Chile, Uruguay y Samoa: el noviembre de Los Leones

España cierra su primera Nations Cup en noviembre ante Chile, Uruguay y Samoa: tres tests en 15 días que deciden el título de grupo de Los Leones.

Charlie Malié, jugador de la selección española de rugby, protesta al árbitro durante un partido ante Rumanía disputado en marzo de 2018.
AP Photo/Olivier Matthys

España afronta en noviembre el tramo decisivo de su primera Nations Cup: tres tests en 15 días ante Chile, Uruguay y Samoa, en casa, con el título de grupo por decidirse en la última jornada.

Tres rivales, 15 días y un grupo por ganar

La segunda ventana de la Nations Cup concentra en apenas dos semanas lo que España se ha jugado todo el año. El XV del León recibe a Chile el 7 de noviembre, a Uruguay el 14 y a Samoa el 21, tres rivales de tres continentes deportivos distintos y ninguno cómodo.

El formato reparte los seis partidos del torneo en dos tandas. En julio, España viajó a América para medirse a Canadá, Tonga y Estados Unidos; en noviembre, el Grupo A ejerce de local y España juega en casa contra los tres rivales del bloque americano y del Pacífico que aún no había visto.

No es un amistoso de relleno. La Nations Cup nació para dar a las selecciones emergentes un calendario estable de test matches, y para la selección española de rugby supone la mejor preparación posible camino del Mundial de Australia 2027, con partidos de verdad ante rivales de su franja.

El nivel real: tres exámenes de distinto signo

Los tres rivales de noviembre comparten una cosa: todos rondan o superan a España en el ranking mundial. Uruguay y Chile llegaban a la Nations Cup en torno a los puestos 15 y 18, y Samoa se coló en el torneo como último clasificado tras ganar la repesca del Mundial. Ninguno es inferior sobre el papel.

Samoa es el examen físico. Es potencia del Pacífico, con jugadores forjados en el rugby profesional del hemisferio sur, y en julio de 2024 ya dejó a España sin premio pese a un buen partido: los españoles cayeron ante Samoa tras competir de tú a tú durante una hora larga.

Uruguay es el examen de la experiencia. Los Teros son la gran referencia del rugby sudamericano, con Mundiales recientes en las piernas y un juego maduro que rara vez se descompone. Para España, medirse a ellos en casa es la prueba más fiable de cuánto ha crecido su generación actual.

Chile es el examen de la ambición ajena. Los Cóndores han crecido a golpe de profesionalización y llegaron al torneo con la etiqueta de selección en alza, decididos a incomodar a cualquiera. Abrir en casa ante ellos el 7 de noviembre marca el tono: un tropiezo inicial dejaría a España contra las cuerdas muy pronto.

Jugar tres tests en 15 días es, además, una prueba de fondo de armario. Ningún equipo repite el mismo XV tres fines de semana seguidos sin pagarlo, y España deberá dosificar a sus internacionales y confiar en su segunda línea de recambios. La gestión del banquillo puede valer tanto como el plan de partido.

El resumen honesto es que España no parte favorita en ninguno, pero tampoco descartada en ninguno. Jugar en casa, con público y sin el desgaste de los viajes de julio, iguala mucho. La diferencia la marcarán los detalles: la disciplina en el placaje y el acierto a palos.

La cuenta que decide el título de grupo

Aquí no hay eliminatorias ni final. La Nations Cup se resuelve por una tabla única: los puntos de los seis partidos, tres de julio y tres de noviembre, se suman, y el primero de cada grupo se proclama campeón a final de noviembre. Dos campeones, uno por bloque, sin duelo entre ellos.

El sistema premia algo más que ganar. Cada victoria vale 4 puntos, con un punto extra por marcar cuatro ensayos o más y otro por caer por siete o menos. Esa mecánica convierte cada partido de noviembre en una oportunidad de sumar de más, incluso en las derrotas ajustadas.

Hay un matiz que agranda la cita: es la primera edición del torneo. Quien gane su grupo este noviembre será campeón inaugural de la Nations Cup, un título que nadie ha levantado todavía y que quedará para siempre como el primero. Para un rugby menor como el español, esos estrenos importan.

En el Grupo A, Georgia parte como gran favorita al título: es la potencia consolidada del bloque europeo y arrancó el torneo lanzada. Para España, el objetivo realista pasa por pelear la segunda plaza y llegar a noviembre con opciones vivas.

Conviene no perder de vista el horizonte. En esta primera edición no hay ascensos ni descensos entre la Nations Cup y el Nations Championship, la primera división donde juegan las potencias, pero el objetivo declarado de World Rugby es abrir esa puerta a partir de 2030. Ganar hoy es construir galones para entonces.

Por eso noviembre no es un trámite. Es el tramo donde España, en casa, puede convertir tres partidos igualados en un puñado de puntos que la acerquen a lo más alto del grupo. La misma generación que selló su billete para Australia 2027 se juega ahora ser algo más que una invitada.

Lo que dice el pasado reciente

El precedente pesa. La última vez que España pisó un Mundial, en 1999, cayó en sus tres partidos, y uno de ellos fue precisamente ante Uruguay (27-15). Reencontrarse con los Teros 27 años después, esta vez en casa y como rival de su nivel, mide el camino recorrido.

Más cerca en el tiempo, la gira por el Pacífico de julio de 2024 fue el punto de inflexión. Allí España firmó una histórica victoria ante Tonga (29-20) y compitió de igual a igual con Samoa. Aquel viaje enseñó que el XV del León ya aguanta a estas selecciones.

Aquella España viajaba entonces a foguearse; esta recibe en casa jugándose un título de grupo. En apenas dos años, el rugby español ha pasado de soñar con clasificarse a discutir de tú a tú a rivales de su franja. Noviembre dirá si ese salto ya es del todo real.