Alcaraz está en cuartos del US Open sin haber competido en cuatro meses
Volvió de la tenosinovitis sin gira americana previa y ha ganado cuatro rondas cediendo un set. El martes, Shelton en la Arthur Ashe.
Carlos Alcaraz se ha plantado en los cuartos de final del US Open sin disputar un partido oficial de individuales desde el 14 de abril. Cuatro meses y medio sin competir y cuatro rondas resueltas en Nueva York, la última de ellas ante Tommy Paul por 6-4, 6-3 y 6-4, en el primer duelo del torneo que de verdad le exigía algo.
El campeón defensor llega con una etiqueta que conviene precisar. La inactividad lo ha dejado en el número tres del ranking, aunque en Nueva York juega como segundo cabeza de serie: son dos cosas distintas y las dos importan.
Solo ha cedido un set en todo el cuadro y ha ido subiendo de nivel ronda a ronda. El martes le espera Ben Shelton en la pista Arthur Ashe: el estadounidense más en forma del torneo, el público local en contra y la primera prueba real a su muñeca derecha desde la lesión.
Del abandono en el Godó a la segunda semana de Nueva York
Alcaraz jugó su último partido oficial el 14 de abril en el Godó de Barcelona, y ahí arrancó todo. Una tenosinovitis en la muñeca derecha le costó Roland Garros, Wimbledon y los Masters 1.000 de Canadá y Cincinnati. Anunció su regreso el 20 de agosto, tras 128 días sin jugar.
Del todo en frío no llegó. Antes del cuadro individual jugó el dobles mixto con Serena Williams: ganaron a Erin Routliffe y Lloyd Glasspool y cayeron en cuartos ante Belinda Bencic y Flavio Cobolli. Fue su primera competición en cuatro meses, aunque en un formato que no se parece a un partido de Grand Slam.
Ningún tenista había ganado el US Open sin haber pasado antes por Canadá o Cincinnati desde que existen los Masters 1.000, creados en 1990. Llegó a Nueva York sin torneos previos, con la muñeca vendada «por precaución» y con unas sesiones de entrenamiento de hasta cuatro horas junto al danés Holger Rune, en Murcia, como única puesta a punto.
El cuadro le dio margen para engrasarse: Roman Safiullin (6-4, 6-4 y 6-4), Jaime Faria (4-6, 6-0, 6-3 y 6-2) y Wu Yibing (6-3, 6-4 y 6-1). Cuatro rondas y un set cedido después, firma su quinto cuarto de final en seis participaciones en Nueva York; la de 2023 la resolvió ante Alexander Zverev camino de las semifinales.
Qué le ha sostenido el tenis sin ritmo de partido
Contra Paul, el primer cabeza de serie que se encontró en Flushing Meadows, firmó 33 golpes ganadores y despachó el asunto en 2 horas y 20 minutos. Su derecha manda igual que antes: dejó una cruzada medida en 160 km/h al final del segundo set. El movimiento en pista, el otro pilar de su tenis, tampoco ha pedido permiso para volver.
El único pero lo ha puesto él mismo, y lo repite desde que aterrizó en Nueva York. El saque es su único asterisco: ha perdido velocidad y no ha recuperado el automatismo, un proceso que exige semanas, si no meses, de soltura absoluta en la muñeca. Por eso sigue saltando a la pista con ella vendada.
El resto, en cambio, ya le funciona como arma táctica y no como recurso defensivo. Varía la posición desde la que resta para incomodar al sacador: «Intento que se lo piensen un poco», explicó en Nueva York. Su racha en Grand Slams alcanza los 18 partidos seguidos: no pierde en un grande desde la final de Wimbledon 2025.
Lo que dice Alcaraz de su propio regreso
Sobre la lesión no ha dejado margen a la duda en ningún momento del torneo. La muñeca ya no le duele: «No siento nada, estoy totalmente libre de dolor», soltó tras el estreno ante Safiullin. Con el servicio fue bastante menos rotundo y lo despachó con un lacónico «supongo que volverá».
Cuatro partidos después, el discurso ha cambiado de escala y ya no habla de sensaciones, sino del título. Se siente capaz de ganar el torneo, dijo tras eliminar a Paul, y los números le acompañan: su balance histórico en Flushing Meadows es de 28 victorias y 3 derrotas, con los trofeos de 2022 y 2025 por el camino.
Nada de eso le ha quitado el respeto por lo que queda de cuadro, y ahí aparece la única grieta que admite. Espera un bajón en algún momento del torneo y da por hecho que tendrá que lidiar con él: «Estoy contento por cómo me están saliendo las cosas, aunque sé que tengo mucho que mejorar», resumió.
Shelton, el examen que todavía no ha tenido
El estadounidense, octavo cabeza de serie, es el primer rival del torneo que llega en un estado de forma comparable al suyo. Arrolló a Tsitsipas en tres sets (6-2, 6-3 y 6-4) en apenas 1 hora y 52 minutos, después de haber necesitado cuatro mangas en cada uno de sus tres partidos anteriores, ante Griekspoor, Hurkacz y Shapovalov.
Llega con el Masters 1.000 de Canadá de este verano en el bolsillo y con el servicio como principal argumento: su brazo izquierdo ya rozaba los 240 km/h en 2023, cuando alcanzó las semifinales aquí. Enfrente, sin embargo, acumula tres derrotas en tres duelos con Alcaraz, el último en los octavos de Roland Garros 2025.
El propio Shelton no esconde ni el respeto ni la ambición con la que sale a la Arthur Ashe. «La única manera de ganarle es con un tenis especial», avisó, después de calificar de «sobrehumano» el regreso del murciano. Promete fuegos artificiales el martes y persigue ser el primer campeón local desde Andy Roddick, en 2003.
Un cuadro que se ha vaciado por arriba
El torneo, además, ha ido perdiendo por el camino a casi todos los que debían disputarle el título al español. Ni Sinner ni Djokovic siguen aquí: el italiano renunció antes de empezar por una lesión de rodilla y el serbio cayó en primera ronda ante Mariano Navone. Medvedev, campeón en 2021, se despidió en octavos.
Lo que le queda por delante en su mitad del cuadro es un pasillo de tenis estadounidense de principio a fin. Todos sus rivales posibles son locales: Shelton en cuartos y el ganador del Tiafoe-Michelsen en semifinales. Por arriba solo sobrevive un ilustre, Alexander Zverev, primer cabeza de serie, de cara a la final del domingo 13.
De los últimos 14 grandes que ha jugado, Alcaraz ha llegado como mínimo a cuartos en 13, y ni la lesión ha alterado ese registro. Nadie regresaba así desde Nadal en 2022: es la comparación que se repite estos días en Nueva York para medir lo que está haciendo el murciano en el torneo.
El resto es una incógnita que solo despeja la pista, y en eso el tenis no admite atajos. Va a por su tercer título neoyorquino y el octavo grande de su carrera, a los 23 años. El martes, no antes de las 03:00 de la madrugada en España, se sabrá si el cuerpo aguanta el ritmo que ya lleva su tenis.