El Falcons-Bengals del domingo 8 de noviembre (15:30, hora peninsular) es el segundo partido de la liga en Madrid y el primero de un contrato que ata a la NFL al Bernabéu hasta 2027. Detrás hay dinero público, un estadio que necesita eventos y una liga que quiere crecer fuera de casa.
Dos años firmados y uno en el cajón
La NFL anunció el 2 de febrero de 2026 un acuerdo plurianual con el Real Madrid, el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. El texto garantiza un partido de temporada regular en 2026 y otro en 2027, los dos en el Bernabéu. Es la primera vez que la liga se compromete con España más allá de una cita suelta.
Según La Vanguardia, el contrato incluye una tercera temporada opcional, la de 2028. Dicho de otro modo, la NFL no ha comprado Madrid para siempre: ha cerrado una ventana de dos años con derecho a quedarse. Durante ese periodo, la capital es la sede exclusiva de la liga en España, de modo que ningún otro estadio del país puede aspirar a un partido oficial.
La comparación con Londres ayuda a medir el paso. El Tottenham Hotspur Stadium tiene firmados al menos dos partidos por temporada hasta la 2029/30 y presume del título oficial de casa de la NFL en Reino Unido. Madrid está todavía en otra fase: un partido al año, firmado hasta 2027, y pendiente de que los números de cada edición acompañen.
Por qué el Bernabéu y no otro estadio
La NFL anunció el 9 de febrero de 2024 su primer partido en España, para 2025 y junto al Real Madrid. Los técnicos de la liga habían visitado el Bernabéu y el Metropolitano, y se inclinaron por el estadio recién reformado. El estreno, el 16 de noviembre de 2025, acabó 16-13 para los Miami Dolphins ante los Washington Commanders, en la prórroga.
Aquella tarde se sentaron 78.610 espectadores en Chamartín. El Ayuntamiento cifró después el impacto económico en más de 70 millones de euros para la ciudad, con 42.000 turistas internacionales y ocupaciones hoteleras del 90% en Centro, Chamartín y Chamberí. Según la Comunidad, cerca de la mitad del público llegó desde el extranjero.
Para el Real Madrid, la NFL resuelve un problema de negocio. Los conciertos en el Bernabéu llevan más de un año suspendidos por el ruido, y la liga es la gran apuesta para explotar el estadio fuera del fútbol. El césped retráctil, que se guarda bajo tierra, y el parón de selecciones de noviembre dejan hueco para montar un campo de 120 yardas.
Quién paga y qué compra Madrid
La factura pública del primer partido es conocida. En 2025, Ayuntamiento y Comunidad firmaron contratos de patrocinio por 3,3 millones de euros entre las dos administraciones: 1,8 millones del consistorio, IVA incluido, y 1,5 de la Comunidad. A cambio, Madrid obtuvo presencia de marca en el partido y en las redes sociales de la liga.
El objetivo declarado es turístico. Los dos gobiernos justificaron el gasto porque, según el Ayuntamiento, Estados Unidos es el primer mercado turístico de Madrid, tanto por llegadas como por gasto por turista. La NFL es, para ellos, una forma directa de poner el nombre de la ciudad delante de ese público, en una retransmisión que en 2025 superó los seis millones de espectadores.
La operación se repite este año. El Consejo de Gobierno de la Comunidad aprobó en mayo otros 1,5 millones para patrocinar el Falcons-Bengals. La lógica es la misma que en 2025: pagar por el escaparate y medir después el retorno en hoteles, restaurantes y visitantes extranjeros.
Madrid en el tablero internacional de la NFL
La NFL juega en 2026 nueve partidos de temporada regular fuera de Estados Unidos, un récord, repartidos entre Australia, Brasil, Reino Unido, Francia, España, Alemania y México. Melbourne, Río de Janeiro y París se estrenan como sedes. Madrid ya no es la novedad del año, sino una parada fija del calendario europeo de la liga.
Detrás está el Global Markets Program, que desde 2022 reparte entre los 32 equipos derechos de marketing en mercados extranjeros. En España los tienen los Chicago Bears, los Kansas City Chiefs y los Dolphins. La liga calcula que el país suma 11 millones de aficionados, la misma cifra que maneja la Comunidad de Madrid para justificar su patrocinio.
Ni los Falcons ni los Bengals figuran en esa lista. Es un matiz revelador: Madrid funciona como un escaparate de la liga entera, no de un club. Los Dolphins aprovecharon 2025 para presentarse ante su mercado; en 2026 la NFL pone en el Bernabéu a dos equipos sin intereses locales y confía en que el producto se sostenga solo.
La ambición de fondo es mayor. Roger Goodell, comisionado de la NFL, ha repetido que quiere 16 partidos internacionales por temporada, uno para cada equipo. El convenio con los jugadores permite hoy hasta diez, y los propietarios aprobaron en mayo subir el límite de ocho a diez como pronto en 2027. Cada sede europea con contrato vale más con ese horizonte.
Lo que puede torcer el plan
El riesgo no está en la grada, sino en los juzgados. La Asociación Vecinal de Perjudicados por el Bernabéu recurrió la autorización municipal que permitió superar los límites de ruido en el partido de 2025, y un juez admitió la demanda a trámite en octubre. Los vecinos ya habían logrado frenar los conciertos y tumbar el proyecto de aparcamientos del estadio.
La demanda apunta al artículo 19 de la ordenanza municipal de ruido, el que permite rebasar los límites en eventos de interés general. Si prospera, el formato de espectáculo con conciertos queda en el aire para 2027, el año que cierra el contrato, aunque este año Manuel Turizo actúa en el descanso. Es la variable que ni la NFL ni el Real Madrid controlan.
Tampoco hay todavía equipos ni fecha para el partido de 2027. En 2026, rivales y fecha no se conocieron hasta mayo. Todo indica que la opción de 2028 se decidirá con esta edición y con la siguiente: asistencia, audiencia, retorno turístico y la paz con el barrio.
La primera edición dejó cifras que justificaron la renovación, y la segunda servirá para fijar su precio. Con dos años firmados y una opción guardada, el Falcons-Bengals funciona también como examen de lo que vale Madrid para la NFL, más allá de quién gane el domingo en Chamartín.