La Liga Endesa 2026-27 arranca el sábado 26 de septiembre con un reglamento distinto al que despidió la temporada pasada. La falta antideportiva desaparece y en su lugar llegan dos categorías nuevas, la disruptiva y la flagrante, además de una técnica partida en dos.

Por qué cambia el reglamento ahora

La reforma no es de la ACB sino de la FIBA, que aprobó una batería de modificaciones que entran en vigor el 1 de octubre de 2026. La Liga Endesa las aplica desde la primera jornada, la del 26 y 27 de septiembre, para que clubes y árbitros no tengan que cambiar de criterio con la competición ya en marcha.

El objetivo declarado es distinguir mejor tres cosas que antes se mezclaban: la falta táctica que corta un contraataque, la conducta impropia y la acción que pone en riesgo físico al rival. Hasta ahora las tres podían acabar bajo la misma etiqueta de antideportiva, con el mismo castigo y el mismo peso en el acta.

El Departamento Arbitral de la ACB preparó la temporada con los colegiados y explicó la aplicación a los clubes. Cada plantilla recibe además la visita de un árbitro de la Liga Endesa durante la semana previa al arranque, según informó la propia competición.

La falta disruptiva: el castigo a la falta táctica

La primera categoría nueva es la falta disruptiva. Es la que comete un defensor para detener una transición sin opción real de jugar el balón, pero sin agresividad ni violencia. El ejemplo más claro es el agarrón a un rival que sale solo al contraataque cuando el defensor ya no llega a la pelota.

También entran en esta categoría las faltas de los últimos segundos de un cuarto o de una prórroga que se hacen claramente para parar el reloj, sin ninguna intención de disputar el balón. Es una práctica habitual en los finales ajustados y hasta ahora se sancionaba de forma desigual.

El castigo se mantiene: dos tiros libres y posesión para el equipo rival. La diferencia está en el acta. La falta disruptiva no cuenta para la descalificación del jugador, porque el reglamento entiende que es una infracción táctica y no un problema de conducta.

La falta flagrante: el contacto que va más allá

La segunda categoría es la falta flagrante, reservada para los contactos que exceden lo que se considera normal en el baloncesto. Son las acciones temerarias, violentas o con riesgo de lesión, se jueguen con balón o sin él. Aquí está el núcleo de lo que antes se consideraba antideportiva grave.

La penalización también es de dos tiros libres y posesión, pero con una consecuencia más: la flagrante sí computa para la expulsión. Un jugador queda descalificado al acumular dos faltas flagrantes, una flagrante y una técnica de primera categoría, o dos técnicas de primera categoría.

La separación tiene una lógica deportiva. Con el sistema anterior, un jugador podía cargarse de antideportivas tácticas y quedar a un paso de la expulsión sin haber cometido ninguna acción peligrosa. Ahora solo pesan en esa cuenta las faltas que de verdad ponen en riesgo al rival.

Las técnicas se dividen en dos categorías

La falta técnica también cambia. La técnica de categoría 1 agrupa las infracciones de conducta de jugadores y entrenadores: el trato irrespetuoso, las burlas, las provocaciones, el lenguaje ofensivo o la actitud desafiante. Estas sí cuentan para la descalificación.

Hay una novedad dentro de este grupo. Si dos jugadores se enfrentan con contacto entre ellos y ese contacto no llega al nivel de flagrante o descalificante, se podrá sancionar con técnica de categoría 1. Es una herramienta intermedia para los rifirrafes que antes quedaban en tierra de nadie.

La técnica de categoría 2 tiene un carácter administrativo y solo se aplica a jugadores. Entra aquí retrasar el juego en un saque, colgarse del aro sin motivo, incorporarse tarde a la pista al inicio de una parte o tocar el balón en el último tiro libre antes de que llegue al aro. Estas técnicas no cuentan para la expulsión.

Cuándo empieza la acción de tiro

El otro gran cambio no tiene que ver con las faltas sino con el momento exacto en que un jugador está lanzando. La decisión es importante porque separa una falta que se castiga con tiros libres de otra que acaba en saque de banda.

El nuevo texto define con más precisión cuándo comienza la acción de tiro, tanto en las penetraciones como en los lanzamientos en suspensión. En un movimiento continuo entre la línea de 6,75 y la canasta, la falta contará como acción de tiro cuando el atacante tenga el balón en la mano o controlado con las dos.

Hay además un requisito de posición: para que exista acción de tiro, el jugador debe haber cruzado el medio campo con los dos pies y con el balón por delante. La excepción son los lanzamientos de final de posesión, que pueden considerarse acción de tiro desde cualquier punto de la pista.

Más vídeo en los finales

La reforma de la FIBA también amplía el uso del Instant Replay en los minutos decisivos. En los dos últimos minutos del cuarto periodo y de las prórrogas, los árbitros podrán revisar si el balón había salido de las manos del jugador que sacaba cuando se señaló una falta.

El challenge del entrenador principal gana supuestos de revisión: las interposiciones y los goaltendings, la clasificación de una falta, la identificación del lanzador de los tiros libres y algunos errores corregibles. Los banquillos tendrán así más margen para pedir que se revise una decisión concreta.

Qué se nota en la pista desde la jornada 1

Los cambios obligan también a modificar las señales oficiales de los árbitros y la forma de registrar las infracciones en el acta, con abreviaturas nuevas para las faltas disruptivas, las flagrantes y las dos categorías de técnicas. El aficionado verá gestos que no conocía.

Para los equipos, el efecto más inmediato está en los finales ajustados. La falta para parar el reloj ya tiene nombre propio y un castigo explícito, lo que puede cambiar la gestión de los últimos segundos. El baloncesto FIBA sigue así el camino de una clasificación de faltas que llevaba años pidiendo matices.

La Liga Endesa aplica el nuevo texto desde su primera jornada, y el resto de torneos bajo reglamento FIBA lo harán a partir del 1 de octubre. Las dudas se resolverán con los primeros partidos, cuando árbitros, jugadores y entrenadores tengan que interpretar en directo las nuevas categorías.