Alberto Ginés ya gana: el oro que le faltaba y el que persigue
Ginés rompió su maleficio en Chamonix con un 39+ y pelea por revalidar la Copa del Mundo de dificultad. Koper, el escenario de septiembre.
El primer campeón olímpico de la historia de la escalada llevaba años arrastrando una anomalía difícil de explicar. Alberto Ginés había ganado la Copa del Mundo de dificultad en 2025 sin imponerse en una sola prueba.
Acumulaba un puñado de platas y bronces sin un solo oro parcial. El 12 de julio, en Chamonix, el cacereño rompió por fin ese maleficio con un 39+.
Ahora, segundo en la general y a 220 puntos del japonés Neo Suzuki, le quedan dos citas, Koper y Santiago de Chile, para revalidar un título que en 2025 selló, precisamente, sobre las paredes eslovenas.
La regularidad de un campeón sin triunfos
La carrera de Ginés se explica mejor por la constancia que por los golpes de efecto. El cacereño, de 23 años, había hecho historia en Tokio 2020, cuando se convirtió en el primer campeón olímpico de la escalada al ganar el oro de la combinada en el estreno del deporte en unos Juegos.
En 2025 subió al podio en todas las pruebas de dificultad del circuito y se llevó la general sin ganar ni una sola cita, un caso rarísimo en un deporte donde el título suele caer del lado de quien firma las victorias más sonadas.
Aquella regularidad, que le valió el trofeo, escondía sin embargo un vacío incómodo en su vitrina y una etiqueta que empezaba a pesarle.
El detalle numérico lo resume todo. Antes de Chamonix, el extremeño había reunido en la Copa del Mundo de dificultad hasta seis platas y cinco bronces, con el escalón más alto siempre esquivo.
Esta misma temporada ya se había quedado dos veces a las puertas, con sendos segundos puestos en Wujiang (China) e Innsbruck (Austria), superado en ambas por el propio Suzuki. Un tropiezo en Praga, donde fue 12º y se cayó de la final, había sido el único borrón de un curso por lo demás muy sólido.
Chamonix, el templo que se le resistía
El desenlace llegó en uno de los escenarios más simbólicos del calendario. Chamonix, con su muro artificial recortado contra el Mont Blanc, es una de las catedrales de este deporte, y allí Ginés escaló con una seguridad que no dejó margen a la duda.
Accedió a la final desde el tercer puesto de las semifinales y, ante un público entregado, firmó un 39+ que ningún otro finalista fue capaz de igualar en la vía decisiva.
El podio lo completaron el esloveno Luka Potocar y el indonesio Putra Tri Ramadani, ambos con un 38+, a una presa del español.
La imagen de las lágrimas de Ginés antes de subir al cajón más alto resumía siete años persiguiendo esa victoria: era su primer oro parcial desde que irrumpiera en la élite, y llegaba tras una trayectoria repleta de finales y podios pero huérfana de triunfos. El campeón olímpico admitió después que había llegado a dudar de si volvería a ganar.
Un cambio de aires antes del oro
La victoria no fue un golpe de suerte, sino que coincidió con un giro profundo en su día a día. Pocos días antes de Chamonix, Ginés anunció que dejaba el CAR de Sant Cugat y a David Macià, el entrenador que le había forjado durante 13 años, para instalarse en Eslovenia.
La cita francesa fue, de hecho, su estreno bajo la nueva tutela, un debut con mucha carga simbólica.
Su nuevo técnico es Roman Krajnik, el hombre que dirige a Janja Garnbret, la escaladora más dominante del planeta y doble campeona olímpica. Que el extremeño ganara en su primera competición dentro de ese grupo alimenta la lectura de un salto madurativo, más que la de un simple cambio de sede. La apuesta era arriesgada y la respuesta, inmediata, difícilmente pudo ser más rotunda.
La pelea a dos por la general
Con el oro de Chamonix, las cuentas de la general dieron un vuelco. Ginés escaló hasta la segunda plaza con 2.910 puntos y estrechó el margen con Suzuki, que sigue líder con 3.130 pese a no pasar de la 11ª posición en Francia.
Son 220 puntos de diferencia, una brecha aún reversible en septiembre, cuando solo restan dos pruebas en el circuito de dificultad.
La matemática invita al optimismo sin garantizar nada. Una victoria vale bastantes más puntos que un segundo puesto, de modo que un par de podios altos en las dos citas finales bastarían para darle la vuelta a la clasificación.
Suzuki, por su parte, sostiene una ventaja que no le permite relajarse, y ese margen puede estrecharse o ensancharse en cada intento sobre la pared. El japonés ha sido el gran muro del extremeño esta temporada, el rival que le arrebató las dos platas previas, y tendrá enfrente a un Ginés reforzado por la moral de su primer oro.
Koper y Santiago, el desenlace pendiente
El calendario coloca a Ginés ante un guion con resonancias. La penúltima cita de dificultad se disputa en Koper (Eslovenia), los días 4 y 5 de septiembre, y es el mismo escenario donde selló 2025.
Allí, hace un año, un segundo puesto le bastó para amarrar la general y encarrilar de forma inmejorable el nuevo ciclo olímpico rumbo a Los Ángeles 2028. El circuito cerrará después en Santiago de Chile, ya en octubre, con el título todavía en juego y las cuentas abiertas hasta el último intento.
Sea cual sea el resultado en Eslovenia, la temporada ya ha cambiado de color para el cacereño. Ha pasado de ser el campeón sin victorias a un aspirante con oro y candidatura viva, y lo ha hecho estrenando entrenador, país de residencia y, quizá, una versión más resuelta de sí mismo.
Koper dirá si la vieja anomalía se transforma, esta vez, en un título revalidado con un triunfo por bandera.