Empezó fuerte el AEK, adelantándose en un partido en el que el Madrid fue por dos veces por detrás en el marcador y en el que tuvo que acelerar para evitar perder puntos de la Champions en Grecia. La ineficacia inicial de los de Mou dio alas a un AEK que a punto estuvo de dar la campanada.

Más control que inspiración

El Real Madrid fue el equipo que impuso su ritmo de principio a fin ante un AEK que en ningún momento quiso controlar el partido. Los de Marko Nikolić tuvieron siempre presente que el partido pasaba por la intensidad y la presión, sabiéndose por debajo del equipo español en cuanto a capacidad productiva.

Es por eso por lo que el gol les dio una ventaja que no supieron mantener desde la calma, pues el Madrid dio siempre la sensación de poder acelerar en cualquier momento y romper la ventaja de los griegos.

Primero, tras el buen gol de Aboubakary Koita en el minuto 12 de juego, encontrando el hueco al primer palo para sorprender a Courtois; y más tarde, cuando volvieron a perforar el arco de Courtois con el gol de Stavro Pilo en el 75′.

El gol de Bellingham en el 32′, tras 20 minutos en desventaja; y el de Mbappé, tras solo tres minutos del 2-1 rival, evidencian que lo que le faltó al Madrid, más que control, fue aptitud para crear peligro sin verse al borde del precipicio en su cuarta jornada europea.

El gol de Fede Valverde, ya en el descuento del encuentro, marca también esa misma realidad, siendo producto de esa prisa que le entra a los madridistas cuando ven que el resultado se les puede escapar.

Deberes por hacer para los de Mou, que dejan algunas dudas en cuanto a productividad más allá de tres puntos. Aunque, eso sí, se sitúan como uno de los pocos equipos que han logrado hasta ahora, tras cuatro jornadas, seguir sumando todos los puntos en juego junto al PSG y a la espera de un Betis que, ante el Dortmund, tratará de seguir en ese selecto grupo de Champions League.

Un AEK mucho más inspirado que en Grecia

Si bien es cierto que el Real Madrid no hizo un mal partido en construcción, pues planteó siempre su idea con control y sentido colectivo, la facilidad del AEK para crear opciones desde la inferioridad fue una de las realidades contra las que Mou no tuvo demasiadas herramientas.

Aumentado su valor por la presencia de una grada dispuesta a ser un factor ante el todopoderoso Madrid en Europa, el AEK de Atenas se aupó con claridad ante un conjunto madrileño que supo hallar el camino de la victoria a pesar de todo. Un partido en el que la insistencia y el orgullo de los atenienses fueron clave para encontrar su posición dentro de las opciones en el duelo.

Valverde vuelve a ser el salvador en medio del caos

En un partido de nuevo gris de Vinícius y con un Diomande de nuevo inspirado como ante el Leipzig y un Bellingham en plenitud como líderes de este Real Madrid más colectivo, el papel de Valverde volvió a ser el esperado, con una contribución reseñable, esta vez desde el banquillo.

El acoso del Real Madrid fue patente, con unos minutos de descuento en los que primero Mbappé, más tarde Brahim y después Endrick, tuvieron opciones para encontrar la vía del gol, que acabó por convertirse en la remontada a través del acierto de Valverde, de nuevo presente en banda y crucial en ataque.

Su contundencia desde la frontal, con un disparo que en este caso no pudo leer Brignoli, acabó por demostrar su facilidad para buscar una salida en medio del caos. El uruguayo, al que Mou le dedicó unas palabras en la previa, volvió a ser capitán por insistencia, liderazgo y, cómo no, también como guía en medio del caos en el que se convirtió el partido en Atenas.

El clavo ardiendo de Carlos Espí

Otra vez recurrió Mou a uno de los efectivos fundamentales del Madrid cuando las cosas pintan mal, pues Carlos Espí volvió a acudir al rescate del equipo merengue que, llegado el descuento, parecía que iba a tratar de potenciar los envíos a zona de remate, no sin antes cargar el área rival de la capacidad del delantero centro español.

Esa intención, ya con jugadores como Endrick o Mbappé en el campo, marca la tendencia de Mourinho de confiar en la clásica jugada de balón colgado al área, confiando en las características de Espí para crear ese punto diferencial y efectividad cuando las cosas se ponen feas.

En esta ocasión, sin embargo, la clave llegó desde la frontal, con un Valverde siempre bien ubicado para sacar rendimiento de su disparo en largo. Otro de los clásicos del Real Madrid en los minutos de descuento para salvar nuevamente los muebles en su competición fetiche.

Jović no fue capaz de marcar, pero sí de asistir

Uno de los nombres más repetidos en la previa fue el de Luka Jović, que volvía a medirse a su exequipo en Grecia tras pasar por muchas y diferentes realidades futbolísticas desde su etapa madridista de 2019 a 2022.

Habiendo pasado por Eintracht, Fiorentina y Milan, el delantero serbio fue esta vez protagonista en el AEK de Atenas por dar la asistencia del primer gol de su equipo ante el Real Madrid de Mourinho.

Muchos años después de despedirse del sueño de triunfar en el primer nivel europeo volvió a ser protagonista en Champions, contra el Real Madrid, equipo donde solo consiguió sumar 51 encuentros, logrando marcar tres goles y regalando cinco asistencias.