Anoche se disputó en el Movistar Arena de Madrid el que seguramente haya sido el mejor partido de lo que va de Euroliga. El Real Madrid y el Panathinaikos ofrecieron un espectáculo memorable en el que los griegos terminaron llevándose el gato al agua tras un encuentro que tuvo que decidirse en la prórroga.

Un partidazo entre dos colosos de la Euroliga

Dimitris Diamantidis en la grada, Zeljko Obradovic en el banquillo y Sergio Llull estrenándose este curso en Euroliga. El partido aún no había arrancado en la capital de España y el Palacio de Goya presumía ya de reunir los ingredientes necesarios para deleitar a los amantes del baloncesto continental.

En un lado, el Real Madrid, 11 veces campeón, cuarto en la tabla e invicto en su pabellón desde noviembre del pasado año, cuando, tras caer precisamente ante el Panathinaikos, comenzó una racha de 19 triunfos consecutivos como local.

Enfrente, el Panathinaikos, rey de Europa en siete ocasiones, campeón en 2024, y líder de la competición con mano de hierro (siete victorias y solo dos derrotas). Eso sí, de los nueve duelos disputados desde el inicio del curso, los de Obradovic llegaban a Madrid habiendo jugado solo dos lejos del OAKA. Extraños caprichos del calendario.

Ayer, en su tercera salida del curso, el legendario técnico serbio ideó un plan sencillo: aprovechar el poderío de sus interiores en el rebote ofensivo, secar las ideas de Andrés Feliz con Brancou Badio y masacrar al Madrid desde la línea de los tres puntos.

Le funcionó la hoja de ruta a las mil maravillas en la primera mitad, cuando solo un Llull reservado al rol de desatascador pudo frenar la sangría griega con ayuda de Chuma Okeke y un fugaz Max Shulga.

El Panathinaikos, máximo favorito a la Euroliga junto al Olympiacos según las casas de apuestas deportivas, se cebó con los de Pedro Martínez desde la línea de 6,25 y la renta visitante alcanzó los 15 puntos en el ecuador del segundo cuarto.

Fue entonces, con el Madrid aún lamentando las ausencias de Maledon y Campazzo, además de las de Deck, Garuba y Jantunen, los dos primeros de vuelta dentro de dos semanas, y con los griegos mostrando su mejor versión ofensiva de toda la temporada, cuando los blancos se dejaron llevar por el acierto silencioso de su mejor hombre: Alberto Abalde.

El ferrolano selló el final de la primera mitad con un triple a contrarreloj que encendió al Palacio y redujo la diferencia del Panathinaikos a tan solo tres puntos.

«Tenemos muchas bajas y podemos poner las excusas que queramos, pero si estamos en el Real Madrid es porque podemos jugar partidos como estos», resumió Llull, de vuelta a su competición fetiche, antes de enfilar el túnel de vestuarios. «Ellos tienen un equipazo, pero esto es muy largo«, añadió en los micrófonos de Movistar+.

El dúo Francisco-Nunn, demasiado para Abalde

El Madrid conservó la fuerza del reprís para el inicio del tercer cuarto, cuando aparecieron dos invitados inesperados: Damian Jones y Gabriele Procida.

El primero se presentó al Movistar Arena con un mate salvaje, póster disponible desde esta misma mañana para colgar en cualquier habitación de la capital. No redujo el pívot estadounidense, sin embargo, su aportación a los muelles.

El bicampeón de la NBA con los Golden State Warriors encestó todo lo que lanzó con el reloj en marcha, incluidos dos triples que cayeron en el feudo de Goya como un balón de oxígeno cuando el Madrid más lo necesitaba.

Procida, por su parte, tuvo una de esas noches que bien podrían marcar su trayectoria en el Movistar Arena. A sus 24 años, y aún tomando velocidad de crucero en las mañanas dominicales de la Liga Endesa, el italiano dio un paso al frente bajo el foco continental para demostrarle a su afición que es capaz de responder cuando se le necesita.

Ninguno de los dos, no obstante, fue tan regular como Abalde, en trance durante toda la segunda mitad. El gallego, confiado como nunca, pidió el balón una y otra vez hasta marcharse a los 23 puntos, récord personal tras los 21 que había anotado con Valencia Basket en plena pandemia, allá por marzo de 2020.

Acompañó también Andrés Feliz, acostumbrado a llevar la batuta del equipo de Pedro Martínez, pero obligado más aún si cabe anoche tras las conocidas ausencias de Campazzo y Maledon.

No fue suficiente, sin embargo, ante el apabullante acierto exterior del Panathinaikos, aupado durante toda la noche por el francés Sylvain Francisco (19 puntos) y durante el tramo final por el estadounidense Kendrick Nunn, que, sin activar un solo músculo de la cara, se marchó hasta los 33 puntos, 25 de los cuales llegaron entre el último cuarto y la prórroga.

La cautela de Pedro Martínez ante el calendario

Sin varios titulares, y con Smith, Luwawu-Cabarrot o Pradilla visiblemente espesos entre tanta camiseta verde, el Madrid llegó al alargue vivo, pero sin ases bajo la manga, por lo que naufragó en un partido que, pese a sellarse con derrota, no genera dudas en la capital.

«Creo que no es bueno hacer un análisis de blanco o negro después de un partido, menos aún después de una derrota como esta», opinó Pedro Martínez tras la conclusión. «No debemos dramatizar cuando perdemos ni pensar cuando ganamos que todo el monte es orégano«.

«Los jugadores está claro que lo intentan; lo intentan en el día a día, lo intentan en los partidos, y hay días que las cosas salen mejor y otros que salen peor«, añadió el técnico barcelonés, que conquistó en septiembre su primer título de blanco, la Supercopa de la Euroliga, lidera invicto la Liga Endesa y cae ahora a la novena posición en la máxima competición continental.

Así, el Madrid recibirá al UCAM Murcia este domingo (19.00, Movistar+) antes de afrontar un mes cargado de incómodos compromisos: Estrella Roja (casa), Baskonia (fuera), Besiktas (fuera), Olympiacos (fuera), Joventut (casa), Zalgiris (casa) y Barcelona (casa). Tramo sin duda significativo para testar el proyecto de Pedro Martínez en la calle Goya.