El ciclismo español está de luto. Ángel Arroyo, uno de los grandes referentes del pelotón nacional en los años ochenta, falleció en la noche del domingo en el Complejo Asistencial de Ávila a los 70 años, tras varios meses luchando contra una grave enfermedad.
Nacido en El Barraco (Ávila) en 1956, Arroyo firmó el mejor resultado de su carrera en el Tour de Francia de 1983, donde acabó segundo en la general y ganó una etapa, solo superado por el francés Laurent Fignon. Aquel podio supuso, además, el mejor resultado de un ciclista español en la ronda gala en una década.
Un año antes, en 1982, cruzó el primero la línea de meta en la Vuelta a España, aunque un positivo por dopaje en la decimoséptima etapa le costó una sanción de diez minutos que lo relegó al decimotercer puesto final. El título quedó en manos de Marino Lejarreta.
Tras retirarse en 1989, Arroyo se instaló en un lavadero de coches entre Ávila, Segovia y Collado Villalba y fundó la Peña Ciclista que lleva su nombre en El Barraco, cantera de la que salieron José María Jiménez, Paco Mancebo y Carlos Sastre, campeón del Tour en 2008.
Ávila ha decretado dos días de luto oficial y su capilla ardiente se instalará en el Palacio de Superunda. El ciclismo español despide a uno de los grandes nombres de los años ochenta.