España se cuelga el bronce del Mundial y estrena una generación que ya no es promesa
La selección de Miguel Méndez ganó 81-58 a la anfitriona Alemania en Berlín y volvió a un podio mundial ocho años después.
España ganó a Alemania por 81-58 en Berlín y volvió a un podio mundial ocho años después. El bronce, además, llega con un equipo casi entero de debutantes en una Copa del Mundo.
El tercer cuarto en el que Alemania se quedó sin premio
El partido por el bronce empezó como había empezado el torneo para España: con la anfitriona enfrente, el pabellón lleno y en contra, y un primer cuarto de autoridad. Las de Miguel Méndez se fueron al 25-15 con Iyana Martín manejando el ritmo y con Awa Fam aprovechando cada pase interior.
Alemania reaccionó después, apoyada en su público y en los aciertos de Leonie Fiebich, y llegó al descanso con el partido vivo. La sentencia llegó en el tercer cuarto: un parcial largo que estiró la renta hasta el 55-39 y dejó a las locales sin sitio donde agarrarse.
El último cuarto fue un trámite cómodo, resuelto con un 20-7 que cerró el 81-58 definitivo. España firmó en ese partido un porcentaje altísimo en el tiro exterior, justo la faceta con la que había arrancado el campeonato dubitativa y con malos números desde el 6,75.
Iyana Martín, 20 años, 22 puntos y sitio en el quinteto ideal
La base asturiana firmó 22 puntos, nueve asistencias y cuatro rebotes para 28 de valoración en la final de consolación. No fue un pico aislado: promedió 17 puntos por partido en el torneo y entró en el quinteto ideal junto a Gabby Williams, Fiebich y las estadounidenses Breanna Stewart y Jackie Young.
Su currículum reciente explica el salto. Fue elegida con el número siete del draft de la WNBA de 2026 por Portland Fire, la primera selección de la historia de esa franquicia, y la próxima temporada seguirá en la Liga Femenina Endesa con el Spar Girona.
Lo llamativo no son solo los números, sino el mando. Con 20 años, Iyana dirigió el ataque en los momentos de más ruido, incluida la semifinal contra Estados Unidos. Europa ya la había descubierto en la Euroliga, pero en Berlín dejó de ser una promesa.
Lo que este bronce dice de España
La lectura honesta del torneo empieza por dónde estaba España hace cuatro años: fuera. La selección no se clasificó para el Mundial de 2022 y se perdió la cita de Australia, en el momento más delicado de un equipo que Méndez recogió descompuesto.
Desde ahí, el bronce de Berlín no es un premio de consolación sino un suelo. España ganó a Australia en cuartos con solvencia, le aguantó tres cuartos a Estados Unidos en la semifinal y barrió dos veces a la anfitriona, en el debut y en el partido por la medalla. El único tropiezo del torneo fue ante Mali.
El matiz está en el techo. Estados Unidos sigue a otra distancia, y la semifinal lo dejó claro: España llegó viva al último cuarto y se hundió en los diez minutos finales, con un desequilibrio enorme en el tiro libre, 11 lanzamientos frente a 35. Competir de tú a tú todavía no es ganar.
Lo que sí cambia es el punto de partida. Con Iyana y Awa Fam en el quinteto, más Raquel Carrera, María Conde, Maite Cazorla y Mariona Ortiz sosteniendo el bloque, España vuelve a tener una generación para pelear medallas y no solo para clasificarse.
El camino hasta la medalla
España llegó al partido por el bronce tras un torneo casi impecable. Arrancó arrollando a Alemania en el debut, cayó ante Mali en el único tropiezo de la fase de grupos y resolvió los cuartos contra Australia con un 89-66 que nunca estuvo en discusión, el partido que la devolvió a unas semifinales mundialistas.
La identidad del equipo la resume su entrenador. Méndez insiste en que el buen ataque español se construye desde la defensa, y el partido por el bronce lo confirmó: cada tramo en el que España apretó atrás fue seguido de una racha anotadora, y los minutos malos coincidieron con los de más faltas.
Awa Fam y el poste que España necesitaba
La otra pieza del futuro tiene también 20 años. Awa Fam promedió 10,8 puntos y 7,2 rebotes por partido en el Mundial, y fue la referencia interior de un equipo que durante años había echado de menos una jugadora de su envergadura en la pintura.
Su temporada venía marcada por otro hito: fue elegida en el número tres del draft de la WNBA de 2026, la posición más alta a la que ha llegado una jugadora española. En Berlín demostró que el cartel no iba por delante del juego, con partidos de doble figura y trabajo en los dos aros.
La cuarta medalla mundial de La Familia
El bronce de Berlín es la cuarta medalla de España en una Copa del Mundo. Antes llegaron el bronce de 2010, la plata histórica de 2014 y el bronce de 2018, conquistado en casa, en Tenerife. Ocho años después, la selección vuelve a subirse a un podio mundialista.
En el conjunto del palmarés, la medalla es la decimoséptima de la historia del equipo y la decimosexta de este siglo, entre Europeos, Mundiales y Juegos Olímpicos. Ese recuento explica por qué a esta selección se le exige podio y no se le concede el papel de invitada.
El hilo entre generaciones lo sostiene Alba Torrens, con 233 partidos como internacional y la única del vestuario que sabía por experiencia propia lo que es jugar una Copa del Mundo. A su alrededor, casi toda la plantilla debutaba en el torneo.
Estados Unidos, otra vez, y una anfitriona que sale ganando
El oro fue para Estados Unidos, que ganó a Francia en la final y encadenó su quinto título mundial consecutivo. Francia, que nunca había disputado una semifinal en esta competición, se llevó la plata y su primera medalla mundial desde 1953.
Alemania cierra con el cuarto puesto su mejor clasificación histórica, en el Mundial que organizó para levantar su baloncesto femenino. Perdió los dos partidos que jugó contra España, pero dejó el torneo con un rendimiento muy por encima de sus antecedentes.
En la grada del partido por el bronce estuvo Pau Gasol, embajador global del campeonato. La imagen resume el momento: el baloncesto español que lo ganó todo mirando de frente al que empieza a construir el suyo, con dos jugadoras de 20 años ya instaladas en la élite.