La mortadela, filosofía del Real Oviedo para volver a Primera
El Oviedo vuelve a Segunda tan solo un año después de haber regresado a la élite. Con Julián Calero al frente y una profunda reconstrucción deportiva, el objetivo vuelve a ser el mismo: convertir una nueva decepción en otro ascenso.
Del caviar de Primera, a los bocadillos de Segunda
Quiero confesaros algo: hace mucho tiempo que no me siento delante de un ordenador, con una hoja en blanco, para escribir sobre un proyecto estimulante en LaLiga Hypermotion. Desde el momento en que recibí la oferta para hacerlo, no dudé ni un instante. Y tampoco tuve dudas sobre qué club iba a inaugurar la lista de textos: el Real Oviedo.
Y no era el equipo más fácil de analizar. Básicamente, por estar tan reciente una nueva herida en el estoico y ajado corazón del oviedismo. Para el seguidor carbayón, seguramente escéptico después del fugaz y decepcionante año en Primera División, mencionar la palabra “ilusión” sea como decirle a alguien que se acaba de arruinar que lo mejor está por llegar.
No es sencillo, tras haber disfrutado del caviar y el jamón de pata negra en el mercado gourmet de la élite, volver solamente un año después al supermercado del barrio a comprar mortadela. Por suerte, el fútbol maneja sus propios códigos y la mortadela puede ser perfectamente un ingrediente clave para lograr el éxito.
Que se lo digan al nuevo entrenador del Oviedo, Julián Calero, quien acuñó en su etapa como entrenador del Burgos la viral metáfora de los bocadillos de mortadela. Tras esa ingeniosa reflexión se escondía un mensaje de humildad, trabajo y realismo para no olvidar nunca los orígenes frente a las tentaciones de pensar en cotas demasiado altas.
Una filosofía que le llevó a lograr una permanencia milagrosa con el Cartagena, a convertir al Burgos en un candidato al playoff y a conseguir el ascenso con el Levante hace dos temporadas. Ingredientes idóneos para este Real Oviedo en reconstrucción, con necesidad de mirarse al espejo y volver a reconocerse como un candidato serio al ascenso.
Un descenso que obliga a Pachuca a empezar de nuevo
El éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano. Aunque en este caso, quien haya visto los partidos del club del Carlos Tartiere sabe perfectamente qué ha fallado y quién debe asumir responsabilidades: el grupo Pachuca.
Una vez consumado el descenso a Segunda División, era necesario un cambio en todas las parcelas, y eso incluye los despachos. Para liderar este proceso de remodelación ha llegado el director deportivo David Fernández, con experiencia en estructuras de nivel como la del Real Madrid, Espanyol y FC Barcelona.
Junto con el nuevo director deportivo y el entrenador madrileño, han llegado varios fichajes de rendimiento inmediato para la categoría de plata: Dani Villahermosa, Artiz Aldasoro, Jacobo González, Juan Cruz, Chris Ramos, el máximo goleador del Mirandés el curso pasado con 16 goles, Carlos Fernández o Estanis Pedrola. Perfiles emergentes, oportunidades de mercado y jugadores con experiencia.
Y no es solo lo que llega, sino lo que no se marcha: Aarón Escandell, renovado hasta 2029 (tercer portero de La Liga 2025/26 con mejor porcentaje de paradas, únicamente superado por Joan García, del FC Barcelona, y David Soria, del Getafe).
Obviamente, hay que liberar masa salarial y jugadores como el mundialista Haissem Hassan o Luka Ilic tienen cartel (y casi la obligación) de salir. Sin embargo, independientemente de las salidas, más de uno habrá cogido el móvil al leer esta lista de nombres, habrá abierto X y habrá escrito: “Tenemos mejor equipo este año en Segunda que la pasada temporada”.
El equipo que Calero quiere construir para el regreso
Los equipos de Julián Calero tienen una identidad muy marcada en el campo: Buscar el control de los partidos a través de un buen posicionamiento defensivo, ser agresivo mediante una presión organizada, orientada para recuperar y castigar a un rival expuesto al contragolpe. Dominar las áreas para dominar los partidos.
Los laterales para Calero son cruciales para amenazar al rival a través de la amplitud y la profundidad, sin olvidar nunca lo que hay detrás. Es decir, atacar sin olvidarse de defender. En este aspecto, es clave recuperar la versión del mejor Nacho Vidal de la segunda vuelta de la temporada 2024/25.
En el lateral izquierdo, de momento, todo apunta a que el experimentado Juan Cruz (titular en pretemporada contra el Nuremberg), pueda ser el titular por delante del ex Alcorcón Samu Rodríguez. Escandell, Costas y Calvo suenan a seguros de vida en Segunda División para completar la portería y el resto de la línea defensiva.
El centro del campo, con Aldasoro, Reina y Villahermosa, resulta idóneo para abarcar metros, forzar pérdidas, romper líneas en conducción y sorprender llegando desde atrás. Los extremos para Calero siempre han sido imprescindibles para que sus equipos sean verticales y amenazadores al espacio. Y con Jacobo, Pablo Sáenz, Illyas y Estanis Pedrola no va a andar escaso de desborde.
Si a todo esto se suma la presencia de delanteros referencia en el área como Carlos Fernández y Chris Ramos, el exentrenador del Levante tiene un buen once titular para dotar de máxima competitividad a un equipo que durante la pasada temporada no tuvo muy claro a qué jugar con ninguno de sus tres diferentes entrenadores.
Una figura sobre la que el club debería cerrar filas para empoderarle y que pueda ser el líder del nuevo proyecto. “Pasión por la vida y el fútbol”, tal y como reza su recientemente abandonado perfil de Instagram, es lo que va a transmitir a sus aficionados.
Porque el seguidor del Oviedo es así: apasionado, además de fiel y paciente. Después de tantos años pasando hambre fuera de la máxima categoría del futbol español, los oviedistas podrán aguantar y disfrutar perfectamente de un año comiendo bocadillos de mortadela.