El Atlético de Madrid hace los deberes a última hora

El equipo del ‘Cholo’ Simeone viajó de la duda razonable sobre sus cambios a ganar por goleada un partido que se estaba complicando de más ante la Real Sociedad.

Diego Pablo Simeone da indicaciones a uno de sus futbolistas en el partido Liverpool - Atlético de Madrid de la Champions 2026/27.
AP Photo/Dave Thompson

El Atlético de Madrid amarró un triunfo de peso en San Sebastián que le da aire tras dos derrotas intensas, pero el 0-3 final enmascara un rendimiento colectivo repleto de claroscuros, especialmente en una primera parte para olvidar. Un resultado que maquilla el errático arranque de curso rojiblanco en el que Simeone sigue buscando la tecla.

Últimos minutos de autoridad ante los txuri-urdin

El marcador final de Anoeta invita al engaño si solo se atiende al contundente 0-3 que reflejó el luminoso a favor de los colchoneros. Un Atlético de Madrid que necesitó esperar hasta el tramo final del partido para desatascar un encuentro que ya amenazaba con encasquillarse de forma definitiva.

Esa efectividad en el área rival en los últimos minutos acabó por decantar la balanza tras un duelo plano en lo futbolístico para los dos equipos, pero que exigía más a un Atlético que podría ponerse tercero en LaLiga tras el pinchazo del Alavés. Una realidad que empujaba a los del ‘Cholo’ a sostener la imagen que quieren proyectar esta temporada.

La ráfaga realizadora desencadenada a partir del minuto 84 salvó la noche colchonera en tierras vascas, donde los tantos de Grimaldo (penalti), Jonathan David y Giuliano Simeone castigaron el desgaste local y dieron aire a la clasificación.

Sin embargo, la sensación de solvencia tardía no despeja las dudas del juego global acumuladas a lo largo de noventa minutos. Lograr tres puntos en un feudo siempre exigente computa como una excelente noticia para las aspiraciones del vestuario, pero el mal momento de la Real Sociedad y las dudas suscitadas siguen obligando a no apagar la alarma.

A pesar de todo, la pegada demostrada en los metros decisivos sirvió para camuflar las carencias asociativas de un bloque al que le cuesta generar fútbol fluido, especialmente en zona interior y de tres cuartos. El resultado final maquilla la tabla y la realidad global, pero la hoja de ruta aún requiere ajustes muy profundos en lo que ofrece este Atleti.

Una primera parte para olvidar

La primera mitad es, quizá, el primer gran escollo. El conjunto madrileño ofreció una versión aburrida, desconectada y desprovista de ritmo con la pelota. Ante una Real Sociedad también muy apática, el centro del campo colchonero no logró imponer su ley. Las imprecisiones en el pase corto cortaban cualquier intento de transición rápida hacia los puntas y eso coartaba sus opciones de generar peligro.

El equipo de Diego Simeone transitó por el césped con una lentitud demasiado previsible que facilitó la labor defensiva rival, en un partido en el que la baja de Pablo Barrios se notó enormemente. La falta de movilidad entre líneas convertía el sistema en una estructura rígida sin soluciones ofensivas ni creatividad.

Ni la presión tras pérdida ni la circulación rápida aparecieron en un acto inicial plano que dejó fríos a los aficionados de uno y otro equipo. Un primer tiempo que muestra lo que está fallando en este inicio al Atlético de Madrid, que ha cambiado de algún modo las buenas primeras partes por esta sensación, como en Anoeta, de haber despertado solo en la segunda.

La Real Sociedad dominó territorialmente la posesión y expuso la falta de dinamismo rojiblanco sin necesitar un fútbol deslumbrante, aunque sin el colmillo suficiente para desatascar el marcador. Por eso el Atleti logró sobrevivir al descanso, gracias al trabajo de sus centrales y al orden táctico atrás.

No obstante, la imagen del primer acto encendió todas las alarmas y animó al ‘Cholo’ Simeone a mover algo desde el banquillo. Una realidad que, lejos de facilitar el análisis, empujó a muchos a criticar abiertamente las permutas, que acabaron por funcionar en los minutos finales.

Los (cuestionados) cambios de Diego Simeone

Las decisiones del ‘Cholo’ desde el área técnica suelen generar un intenso debate que trasciende al propio resultado. Es algo que se ha repetido ya en varias ocasiones y que, coincidiendo con que el análisis de los últimos encuentros arrojaba una gran primera mitad y poco fútbol en la segunda, parecían dejar ver las sensaciones.

Sin embargo, ante la Real todo cambió. Su apuesta inicial por un esquema conservador volvió a atascar la fluidez del equipo, esta vez durante la primera hora de partido. La lectura del técnico argentino necesitó rectificaciones urgentes para evitar que el choque se inclinara hacia el lado realista y eso propició que prescindiera de Baena y Kang-in Lee.

Las sustituciones en el segundo tiempo alteraron por completo la fisonomía de la escuadra colchonera sobre el verde, pero el resultado no fue empeorar al equipo, sino potenciar lo que estaba haciendo bien (solidez atrás) con un mejor entendimiento del ritmo de juego y la amenaza por banda.

La entrada de piernas frescas permitió recuperar metros y empujar el bloque contrincante contra su propia área y, con la inclusión de Koke, el equipo pasó a entender mejor hacia dónde ir. También Arnau Ortiz, último jugador en entrar al campo, potenció con su verticalidad una banda izquierda que con Grimaldo ya estaba siendo eficaz.

Sus ajustes funcionaron en esta ocasión, pero la gestión de los minutos genera dudas a quienes prefieren ver el global del partido y de la temporada. El entrenador debe encontrar un plan titular sólido sin depender constantemente de esos recambios.

Simeone volvió a demostrar que prefiere amarrar la estructura colectiva antes de liberar el talento en ataque y eso a veces le pasa factura. En la segunda mitad, sin embargo, sí logró que las cosas funcionaran mejor, aunque dotar de capacidad a los últimos minutos para amarrar el resultado es arriesgado.

Koke sigue siendo clave

Pero sobre todos los demás, la entrada de Koke Resurrección al terreno de juego rozando la hora de partido cambió el ritmo del equipo. El capitán colchonero aportó la cordura y la claridad que faltaban en la medular desde el pitido inicial por la ausencia de un jugador capital como Pablo Barrios.

La capacidad para temporizar del centrocampista, pidiendo la pelota y dando esa necesaria pausa para oxigenar las posesiones en la medular hizo de su entrada un salvavidas, no solo para el resultado, sino también para las sensaciones mostradas por los colchoneros.

El valor del centrocampista español no se mide únicamente en sus estadísticas individuales de recuperaciones o pases completados. Su presencia sobre el césped ordena el posicionamiento de sus compañeros y ofrece una salida limpia frente a la presión. Koke sigue dictando los tiempos de la escuadra y demostrando que la medular madrileña depende demasiado de una jerarquía caduca, cada vez más cerca de ceder su peso.

Sin el ‘6’ en el esquema de partida, el Atlético de Madrid sufrió una desconexión evidente entre la defensa y los atacantes que ni Morten Hjulmand ni Marcos Llorente tienen capacidad para revertir. Insustituible con Barrios sin estar al 100%, parece claro que Koke es clave para darle empaque y coherencia a la propuesta táctica del ‘Cholo’.