Alonso, un punto: su peor curso desde la vuelta a la F1
Fernando Alonso afronta el parón de verano con un solo punto, el de Mónaco, en la peor temporada desde que volvió a la Fórmula 1 en 2021.
Fernando Alonso llega al parón de verano con un punto en el casillero, el que rescató en Mónaco. Es la cosecha más pobre de su segunda vida en la Fórmula 1, y el vestuario ya piensa en 2027.
Un punto, y con un asterisco
El único punto de Aston Martin en 2026 lo firmó Alonso en el Gran Premio de Mónaco, y lo hizo con ayuda. Aquel domingo llovieron sanciones y abandonos, y el asturiano se coló en el décimo puesto sin que el coche mereciera de verdad estar ahí.
El fondo del pozo tiene fecha reciente. En el Gran Premio de Bélgica, la última carrera disputada, los dos Aston Martin quedaron a más de dos segundos del coche más lento, un Cadillac, y a más de cuatro del mejor tiempo. En la Fórmula 1, esa distancia es un abismo.
El único consuelo es relativo. Aston Martin cierra la primera mitad como colista del Mundial de Constructores, por detrás incluso de Cadillac, y entre sus dos coches apenas ha visto la bandera a cuadros en la mitad de las citas. Terminar la carrera ya es, en Silverstone, casi una fiesta.
Los números dicen lo que él matiza
Los datos dibujan la peor temporada de Alonso desde que regresó a la Fórmula 1 en 2021. A esta misma altura de 2024 sumaba 58 puntos; ahora tiene uno. La caída no es un matiz: es un desplome de casillero difícil de asimilar para un bicampeón del mundo.
El propio piloto matiza el titular. Sostiene que esta no es su peor etapa en la Fórmula 1, porque la promesa de arreglar el coche le ha cambiado la mirada de aquí a Zandvoort. La distinción es fina: los números son los peores; el ánimo, dice, no del todo.
El matiz importa porque a los malos números se han sumado errores de estrategia que enterraron los pocos fines de semana con opciones. En un curso así, cada oportunidad desperdiciada duele el doble, porque el margen para sumar es mínimo y no perdona el menor tropiezo en boxes.
Conviene recordar de quién hablamos. Alonso es bicampeón del mundo, con las coronas de 2005 y 2006 al volante de Renault, y el piloto con más grandes premios disputados de la historia. Ver semejante palmarés peleando por no ser el último de la parrilla tiene algo de anomalía.
Y ese es el fondo real. A los 44 años y en su temporada número 23 en la categoría, Alonso ya no corre solo contra los rivales, sino contra el reloj de su propia carrera. Cada domingo al fondo de la parrilla pesa muy distinto a como pesaba a los 25.
El desgaste asoma en los detalles. Alonso ha contado que, para no perder el gusto por conducir, se ha refugiado en los monoplazas antiguos de su colección privada. Competir al máximo nivel le sigue gustando; pilotar estos coches de 2026, en cambio, cada vez menos.
Su malestar va más allá de Aston Martin. Tras el Gran Premio de Silverstone criticó el rumbo técnico de esta Fórmula 1, con coches que, a su juicio, diluyen el talento del piloto. Es un Alonso incómodo con el coche y, en parte, con la propia categoría.
Hay un dato que lo resume todo. Alonso no gana un Gran Premio desde 2013, hace más de una década, y persigue un triunfo número 33 convertido en obsesión discreta. Cada temporada sin coche ganador es una ventana que se cierra un poco más en su recta final.
Ni Minardi ni McLaren-Honda fueron exactamente esto
Para encontrar sequías parecidas hay que remontarse lejos. En su año de debut con Minardi, en 2001, Alonso no sumó un solo punto en toda la temporada, aunque entonces puntuaban apenas los seis primeros y el coche era de otra galaxia respecto a la cabeza.
La otra referencia es el McLaren-Honda de 2015, el arranque más oscuro de su primera etapa moderna. Aquel año no puntuó hasta la novena carrera y firmó un total de 11 puntos. También allí el problema volvía a tener nombre japonés y la paciencia se medía por meses.
La diferencia con 2026 es incómoda. En 2001 nadie esperaba nada de un Minardi, y en 2015 el proyecto Honda arrancaba de cero. Este Aston Martin llegaba con presupuesto de equipo grande, con Adrian Newey fichado y con la vitola de favorito tapado.
El verano en el que se decide todo
Lo que le sostiene es un nombre: Adrian Newey. Alonso repite que no tiene ninguna duda de que el ingeniero acabará dándole el mejor coche de la parrilla, tarde o temprano. La pregunta es si su paciencia y su calendario vital aguantan una espera tan larga.
El parón llegó justo después de que Aston Martin estrenase su gran evolución en Hungría, la última cita antes de las vacaciones. Newey había reconstruido medio coche, con dieciséis modificaciones en un solo fin de semana, y Honda promete una unidad de potencia nueva para Zandvoort. Alonso, mientras tanto, pidió calma con las expectativas.
Aquel fin de semana dijo bastante. Alonso acabó decimocuarto en el Hungaroring, otra vez fuera de los puntos y por detrás de Lance Stroll, decimotercero, así que su cuenta sigue en el único punto del curso. Pero se metió en la Q2 por primera vez en 2026 y recortó un segundo y medio respecto a su retraso habitual.
El propio piloto lo resumió como «un buen paso adelante, una nueva base con la que trabajar». Es exactamente el matiz que sostiene su año: el resultado no cambia, la sensación sí. Si esa base aguanta en Zandvoort, con el Honda nuevo, Alonso tendrá un motivo para seguir; si vuelve a rodar descolgado, el discurso de la retirada ganará fuerza. La decisión sobre 2027, insiste, la tomará durante el verano.
Sobre el equipo, en cambio, no hay duda. Ligado a Silverstone por una renovación multianual, en la previa de Hungría zanjó los rumores de fuga: «Tengo contrato, no me muevo». Si sigue en la Fórmula 1, será de verde; otra cosa es si sigue.
Cuesta creer que hablemos del mismo proyecto. En 2023, su primer año de verde, Alonso subió al podio ocho veces y acabó cuarto en el Mundial, y Aston Martin pasó de comparsa a tercera fuerza. Aquella ilusión es hoy el listón que mide la decepción.
El Hungaroring, donde ganó su primer Gran Premio en 2003, le espera de nuevo como talismán y como banco de pruebas. Alonso llega al parón con un punto, un contrato y una duda: si el chico que soñaba con ganar sigue mereciendo la pena a los 44.