madrid de Mourinho supo interpretar un partido que el Valencia de Javier Aguirre apenas consiguió discutir.

El técnico mexicano repitió los nombres del Camp Nou, pero modificó el dibujo. La doble punta Danjuma-Sadiq, aparentemente la fórmula que mejor encaja con su plantilla, quedó acompañada por una defensa de cinco, con Pepelu, Tárrega y De Haas como centrales. Guido ejercía de ancla y Guerra y Mayol tenían la misión de estirar al equipo por los pasillos interiores. Un 5-3-2 concebido para cerrar espacios, acumular piernas y salir al contragolpe. Fútbol de bloque bajo y transición. Sin ambages.

El Madrid aceptó el desafío territorial. Se instaló en campo contrario, activó una presión tras pérdida cada vez más reconocible y asumió toda la iniciativa. Pero rodear el área no siempre significa encontrar la puerta de entrada. Durante el primer cuarto de hora, los blancos buscaron casi por instinto a Diomande para romper desde el regate, una señal del crecimiento del marfileño y de la confianza que empieza a despertar entre sus compañeros.

El Valencia, mientras tanto, apenas encontraba oxígeno. Su mejor oportunidad nació precisamente de un error rival: en el 19′, Tchouaméni controló mal de espaldas y Mayol, atentísimo, le robó la cartera antes de encontrarse con la respuesta habitual de los adversarios del Real Madrid: Thibaut Courtois. Una ocasión aislada en un encuentro que los locales no conseguían llevar hacia donde necesitaban.

Otro ‘valverdazo’ para abrir la veda

Y apareció Fede. En el 26′, Maffeo derribó a Mbappé en la media luna del área, en una acción por la que el Madrid reclamó un castigo mayor. El francés ejecutó la falta, el balón golpeó en la barrera y terminó llegando, como atraído por un imán, a Valverde. Casualidad, desde luego, no parece. Tres días después de su decisiva aparición en Atenas, el uruguayo volvió a rescatar a los suyos con un disparo raso y cruzado que hizo inútil la estirada de Dimitrievski.

Otro ‘valverdazo’. Otra solución cuando el partido apretaba. Y quizá, si sigue lanzando cohetes de semejante calibre, hasta termine pareciéndole mejor jugar de lateral. El uruguayo ya había sido determinante en el sufrido triunfo europeo ante el AEK y volvió a demostrar que su influencia trasciende la posición desde la que parte.

El Valencia acusó el golpe. Su estructura, diseñada para resistir, empezó a conceder espacios y el Madrid encontró mayor fluidez. En el 36′, una pérdida local permitió a Bellingham alcanzar la línea de fondo por la izquierda y servir atrás para Güler, cuyo remate terminó en la red tras un toque desafortunado de Tárrega. El partido había dejado de reclamar a Diomande para convertirse en territorio de Bellingham y Güler.

Y ahí empezó a reconocerse a un Madrid que parece haber encontrado una solución tan evidente como largamente postergada: abandonar el doble pivote destructor para rodear a sus atacantes de futbolistas capaces de pensar, conducir y asociarse. El equipo de Mourinho empieza a fluir entre la tensión competitiva y una calidad técnica que antes parecía demasiado encorsetada.

El Valencia cambia de dibujo, pero no encuentra respuestas

Javier Aguirre necesitaba intervenir y lo hizo al descanso. Retiró a De Haas, introdujo a Rioja y recuperó una línea de cuatro, con Mayol acompañando a Guido, Guerra por delante y Danjuma desplazado a la izquierda. El 4-2-3-1 permitió equilibrar algo mejor los espacios, pero no modificó la sensación de inferioridad futbolística.

El ritmo descendió, aunque el Madrid siguió gobernando. Bellingham dejó conducciones de enorme calidad, Mbappé intentó una chilena y Aguirre sustituyó a Sadiq por Aimar sin alterar el dibujo. Pieza por pieza y a seguir. A seguir hacia la nada. El Valencia cambiaba nombres, pero continuaba sin encontrar argumentos para incomodar a los blancos.

Danjuma, dentro de su particular caos y pese a los pitos de su propia afición, era quien conservaba algo de punch. En el 67′, un buen pase filtrado de Javi Guerra le permitió rematar con la zurda, aunque el disparo salió mordido. Fue una excepción en una segunda mitad de dominio visitante. El Madrid apenas sufrió y transmitió en todo momento la sensación de que el tercer gol estaba mucho más cerca que una reacción valencianista.

Güler, un futbolista al que los galones le sientan de fábula

El encuentro se interrumpió brevemente en el minuto 70 por una urgencia sanitaria en la grada, que obligó a intervenir a los servicios médicos del Valencia. Reanudado el juego, llegó la sentencia. En el 75′, Güler se trabajó los preliminares antes de relagar una asistencia esplendorosa: recuperó el balón ante Pepelu, se zafó de su marca, giró y detectó la línea de pase como un sónar. Todo casi en semiautomático, sin necesidad siquiera de mirar, como un sónar.

Mbappé recibió el regalo y resolvió con una frialdad insultante, recortando a Dimitrievski antes de establecer el 0-3. Pero el mérito de la jugada pertenecía en buena medida al turco, un futbolista al que los galones le sientan de maravilla y que empieza a justificar la importancia que reclamaba dentro del sistema blanco.

La roja directa a Gayà en el 79′, tras llegar tardísimo a una entrada sobre Mbappé cuando el francés encaraba casi desde campo propio, terminó de apagar cualquier posibilidad de respuesta. Brahim incluso rozó el cuarto en el descuento. Mestalla, al que el Valencia y el valencianismo empiezan a despedir, asistió a una última visita blanca en la que no hubo discusión futbolística en ningún momento. Síntoma del estado del club… y de su propiedad.

Ocho victorias seguidas y un Madrid que empieza a reconocerse

El Real Madrid encadena ya ocho victorias consecutivas en todas las competiciones, una racha que no conseguía desde septiembre de 2022 (Opta). Más allá del resultado, lo relevante es cómo empieza a ganar: con una estructura cada vez más reconocible, una presión tras pérdida más consistente y futbolistas creativos que encuentran espacios para expresarse.

Mestalla fue el escenario de una nueva demostración. Valverde abrió la veda, Bellingham y Güler pusieron el fútbol y Mbappé cerró la cuenta. El Madrid se despidió del viejo Mestalla como tantas otras veces ha salido de los escenarios más exigentes: encontrando respuestas cuando el partido parecía reclamar algo diferente. Y esta vez, al contrario que hace tres días, sin necesidad de sufrir.