Alicante abre The Ocean Race 2027 con la etapa más larga de su historia: 14.000 millas hasta Auckland

The Ocean Race saldrá de Alicante el 17 de enero de 2027 rumbo a Auckland: 14.000 millas náuticas, la etapa inaugural más larga en 53 años de regata.

Veleros oceánicos con mástiles de carbono amarrados en el pantalán de un puerto mediterráneo en una mañana de invierno
Veleros oceánicos amarrados en el pantalán de un puerto mediterráneo antes de una salida. Imagen generada con inteligencia artificial.

La vuelta al mundo a vela más dura del deporte volverá a arrancar en Alicante, y lo hará con un estreno que no tiene precedentes. El 17 de enero de 2027 las tripulaciones de The Ocean Race soltarán amarras en el puerto alicantino con Auckland como primer destino, y la organización no espera verlas allí hasta el 20 de febrero: 34 días de mar.

Son 14.000 millas náuticas, unos 25.928 kilómetros, media vuelta al planeta sin tocar tierra. La organización la presenta como la etapa inaugural más larga en los 53 años de historia de la regata, y los números le dan la razón sin necesidad de adornarlos.

Media vuelta al mundo en la primera etapa

Para medir el salto conviene mirar al registro anterior. La etapa más larga jamás disputada fue la que unió Ciudad del Cabo con Itajaí en la edición de 2023, con 12.856 millas náuticas de travesía por el Atlántico Sur y el océano Índico.

La de 2027 la supera en más de mil millas, y con un agravante: llega la primera, sin rodaje previo. En las ediciones anteriores las tripulaciones se medían primero en tramos más cortos antes de afrontar los grandes océanos del sur.

Aquí el orden se invierte. Los equipos saldrán del Mediterráneo, bajarán por el Atlántico, doblarán el cabo de Buena Esperanza y cruzarán el Índico y el Pacífico sur antes de pisar tierra por primera vez. Es el tramo más exigente de la regata colocado en la casilla de salida.

Ese detalle explica por qué la organización insiste tanto en el adjetivo. No es solo que la etapa sea larga: es que concentra de golpe los tres grandes océanos del recorrido clásico de la vuelta al mundo, los que históricamente han decidido las ediciones.

Alicante, sede fija desde 2008

La ciudad no es una escala más. Alicante acogerá su sexta salida consecutiva de la regata y ejerce como sede mundial de la competición desde 2008, cuando la prueba todavía se llamaba Volvo Ocean Race.

Esa continuidad ha convertido el puerto alicantino en un activo de la propia competición. El alcalde, Luis Barcala, ha subrayado la proyección internacional y el rédito económico que deja la regata, además del programa educativo sobre la salud de los océanos que la acompaña en cada edición.

El presidente de la regata, Richard Brisius, definió el tramo inaugural como una declaración de intenciones: vela oceánica en su forma más extrema. Es marketing, pero apoyado en un dato difícil de discutir.

Casi dos décadas de relación dan para acumular estructura. La ciudad ha construido alrededor de la regata un ecosistema de bases técnicas, hoteles y logística portuaria que ninguna otra sede europea ha replicado, y esa es la razón real de la renovación continua.

Auckland, el puerto que la vela nunca abandona

El destino tampoco es casual. Será la duodécima escala de la regata en Auckland, una ciudad que aparece en casi todas las ediciones como salida o llegada de alguna etapa y que arrastra un vínculo profundo con la prueba.

De allí salieron algunos de los nombres que construyeron la leyenda de la vuelta al mundo: Sir Peter Blake, Grant Dalton, Mike Sanderson y Peter Burling. Sanderson, patrón del ABN AMRO en 2004-05, es el último neozelandés que ha ganado la regata. Nueva Zelanda es una nación de vela y la organización lo explota como argumento deportivo y comercial a partes iguales.

Hay además un motivo deportivo que pesa más que las promesas institucionales: por primera vez en más de una década habrá un barco neozelandés en la línea de salida.

El navegante de la Vendée Globe Conrad Colman liderará el Aotearoa Ocean Racing, algo que el director de Yachting New Zealand, Steve Armitage, considera «enormemente significativo» para el deporte del país. La relación de Auckland con la regata viene del Whitbread de 1977-78, cinco décadas de historia, y esta es la decimoquinta edición.

La elección también responde a una lógica de husos horarios. Terminar la primera etapa en Nueva Zelanda coloca la llegada en horario europeo de tarde, que es cuando la regata puede aspirar a audiencia en su mercado principal.

Lo que todavía no se sabe

El recorrido completo sigue sin cerrarse. La organización ya ha anunciado cuatro puertos de escala, entre ellos Auckland y el regreso a Itajaí, pero ha aplazado el resto del trazado. Alicante no cuenta en esa lista: es el puerto de salida, no una escala.

Es una decisión de calendario comercial más que deportiva: cada puerto se negocia y se anuncia por separado para estirar la presencia de la regata en los medios. Lo que sí está fijado es la fecha y el punto de partida.

Para los equipos, esa incógnita no es menor. Planificar una vuelta al mundo exige saber dónde se para, cuánto dura cada tramo y qué logística hace falta en cada escala. De momento solo pueden preparar la primera, que ya es la más dura de todas.

Tampoco está cerrado el número de barcos ni la parrilla definitiva de equipos, que en las últimas ediciones se ha ido confirmando en los meses previos. La regata vive de anuncios escalonados durante todo el año anterior a la salida.

Por qué esta etapa cambia la regata

Colocar el tramo más largo al principio altera la lógica competitiva de la prueba. Una avería grave en el Índico o en el Pacífico sur, con miles de millas hasta el puerto más cercano, puede condicionar toda la vuelta al mundo desde la primera semana.

También cambia la preparación. Los barcos tendrán que salir con la fiabilidad de un tramo final y no con la de un arranque, porque no habrá escala intermedia donde reparar, cambiar velas o rotar tripulación.

Boris Herrmann, patrón del Team Malizia, lo resumió sin dramatismo: es una forma increíble de empezar. La lectura optimista de un escenario que, en la práctica, adelanta al mes de enero todas las decisiones difíciles de la regata.

Alicante, mientras tanto, se prepara para una despedida distinta. La organización anticipa una salida más emotiva de lo habitual en el pantalán, porque las familias de los tripulantes saben que el reencuentro no llegará hasta el otro lado del mundo.