Ganar a Tonga ya no es una hazaña para España
España ganó 32-19 a Tonga en la Nations Cup. Hace dos años habría sido una gesta; ahora es lo mínimo que se le pide a Los Leones.
España derrotó a Tonga por 32-19 el 11 de julio en Edmonton. El marcador apenas sorprendió, y esa ausencia de sorpresa mide el salto del rugby español mejor que ningún otro dato.
El día que ganar a Tonga dejó de ser noticia
El Clarke Stadium de Edmonton amaneció con lluvia y el árbitro retrasó el pitido inicial. Cuando por fin arrancó, España impuso su plan desde el minuto 7, con un golpe de castigo de Gonzalo López Bontempo, y controló la posesión y el territorio ante los isleños del Pacífico.
Los Leones dominaron las áreas clave y neutralizaron el juego de continuidad de los isleños, su arma más temible. La delantera española ganó la batalla territorial y el pie certero convirtió cada oportunidad, mientras Tonga solo encontró premio en arranques aislados de pura potencia.
Tonga respondió, como siempre responde, con físico y verticalidad: el capitán Sonatane Takulua rompió la defensa española en el minuto 21 para su primer ensayo. Pero el guion no se torció. España sumó por fases, castigó cada indisciplina rival y cerró un 32-19 sin sobresaltos.
Cuando el mismo rival era una montaña en 2024
Para medir el cambio hay que volver dos años atrás. El 19 de julio de 2024, España venció por primera vez a Tonga, un 20-29 en Nuku’alofa que fue su estreno ganador ante el Pacífico. Aquello se celebró como una gesta.
Antes de aquel día, el historial era una losa. El 12 de noviembre de 2016 Tonga se impuso 13-28 en Madrid, y el 5 de noviembre de 2022 arrasó por 6-40 en Málaga. Dos derrotas sin paliativos resumían la distancia real entre ambos combinados.
El salto que explica el marcador
La diferencia entre 2024 y 2026 no está en el rival, sino en España. Tonga sigue siendo una selección Tier 2 dura, física y con jugadores curtidos en el Super Rugby. Lo que ha cambiado es que ganarle ya entra en el plan, no en el sueño.
Esa es la verdadera noticia: la normalidad. Un resultado que en 2016 o 2022 habría sido impensable, y que en 2024 fue celebrado como hito, en 2026 se ha convertido en el mínimo exigible a Los Leones. Pocas cosas retratan mejor el ascenso de una selección.
El proyecto de Pablo Bouza, seleccionador argentino que asumió el cargo en noviembre de 2023, ha llevado al rugby español a su mejor momento histórico. La segunda victoria seguida ante Tonga confirma una tendencia, no un golpe de suerte.
El síntoma más claro está en la reacción mediática. En 2024 los titulares hablaban de hazaña y de ascenso en el ranking; en 2026, la prensa española calificó el 32-19 de triunfo solvente y esperado. El adjetivo lo dice todo sobre el nuevo listón.
Los números respaldan la sensación. España se mueve en torno al puesto 16 del ranking de World Rugby, muy cerca de las selecciones del Pacífico a las que antes miraba desde abajo. La distancia con Tonga, otrora abismal, se ha reducido casi hasta desaparecer.
El dato que refuerza la lectura es la rotación. Bouza introdujo seis cambios respecto al empate con Canadá y dio galones a nuevos nombres, como el capitán Álvaro García. Que España gane rotando el once titular habla de un fondo de armario impensable hace un lustro.
Una selección reconstruida desde los despachos
Detrás de esta España hay una historia de reconstrucción. El equipo se quedó fuera de los Mundiales de 2019 y 2023 por alineaciones indebidas, dos golpes en los despachos que obligaron a empezar casi de cero. Bouza levantó el proyecto sobre un relevo generacional profundo.
Conviene situar el torneo. La Nations Cup 2026 es la primera edición de una competición de World Rugby para selecciones Tier 2, que se disputa en paralelo al Nations Championship de las grandes potencias. Nació como banco de pruebas rumbo a 2027 y reparte a los equipos en dos grupos.
Aquella gira de 2024 fue el punto de inflexión. Días antes de batir a Tonga, España había rozado el triunfo ante Samoa y dejó grandes sensaciones pese a la derrota. Ese bloque de verano cimentó la confianza del grupo antes del asalto al Mundial.
Rumbo a Australia, con deberes pendientes
La victoria no llega aislada. España abrió esta Nations Cup con un empate a 42 ante Canadá, la anfitriona, el 4 de julio. El triunfo sobre Tonga fue el segundo asalto de una gira pensada como preparación de máxima exigencia antes del Mundial.
El horizonte tiene nombre y fecha: la Copa del Mundo de Australia 2027, que España jugará tras clasificarse en febrero de 2025. Será su segundo Mundial, 28 años después del único previo, disputado en Gales en 1999. El regreso pesa como un símbolo.
En Australia, el sorteo colocó a los de Bouza en el Grupo C, con Argentina, Fiyi y Canadá. El duelo ante los canadienses aparece marcado en rojo: será el más asequible y, probablemente, la llave para soñar con octavos en un torneo de 24 selecciones.
Cada partido de este calibre tiene un valor doble. Sirve para ganar y, sobre todo, para acostumbrarse a competir lejos de casa ante rivales incómodos, el escenario exacto que espera en Australia. España ya no viaja a aprender, viaja a puntuar.
Queda por delante margen y también dudas. En la tercera jornada, el 18 de julio, España cayó 29-22 ante Estados Unidos en Carolina del Norte, un recordatorio de que el escalón Tier 1 sigue lejos. La indisciplina, ese viejo lastre, volvió a costar puntos.
Ahí está la mejor señal del rugby español: una victoria ante Tonga ya no llena portadas ni dispara la euforia. Se ha vuelto rutina, y la rutina, en el deporte, es la prueba más fiable del crecimiento.