Alemania se ha montado un Mundial en casa para levantar su baloncesto femenino

Dos pabellones, 6 millones del Senado y tres llenos seguidos: así ha vendido Berlín el Mundial femenino de baloncesto y así le va a su selección.

Pabellón lleno durante un partido de baloncesto femenino visto desde una esquina de la pista
Un pabellón lleno durante un partido de baloncesto femenino, con la grada en penumbra y la pista iluminada. Imagen generada con inteligencia artificial.

Berlín lleva desde el viernes con el baloncesto femenino en el centro del mapa. Alemania organiza el Mundial de la FIBA hasta el 13 de septiembre y ha convertido el torneo en un examen propio.

La sede no es un accidente. La federación alemana llevaba años preparando la operación, la ciudad puso dinero público y las gradas respondieron antes incluso de que la selección diera señales. El rendimiento deportivo llegó después del ambiente.

La candidatura que llegó antes que las demás

La FIBA adjudicó el torneo a Alemania el 28 de abril de 2023, en una reunión de su Central Board celebrada en Manila. La federación alemana se había presentado con el lema Time for HER Game y fue de las primeras en entregar su expediente.

Había competencia por la sede, pero el organismo se apoyó en dos argumentos: la solvencia alemana como anfitriona del Eurobasket masculino de 2022 y el plan a largo plazo de la federación para el baloncesto femenino. La candidatura rival documentada es la de Argentina, que aspiraba a organizarlo desde 2022.

El dato que mejor mide lo que significa esta edición no es que Alemania repita: es que el Mundial no se jugaba en Europa desde 1998, y aquella vez también fue aquí. Son 28 años de torneo repartidos por América, Asia y Oceanía.

La diferencia entre una edición y otra explica el cambio de escala. En 1998 los partidos se jugaron en Bremen, Dessau, Karlsruhe, Münster, Wuppertal, Rotenburg an der Fulda y la propia Berlín. En 2026 todo el torneo cabe en una sola ciudad.

Dos pabellones, seis millones y 28 patrocinadores

Los 36 partidos se reparten entre dos pabellones con capacidad para 14.000 y 9.000 espectadores. El Senado berlinés destinó seis millones de euros a la organización, y la final se juega el domingo 13 de septiembre.

El mayor de los dos aparece con dos nombres y conviene saberlo: la FIBA lo llama Berlin Arena en su venta de entradas y la prensa lo llama Uber Arena, que es su nombre comercial. Es el mismo edificio, la casa del Alba Berlín.

Ese pabellón acogió la fase final del Eurobasket de 2022, el que ganó España. El Max-Schmeling-Halle, el pequeño de los dos, es donde se jugó el Mundial femenino de 1998. Berlín repite en los dos escenarios.

«El baloncesto de élite siempre ha tenido su hogar en Berlín, y ahora estamos encantados de dar la bienvenida a este importante evento internacional femenino a la ciudad», declaró Iris Spranger, senadora de Deporte. La ciudad vendió el torneo como escaparate propio.

La frase de la senadora tiene respaldo numérico. Berlín cuenta con más de 30 clubes y unas 250 canchas repartidas por sus barrios, y de ahí salieron Franz y Moritz Wagner, los dos hermanos alemanes que juegan en la NBA.

El envoltorio comercial acompañó: 28 patrocinadores, una mascota diseñada como un oso berlinés y dos embajadores globales de peso, Pau Gasol y Sue Bird. En Alemania, los partidos se vieron en abierto por ProSieben y Sat.1, además de MagentaSport.

La política de precios acompañó la operación. Los abonos de día arrancaron en 50 euros y los paquetes premium para la fase final llegaron hasta los 500, con descuentos para niños y grupos previstos por la federación. El acceso barato era parte del plan.

Las gradas llegaron antes que el equipo

El estreno de Alemania ante España, el 4 de septiembre, se jugó con un lleno de 12.550 espectadores en el Uber Arena y con el canciller Friedrich Merz en la grada. La FIBA lo describió como una de las mayores entradas de la era moderna del torneo.

