Sami Pajari, el quinto ganador de Toyota en nueve carreras
Pajari gana en Estonia su primer rally del Mundial y Toyota logra el pleno de cinco ganadores distintos, mientras España sigue sin Rally1 fijo.
El Rally de Estonia dejó el 19 de julio una imagen que retrata a Toyota mejor que cualquier balance de mitad de temporada. Sami Pajari, finlandés de 24 años, ganó su primer rally del Mundial dominando de principio a fin y convirtió a la escudería japonesa en la primera capaz de alinear cinco pilotos distintos ya ganadores en apenas nueve citas.
El dato dice menos de una carrera concreta que de un fondo de armario tan hondo que permite a la marca preparar, sin urgencias, el relevo de Sébastien Ogier. Y deja al descubierto la distancia con otras escenas del rallismo europeo que no tienen ni un solo asiento fijo en la categoría reina.
Una escudería con demasiados ganadores
La estadística que sostiene el titular es sencilla y a la vez insólita. En 2026, los cinco pilotos del Toyota Gazoo Racing World Rally Team —Elfyn Evans, Takamoto Katsuta, Sébastien Ogier, Oliver Solberg y el propio Pajari— han ganado al menos una prueba, y todos antes de que el campeonato cruzara su ecuador.
Ningún equipo repartió tantas victorias internas con semejante rapidez, y la marca acumula ya ocho triunfos en nueve rondas con el GR Yaris Rally1, la máquina que sigue mandando en cualquier superficie. La cifra lo convierte en un caso raro dentro del automovilismo, donde lo normal es que dos pilotos concentren los focos.
Pajari era, hasta Estonia, la pieza que faltaba en ese rompecabezas. Campeón del WRC2 en 2024 y ascendido al Rally1 poco después, el de Lahti había firmado cinco podios en las ocho pruebas previas sin terminar de romper. Una leyenda como Juha Kankkunen llegó a lanzarle un aviso público tras sus salidas de carretera en el Monte-Carlo.
El estreno silencia esas dudas y completa un ciclo que la marca gestiona con una tranquilidad envidiable: fabrica ganadores sin descomponer su jerarquía interna. Nadie perdió su sitio para que el finlandés ganara; simplemente le llegó el turno.
Un dominio sin fisuras en el Báltico
En pista, el finlandés no dejó espacio a la interpretación. Ganó los siete tramos del viernes, encadenó las nueve primeras especiales de la prueba y se apuntó 12 de las 18 del fin de semana sobre los rapidísimos caminos de tierra estonios.
Es un escenario boscoso y de velocidad extrema en el que apenas hay curvas donde marcar diferencias. Impuso su ritmo desde el primer kilómetro y solo su compañero Oliver Solberg, ganador allí un año antes, logró inquietarlo en la mañana del sábado, cuando le cortó una racha larguísima.
Cuando Solberg recortó hasta poco más de 14 segundos, Pajari respondió con un acelerón que devolvió su ventaja a los 25 segundos antes del domingo. La lluvia amenazó con alterar la última jornada, pero el líder administró la renta sin un sobresalto para cerrar con 19,5 segundos sobre el sueco.
Una victoria construida sin un solo error, la número 83 de un piloto diferente en la historia del Mundial. Es también la tercera vez que un talento de Toyota estrena palmarés precisamente en Estonia, después de Kalle Rovanperä en 2021 y del propio Solberg en 2025.
El relevo que descomprime a Ogier
El triunfo reordena también la clasificación general. Pajari sube al tercer puesto con 144 puntos y se cuela en una pelea por el título en la que Toyota tiene a sus cinco pilotos separados por apenas 47 puntos, cuando restan cinco rallies para el desenlace.
El campeonato se juega dentro del equipo, con Evans al frente por delante de Katsuta, mientras la marca ha estirado su ventaja hasta los 156 puntos en el Mundial de constructores. La conclusión es incómoda para el resto: los rivales pueden pelear entre ellos, pero el coche a batir siempre es el mismo.
En ese cuadro, la lectura más jugosa mira a Sébastien Ogier. El ocho veces campeón disputa temporadas parciales desde hace años y en Estonia firmó un discreto quinto puesto, su primera visita a la prueba desde 2021.
Su banquillo tapa cualquier adiós inmediato: el fondo es tan profundo que la retirada progresiva del francés no abre ningún vacío deportivo, algo que muy pocos equipos recientes han podido decir. El relevo generacional, que en otras estructuras se vive como un salto al vacío, en Toyota es casi un trámite.
Finlandia, la continuación natural de la historia
La secuencia no podía encadenarse mejor. Apenas 11 días después de Estonia, el Mundial afronta del 30 de julio al 2 de agosto el Rally de Finlandia, la cita más veloz del calendario y la carrera de casa de Pajari, criado junto a los lagos que dan nombre a esos tramos.
Ningún finlandés joven esconde esa ambición: ganar en su país es, para un piloto formado entre esos bosques, el sueño que ordena toda una carrera, el mismo que persiguió Rovanperä antes de convertirlo en costumbre.
Conviene, eso sí, medir las expectativas antes de que se dispute la prueba. Pajari llega lanzado, pero la general la mandan Evans y Katsuta, y la velocidad de los tramos finlandeses castiga cualquier exceso de confianza.
El estreno no garantiza una segunda victoria, aunque sí lo instala de forma definitiva entre los hombres a seguir en la recta final del curso. Sea cual sea el resultado en su tierra, el finlandés ya ha cambiado la conversación sobre su techo.
El espejo español, en otra categoría
Visto desde España, el ascenso de Pajari funciona como contrapunto. El Mundial no tiene hoy a ningún español fijo en Rally1: Dani Sordo disputa alguna cita suelta con Hyundai y el grueso del talento nacional compite un escalón por debajo, en el WRC2.
La exigencia de esa categoría es alta, pero los focos son otros. España carece de un asiento estable arriba, justo en el momento en que Toyota se permite el lujo de tener cinco y de repartirlos entre distintos vencedores sin que se resienta el conjunto.
Ahí están Alejandro Cachón y Jan Solans, que se han ganado continuidad en la segunda categoría y miran de reojo al reglamento de 2027, pensado para acercar los Rally2 a los Rally1 y abrir una rendija hacia la élite.
La Federación, junto a RMC, ya trabaja en un proyecto para devolver a un piloto español a la máxima categoría. El salto de Pajari marca la distancia que separa a un vivero consolidado, capaz de encadenar ganadores, de otro que pelea por reservar un solo billete de vuelta.