España vuelve a un Mundial femenino ocho años después
Alemania, Mali y Japón en Berlín del 4 al 13 de septiembre: así es el regreso de España a un Mundial femenino de baloncesto tras ocho años.
España vuelve a un Mundial de baloncesto ocho años después de su último. La cita es Berlín, del 4 al 13 de septiembre, y el estreno no admite calentamiento: enfrente, la anfitriona Alemania.
Un regreso que empezó en San Juan
La clasificación se selló en marzo de 2026, en el Premundial de San Juan. España barrió a Nueva Zelanda (99-50) y a Senegal (84-51), y remató el billete con un 91-52 a la anfitriona Puerto Rico. Tres partidos, tres goleadas, cero dudas sobre el objetivo.
El dato pesa más de lo que parece. España se había perdido el Mundial de 2022 en Sídney, primera ausencia tras tres podios seguidos: bronce en 2010, plata en 2014 y bronce en 2018, este último en casa, en Tenerife. La sequía duró ocho años.
El nivel real: sexta del mundo y sin miedo al grupo
Esta España no llega a Berlín a hacer bulto. Es la actual subcampeona de Europa y ocupa el sexto puesto del ranking FIBA, por delante de sus tres rivales de grupo. En el sorteo esquivó a Estados Unidos, Francia y Australia, las tres cabezas de serie que más asustaban.
El reverso es que el grupo no regala nada. Ninguno de los tres rivales es un trámite, y el cruce posterior con el grupo B añade otro filtro duro. España es favorita sobre el papel, pero la favorita también puede quedarse fuera si falla un día.
La otra cara del cuadro deja claro que a España le fue bien. El grupo D reúne a Estados Unidos, vigente campeona; China, subcampeona y cuarta del mundo; Italia, bronce europeo; y República Checa. Ese es el auténtico grupo de la muerte, y España lo evitó.
El antecedente reciente invita a la prudencia. En los Juegos de París 2024, España se quedó en cuartos tras caer con Bélgica (66-79), lejos aún de las medallas que firmó en la década pasada. El Mundial de Berlín es la ocasión para demostrar que el relevo generacional ya rinde.
El grupo que selló el billete en San Juan promedió 26 años, una media que retrata el cambio de ciclo. La irrupción de jugadoras jóvenes con proyección WNBA, sumada a la veteranía de las subcampeonas de Europa, dibuja una España distinta a la que dominó el continente a mediados de la década pasada.
Japón, Mali y Alemania: tres pruebas distintas
Japón es el rival que más respeto impone sobre el papel táctico. Ocupa el puesto 15 del ranking, pero llega con la etiqueta de subcampeona olímpica en Tokio 2020 y un baloncesto de mucho ritmo, tiro exterior y transiciones rápidas que ya ha incomodado a España en duelos recientes. Cerrar el grupo ante ese equipo no es casual.
Mali es la gran incógnita. Número 18 del mundo y subcampeona de África, aporta envergadura y potencia física, un perfil que suele desnivelar los partidos cuando el rival europeo no ajusta el rebote. Y Alemania, con el factor cancha y una afición volcada, parte como el examen más exigente del grupo.
De Fenerbahçe al relevo: la España de Miguel Méndez
En el banquillo sigue Miguel Méndez, que aterriza en Berlín con el aval fresco de ganar la Euroliga femenina de 2026 con el Fenerbahçe. Su reto no es de talento, sino de encaje: ordenar a un grupo que mezcla veteranía y una oleada de juventud sin experiencia mundialista.
La referencia veterana es Alba Torrens, alero balear nacida en 1989 y capitana de La Familia, que sigue siendo la jugadora de más peso en las grandes citas. A su lado, nombres consolidados como María Conde, Maite Cazorla o Raquel Carrera sostienen el bloque que fue plata europea.
El motor del futuro tiene nombres propios. Awa Fam, elegida con el número 3 del draft de la WNBA de 2026, encarna el salto de una generación que ya empuja. Con ella y con la nacionalizada Megan Gustafson de vuelta, España combina pegada interior y proyección a medio plazo.
13 días con estreno ante la anfitriona
El calendario no da tregua desde el primer día. España debuta el 4 de septiembre contra Alemania, juega ante Mali el día 5 y cierra la fase de grupos frente a Japón el día 7. Tres partidos en cuatro jornadas, sin margen para la puesta a punto.
Debutar en el pabellón de la anfitriona, con la grada empujando a Alemania, es de los estrenos más incómodos posibles. España tendrá que gestionar los nervios del reencuentro con la élite y un rival que se crecerá con su público. Salir entera de esa primera noche marcará el tono del torneo.
El formato premia acabar primero. Solo el líder de cada uno de los cuatro grupos accede directo a cuartos de final; segundos y terceros pelearán un cruce previo para seguir vivos. Con Alemania en el camino, quedar arriba se convierte en la primera final de La Familia.
El torneo también estrena tamaño. Berlín acoge la primera Copa del Mundo con 16 selecciones, cuatro más que la edición de Sídney, repartidas entre el Berlin Arena y el Max-Schmeling Halle. Además, es el primer clasificatorio rumbo a los Juegos de Los Ángeles 2028, otra capa de presión.
Lo que está en juego va más allá de tres partidos. Una buena fase de grupos coloca a España en la pelea por las medallas que perdió de vista en 2022 y reactiva a una afición que aún recuerda los tres podios seguidos. Los 13 días en Berlín pueden redefinir el techo de esta generación.
Lo que espera antes del salto inicial
Antes de Berlín queda el rodaje. Miguel Méndez ha citado a 21 jugadoras para preparar la cita, con la veterana Torrens de vuelta y la debutante Marta García entre las novedades. El plan incluye amistosos ante Alemania, Nigeria, Bélgica, Mali y China, varios de ellos en suelo español.
El regreso ya es un hecho; el reto ahora es que no se quede en foto de familia. España tiene plantilla para incomodar a cualquiera y un grupo que, sin ser plácido, permite soñar con los cruces. El primer capítulo se escribe el 4 de septiembre.