El COI congela los Juegos de la Juventud justo cuando Dakar los estrena en África
La elección de la sede de 2030 está parada y solo quedan dos ediciones garantizadas. Coventry admite que el COI aún no sabe qué quiere que sea este evento.
El 31 de octubre, Dakar abre los primeros Juegos Olímpicos que se celebran en África. Y lo hace en un momento raro: el COI acaba de congelar la siguiente sede de esos mismos Juegos de la Juventud.
No es una cancelación ni un aplazamiento. Es algo más incómodo de explicar: el organismo ha parado la adjudicación de 2030 mientras decide, con calma, para qué sirve exactamente el evento que organiza desde 2010.
Qué ha congelado exactamente
La decisión salió de la Junta Ejecutiva y fue unánime. El detonante fue una consulta a los comités olímpicos nacionales y a las federaciones internacionales, a los que se preguntó si los Juegos de la Juventud funcionan de verdad como vía de desarrollo. Los resultados, dice el propio COI, fueron «no concluyentes».
Y había tres ciudades esperando. Asunción, Bangkok y Santiago de Chile llevaban desde diciembre en diálogo dirigido, con la elección prevista para la Sesión del 24 y 25 de junio. La parada llegó semanas antes, con el proceso entero ya recorrido.
Con esa consulta sobre la mesa, la Junta decidió parar el proceso de elección de sede para 2030 y dedicar ese tiempo a reflexionar sobre los objetivos de fondo de la cita y a construir una estrategia olímpica de juventud que hoy no existe como tal.
Lo que sí sigue en pie está acotado y dicho por escrito. El COI se declara plenamente comprometido con Dakar 2026 y con los Juegos de Invierno de la Juventud de 2028 en Dolomiti Valtellina, en Italia. Después de esa fecha, el calendario está vacío.
Coventry lo dijo con todas las letras
La presidenta no se escondió detrás del comunicado. «Estamos plenamente comprometidos con los Juegos de la Juventud de Dakar y con los de 2028 en Italia», explicó Kirsty Coventry, «y seguiremos trabajando con ellos».
El resto de la frase es la que importa: «sentimos que era el momento adecuado, en lugar de adjudicar más Juegos, de mirar de verdad qué queremos que sea este evento para nosotros, qué queremos desarrollar y cómo queremos conectar con las audiencias jóvenes del mundo».
Y en la rueda de prensa fue todavía más lejos. «Decidimos que teníamos que parar y reflexionar de verdad sobre por qué hacemos los Juegos de la Juventud, y nos dimos cuenta de que en todo el movimiento está muy deslavazado. No hay una estrella polar que explique por qué los hacemos».
Traducido: el COI no sabe hoy qué está comprando cuando adjudica unos Juegos de la Juventud. Y ha preferido admitirlo antes que firmar otra sede para 2030 y averiguarlo después, que es exactamente lo que ha hecho durante las cuatro ediciones anteriores.
«Fit for the Future», el paraguas de todo esto
La congelación no es una decisión aislada: es una pieza del plan con el que Coventry está reordenando la casa. Se llama «Fit for the Future» y arrancó con una fase de escucha a los miembros nada más asumir el cargo, en junio de 2025.
De ahí salieron nueve grupos de trabajo, entre ellos el del programa olímpico, el de la protección de la categoría femenina, el de los acuerdos comerciales y el de la propia entrega de los Juegos. Uno se creó específicamente para los Juegos de la Juventud.
El calendario del plan tuvo su hito en una Sesión extraordinaria del COI celebrada en Lausana el 24 y el 25 de junio. Coventry ya había avisado unos meses antes, en la Sesión previa a los Juegos de Milano-Cortina, de que venían «conversaciones incómodas».
Lo dijo casi con esas palabras: «tenemos que ser honestos sobre qué funciona y, a veces más importante, sobre qué no funciona». Iba dirigido al programa de deportes olímpicos, pero describe igual de bien lo que acaba de pasar con los Juegos de la Juventud.
El grupo de la juventud tiene además una consecuencia orgánica. La comisión que elegía las sedes de los Juegos grandes pasa a ocuparse solo de eso, y los Juegos de la Juventud salen de su cartera para tener un órgano propio que los piense por separado.
Dakar es el caso que explica la duda
Para entender el frenazo conviene mirar el historial de la cita que está a punto de empezar. Dakar ganó la candidatura en octubre de 2018, y para el año 2022. Se celebra en 2026. Entre la adjudicación y el pebetero han pasado ocho años.
El aplazamiento se acordó en julio de 2020 y no fue estrictamente sanitario: fue el efecto en cadena de mover Tokio 2020 a 2021 y reordenar detrás todo el calendario olímpico. Una cita juvenil es la primera que se sacrifica cuando hay que hacer sitio.
Ese es el problema de fondo. Los Juegos de la Juventud llevan cuatro ediciones de verano —Singapur 2010, Nankín 2014, Buenos Aires 2018 y ahora Dakar— y siguen sin un hueco propio y estable en un calendario deportivo que no ha dejado de llenarse.
Tampoco ayuda la comparación de tamaño. Buenos Aires 2018 reunió a unos 4.000 deportistas; Dakar espera 2.700. Es un evento que no crece, que exige infraestructura a países que no siempre la tienen y que compite por atención con todo lo demás.
No es el único frenazo
La revisión alcanza a más cosas. El COI también ha pausado la elección de sedes en general, con un grupo de trabajo revisando los plazos y el modo en que los miembros participan en la decisión, después de años de adjudicaciones muy anticipadas.
Y hay un precedente todavía más explícito de esta manera de gobernar. El COI puso fin a su acuerdo con Arabia Saudí para los primeros Juegos Olímpicos de Esports, con Coventry explicando que había «interrogantes sobre cómo lo implementaríamos y cómo sería aquello».
La lectura que ella propone no es la de una retirada, sino la de una gestión responsable. El giro es real y lleva años cocinándose, pero ahora se ha convertido en método: primero decidir para qué, después firmar.
Qué queda sobre la mesa
Lo concreto es esto: quedan dos ediciones garantizadas y ninguna más. Dakar en octubre y noviembre, y Dolomiti Valtellina en 2028. A partir de ahí, el formato depende de lo que decida un grupo de trabajo creado hace menos de un año.
Para Senegal, la ironía es evidente. Estrena el olimpismo en un continente entero justo cuando el propio movimiento se pregunta si quiere seguir organizando esto. Si Dakar sale bien, el argumento a favor se escribe solo en noviembre.