Inoue sigue invicto: gana a Nakatani en el Tokyo Dome y retiene el indiscutido del supergallo

Naoya Inoue ganó a Junto Nakatani por decisión unánime ante 55.000 espectadores en el Tokyo Dome y retiene invicto los cuatro cinturones del supergallo.

Naoya Inoue levanta los brazos sobre el ring después de ganar a Junto Nakatani en Tokio
Naoya Inoue, a la derecha, celebra su victoria sobre Junto Nakatani en el combate por el título mundial del supergallo de la AMB, el CMB, la FIB y la OMB, en Tokio, el 2 de mayo de 2026. AP Photo/Hiro Komae

El boxeo japonés nunca había tenido un cartel así. El 2 de mayo de 2026, el Tokyo Dome reunió a 55.000 espectadores para ver a sus dos mejores púgiles, los dos invictos, medirse por el campeonato indiscutido del supergallo.

Ganó Naoya Inoue por decisión unánime, pero no como acostumbra. Junto Nakatani le llevó a los doce asaltos, le ganó dos seguidos y llegó a incomodarle de verdad antes de que un choque de cabezas le partiera la noche en dos.

Tres tarjetas en la misma dirección

Los jueces no dejaron margen a la polémica. Las tres tarjetas fueron para el campeón: 116-112, 115-113 y 116-112, un veredicto claro aunque con una de ellas ajustada.

Inoue defendía los cuatro cinturones del supergallo a la vez, los de la AMB, el CMB, la FIB y la OMB, en las 122 libras. La suma es lo que convierte el combate en algo más que un duelo entre compatriotas.

Los dos llegaban con el mismo registro, 32-0. Con la victoria, el campeón mejora hasta 33-0 con 27 nocauts; Nakatani queda en 32-1 con 24 KO, un balance que sigue siendo extraordinario.

Hay una cifra que ordena la carrera de Inoue mejor que ninguna: encadena 28 victorias consecutivas en combates por un título mundial. Y otra que explica el marco: a sus 33 años se medía a un rival cinco años más joven.

La noche se decidió en el décimo

El arranque fue lento y respetuoso. Los dos se estudiaron durante los primeros asaltos, con Inoue imponiendo el jab y llevándose los intercambios cortos, hasta que la pelea se abrió alrededor del sexto.

Ahí empezó a crecer Nakatani. Se llevó el octavo y el noveno presionando detrás de combinaciones y golpes de poder que echaron atrás al campeón, algo que muy pocos le habían hecho, y estrechó las tarjetas.

El décimo lo empezó todavía mejor. El retador salió a por todas, castigó el cuerpo y llegó a aturdir brevemente a Inoue, que se vio obligado a defender en un pasaje en el que el título estuvo de verdad en juego.

Y entonces llegó el accidente. Un choque de cabezas fortuito, ya al final de ese asalto, abrió un corte profundo sobre el ojo izquierdo de Nakatani. La sangre le estorbó la visión y le cortó en seco la remontada.

Inoue no necesitó que se lo dijeran dos veces. Se llevó el undécimo con claridad, castigando con la derecha, y cerró el duodécimo administrando. Esos dos asaltos, y no ningún otro, decidieron el combate en las tarjetas.

El propio campeón lo reconoció al bajar del ring. «Esta victoria es muy valiosa para mí porque Junto Nakatani también es un atleta del top libra por libra», dijo, después de admitir que se sentía sobre todo aliviado.

Los dos se abrazaron al sonar la campana final. Inoue le dijo a Nakatani que había peleado como un verdadero campeón; el retador respondió que había sido un honor compartir el ring con el mejor del mundo.

Por qué este combate importaba tanto

La cita concentraba varias cosas a la vez. Enfrentaba a dos invictos del mismo país, ponía en juego todos los cinturones de una división y se disputaba en el estadio más simbólico del deporte japonés.

El aforo, eso sí, tenía precedente inmediato y era del propio Inoue. En mayo de 2024 llenó ese mismo Tokyo Dome con los mismos 55.000 espectadores para noquear al mexicano Luis Nery, en la primera velada de boxeo que acogía el recinto desde el Tyson-Douglas de 1990.

Lo inédito, por tanto, no era el tamaño sino el cartel. Nunca se habían medido en Japón dos púgiles locales invictos, los dos en la parte alta del libra por libra, con cuatro cinturones sobre la mesa: por eso se vendió como el combate más importante de la historia del boxeo japonés.

Qué significa seguir invicto en las 122 libras

Inoue llevaba años instalado en la conversación del mejor libra por libra del planeta, y esta defensa cerró el debate. Tras Tokio, The Ring, la Transnational Boxing Rankings Board y BoxRec le colocaron en el número 1, por delante de Oleksandr Usyk.

El supergallo es además una división que él mismo unificó, lo que le deja en una posición incómoda para la competencia: cualquier aspirante tiene que arrebatarle cuatro cinturones de una vez, y no uno solo como sería habitual.

Nakatani era, sobre el papel, el rival mejor situado para intentarlo. Campeón del mundo en tres categorías distintas, zurdo, más alto y más largo, llegaba como algo más que un retador de conveniencia construido para vender entradas.

Lo que queda después

La derrota no descarta a Nakatani. A los 32-1 y con 28 años sigue siendo uno de los nombres mayores de las categorías bajas, y una revancha se vende sola después de una noche que llenó el Tokyo Dome sin esfuerzo.

Para Inoue, el reto vuelve a ser el de siempre: encontrar rivales que justifiquen el listón. Cada defensa que suma estrecha el mapa de posibles adversarios dentro de su propia categoría de peso.

El combate deja además una lectura técnica útil para lo que venga. Nakatani demostró que a Inoue se le puede ganar asaltos cuando se le presiona de verdad, y que la diferencia estuvo en un accidente tanto como en la jerarquía.

Japón, mientras tanto, ha confirmado que puede llenar su estadio más grande con dos boxeadores propios, y por segunda vez en dos años. Es un dato que pesa en el calendario internacional, porque ese aforo no se llena en muchos sitios del mundo.