Al día siguiente, el duelo con Japón agotó las 8.367 localidades del Max-Schmeling-Halle. Y el lunes, ante Mali, el Uber Arena repitió 12.550. «Es alucinante ver un público así», resumió Marie Gülich, capitana alemana, tras tres partidos seguidos con lleno.

La afición visitante también apareció. El diario Süddeutsche Zeitung contabilizó cerca de 1.000 seguidores de Mali, campeonas de África, desplazados a Berlín, con marcha a pie hasta el pabellón incluida. El Mundial se llenó de banderas ajenas.

El dato agregado va en la misma dirección. La FIBA calculaba antes del arranque que más de 200.000 espectadores pasarían por Berlín, una cifra que dejaría atrás el récord de 145.000 de Sídney 2022, la edición que el propio organismo considera la mejor de su historia.

Olaf Lange, seleccionador alemán, nació y se crió en Berlín. «Cuesta encontrar palabras para expresar lo agradecido que estoy: tener el apoyo de la afición incluso cuando no jugamos bien es asombroso», dijo el viernes. El aval llegó antes que el juego.

El nivel real de la anfitriona

El punto de partida deportivo era frágil. Alemania solo había jugado un Mundial, el de 1998 que organizó, y llegaba a Berlín sin Satou Sabally, su jugadora más reconocible, baja el 19 de agosto por las secuelas de una conmoción cerebral.

Lo que sí traía era una progresión medible: sexto puesto en el Eurobasket de 2023, clasificación olímpica para París 2024, el oro en el 3×3 de aquellos Juegos y un quinto puesto en el Eurobasket de 2025 que coorganizó. Ningún título, pero sí una línea ascendente.

El primer día confirmó el techo. España pasó por encima (83-53) con un parcial de 50-24 al descanso, y Alemania no encontró tiro exterior ni forma de frenar la física rival. La anfitriona quedó retratada en 20 minutos de su propio Mundial.

La reacción llegó menos de 24 horas después. Alemania ganó a Japón (74-58) con 19 puntos de Frieda Bühner y 18 de Nyara Sabally, y firmó su primer triunfo mundialista desde 1998. Fueron 28 años de espera resueltos en una tarde.

El lunes, contra la Mali que había tumbado a España, el equipo de Lange ganó 83-58 con 21 puntos de Bühner y 17 de Luisa Geiselsöder. Alemania terminó segunda del grupo A y se jugará el pase ante Corea del Sur.

Lange no quiso celebración. «No hay fiesta. Necesitamos recuperación y el cuerpo técnico tiene que preparar a Corea del Sur», dijo nada más terminar. El objetivo declarado sigue siendo la medalla, aunque el cruce con Bélgica asome enseguida.

Qué gana la FIBA llevando el torneo a Europa

La ampliación no es un gesto suelto. El Mundial femenino se había reducido a 12 selecciones en Sídney 2022 y el cuadro de 16 recupera el tamaño que tuvo hasta 2018. Más países implican más mercados abiertos.

Europa aporta el otro pilar. Andreas Zagklis, secretario general de la FIBA, citó las entradas que acompañaron a Alemania como coanfitriona del Eurobasket de 2025 al justificar la apuesta por Berlín. El aforo era el argumento comercial de la candidatura.

El torneo reparte además una plaza olímpica para Los Ángeles 2028 al campeón, lo que sube el precio de cada eliminatoria. Para la anfitriona, el saldo se medirá en algo menos visible: si el llenazo sobrevive al Mundial y llega a la liga doméstica.

Berlín ya ha demostrado que puede llenar un pabellón de 12.550 personas para ver a una selección que perdía de 30. Lo que dirá si esto fue una operación o un cambio de fondo es lo que ocurra en los pabellones vacíos de octubre.