Cómo funciona el nuevo Mundial femenino de 16 equipos: grupos, cruces y calendario
El Mundial femenino pasa de 12 a 16 equipos en Berlín. Solo el primero de cada grupo va directo a cuartos: así funcionan los cruces y el calendario del torneo.
El Mundial femenino de baloncesto cambia de tamaño en Berlín. La edición que se disputa del 4 al 13 de septiembre pasa de 12 a 16 selecciones y recupera el formato que el torneo ya tuvo entre 1990 y 2018.
La ampliación no es solo una cuestión de cupo. Cambia la estructura de la competición, alarga el camino hacia la final y crea una ronda intermedia que no existía en las ediciones anteriores.
La sede concentra todo el torneo en una sola ciudad, algo que la FIBA ha buscado deliberadamente. Berlín acoge los 36 partidos en diez días, repartidos entre el Berlin Arena y el Max-Schmeling-Halle, en un calendario muy comprimido.
Los cuatro grupos
Las 16 selecciones se reparten en cuatro grupos de cuatro equipos, denominados A, B, C y D. El sorteo se celebró el 21 de abril en el recinto Kraftwerk Berlin y lo realizó la australiana Lauren Jackson, con Sue Bird, embajadora global del torneo, encargada de presentar el trofeo.
España quedó encuadrada en el Grupo A junto a Alemania, la anfitriona y undécima del ranking FIBA; Japón, decimoquinta; y Mali, decimoctava. Es, sobre el papel, el grupo más accesible de los cuatro.
El Grupo B lo forman Francia, Nigeria, Corea del Sur y Hungría, con la selección francesa como cabeza de serie clara. El Grupo C reúne a Australia, Bélgica, Puerto Rico y Turquía, el más igualado del cuadro.
El sorteo dejó a España evitando a las tres primeras del mundo. Estados Unidos, Francia y Australia partían también como cabezas de serie, así que caer con la anfitriona fue el mejor escenario posible.
Cómo se pasa de ronda
Aquí está la novedad del formato. Solo el primer clasificado de cada grupo obtiene el billete directo para los cuartos de final, así que ganar el grupo vale un partido de descanso.
Los segundos y los terceros no quedan eliminados, pero tienen que jugar una ronda previa. Esos cruces se disputan el 8 y el 9 de septiembre y no son con un grupo cualquiera: los segundos y terceros del A se cruzan con los del B, y los del C, con los del D.
El cuarto de cada grupo queda fuera. Con 16 equipos y solo cuatro eliminados en la primera fase, la fase de grupos es menos selectiva que en el formato anterior, pero mucho más larga.
Y hay bastante más en juego que el título. La campeona del mundo se clasifica directamente para los Juegos de Los Ángeles 2028, con un matiz que cambia la cuenta: Estados Unidos ya tiene plaza como anfitrión, así que si gana no traspasa el billete y el resto de plazas se reparten en los preolímpicos de 2028.
El calendario de la fase final es rapidísimo. Los cuartos se juegan el 10 de septiembre, las semifinales el 12 y la final y el partido por el bronce el 13, con un día de descanso entre rondas.
La distribución de los grupos tiene además un efecto sobre el cuadro final. Al pasar solo el primero directo a cuartos, el orden de los cruces se decide con más antelación que en un torneo clásico.
Eso obliga a los entrenadores a hacer cuentas desde el segundo partido. Saber a quién se evita ganando el grupo se convierte en información táctica, y no solo en una cuestión de orgullo.
Qué implica el nuevo esquema
La primera consecuencia es física. Un equipo que acabe segundo o tercero de grupo puede jugar seis partidos en diez días, con viajes internos mínimos pero sin margen real de recuperación.
La segunda es táctica. El cruce previo introduce un partido de eliminación directa antes de cuartos, lo que obliga a los entrenadores a decidir cuándo dosificar y cuándo jugar a cara de perro.
La tercera es de plantilla. Con 12 jugadoras y seis partidos posibles en poco más de una semana, la profundidad de la rotación pesa más que en un torneo de formato clásico.
Para España, ese detalle no es menor. Cinco de sus convocadas llegan directamente desde la WNBA, cuya competición se alarga hasta el 30 de agosto, cuatro días antes del estreno. Francia, por comparar, lleva ocho jugadoras de la liga estadounidense.
Por qué la FIBA ha ampliado el torneo
El argumento oficial combina mérito deportivo y representación global. Un cuadro de 16 permite dar entrada a más federaciones sin renunciar a que las mejores selecciones estén todas presentes.
La consecuencia práctica es que Europa gana peso. Con más plazas, el continente coloca a más selecciones y el nivel medio de los grupos sube, aunque también aumenta la desigualdad.
El torneo se juega además en un mercado clave. Alemania organiza como anfitriona y compite en el mismo grupo que España, lo que garantiza ambiente en el partido más televisivo de la primera fase.
La FIBA busca también asentar el producto. El Mundial femenino se disputa cada cuatro años y compite por espacio con la WNBA y con las ligas europeas, que no paran por completo.
El cambio también afecta a las selecciones pequeñas. Con 16 plazas, entran federaciones que antes se quedaban fuera, y eso amplía el mapa del baloncesto femenino, aunque abulte algunos resultados.
La FIBA asume ese coste a cambio de crecimiento. Un Mundial con más países significa más televisiones interesadas y más federaciones con incentivos para invertir en sus categorías inferiores.
Queda por ver si el formato se consolida. La FIBA ha ido ampliando sus torneos de manera sostenida en la última década, y cada ampliación ha traído la misma discusión sobre el nivel.
El precedente español
España llega a este formato después de ocho años sin jugar un Mundial. Se perdió la edición de 2022, la única ausencia en décadas, y recuperó la plaza en el Premundial disputado en San Juan de Puerto Rico, con tres victorias en tres partidos.
Aquel torneo clasificatorio se jugó del 11 al 17 de marzo en formato de todos contra todos, con cinco partidos por selección y tres billetes en juego, sin contar a Estados Unidos, ya clasificada como campeona de la AmeriCup.
El historial reciente explica la exigencia. España subió al podio en 2010, 2014 y 2018, con la plata de Estambul como mejor resultado, tres medallas consecutivas.
Con el nuevo formato, el camino hacia esa cuarta medalla pasa por ganar el Grupo A. Si España termina primera, se ahorra un partido y llega a cuartos con un día más de descanso, que en Berlín vale mucho.