Tres récords de España en un solo invierno bajo techo

Attaoui en 1.000, Llopis en 60 vallas y Marta García en 3.000: el invierno bajo techo de 2026 dejó tres récords de España y una generación con fondo.

Mohamed Attaoui corre en el grupo de cabeza durante la final de 800 metros del Europeo de Birmingham
Mohamed Attaoui, junto al irlandés Mark English, el croata Marino Bloudek y el español David Barroso, durante la final de 800 metros del Campeonato de Europa de atletismo en el Alexander Stadium de Birmingham, el 13 de agosto de 2026. REUTERS/Dylan Martinez

El atletismo español encadenó un invierno bajo techo de récords: Mohamed Attaoui, Enrique Llopis y Marta García firmaron plusmarcas nacionales en tres distancias distintas. Detrás de las marcas asoma una generación con mucho fondo.

Un invierno de plusmarcas encadenadas

Entre enero y marzo de 2026, la temporada de pista cubierta española se llenó de plusmarcas. En apenas dos semanas cayeron tres récords nacionales absolutos, y el invierno se cerró en el Mundial indoor de Torun, en Polonia, con dos medallas de plata para España.

Las tres marcas se explican mejor juntas que por separado. No hubo un golpe de suerte de un atleta iluminado: fueron la parte visible de una generación con más profundidad de la que el atletismo español acostumbra a tener a la vez.

Attaoui y el kilómetro más rápido de Europa

El primer golpe llegó el viernes 6 de febrero de 2026 en Madrid. En la pista de Gallur, Mohamed Attaoui ganó los 1.000 metros del World Indoor Tour con 2:14.52 y batió el récord de Europa bajo techo. Se quedó a 32 centésimas del récord mundial.

La carrera tuvo tensión hasta el final. Attaoui pasó los 400 en 53.12 y los 800 en 1:47.58, guiado por dos liebres y unas luces led en el borde de la pista. Un fallo del último marcaritmos le obligó a abrirse en la penúltima recta y pudo costarle el récord mundial.

La plusmarca continental resistía desde el año 2000, cuando el danés Wilson Kipketer corrió en 2:14.96. Attaoui la mejoró y firmó la tercera mejor marca de la historia bajo techo en la distancia, solo por detrás del yibutiano Ayanleh Souleiman (2:14.20 en Estocolmo, 2016) y del estadounidense Josh Hoey.

Conviene precisar que hablamos del ranking en pista cubierta: al aire libre el cántabro ya tenía otra marca entre las mejores de siempre.

No fue un pico suelto. Ese mismo invierno Attaoui había corrido 3:35.65 en 1.500 en Antequera, el 17 de enero de 2026, y 1:44.98 en 800 en los Millrose Games de Nueva York. Es una acumulación de registros que el mediofondo español no veía desde hacía mucho.

En la misma carrera dejó atrás a dos campeones internacionales de 800, Mariano García (2:16.40) y Adrián Ben (2:16.80).

El cántabro, criado en Torrelavega, ya había avisado antes: en 2024 firmó en su noche de Mónaco el récord de España de 800 con 1:42.04, la novena mejor marca de la historia mundial, y fue quinto olímpico en París. Nacido en Beni Melal, vive en Torrelavega desde los seis años y tiene la nacionalidad española desde 2021.

Llopis rebaja el récord de las vallas cortas

Esa misma noche en Gallur, antes de la prueba de Attaoui, Enrique Llopis ya había dado el primer aviso. El valenciano corrió los 60 metros vallas en 7.45 y batió el récord de España, rebajando en tres centésimas el 7.48 que compartía con Orlando Ortega.

Gandiense y de 25 años, Llopis llevaba media carrera peleando con la mala suerte. Arrastraba su caída en Estambul de 2023 y cuatro cuartos puestos seguidos en grandes finales, entre ellos la olímpica de París 2024. El invierno de 2026 le cambió el guion.

Entre medias, en el mitin de Lievin, repitió 7.45 y compartió victoria con el francés Just Kwaou-Mathey tras un empate hasta las milésimas. Aquel crono le colocó tercero del ranking mundial del año y confirmó que la marca de Madrid no fue casual.

La progresión no se detuvo. En el Mundial de Torun corrió los 60 vallas en 7.42 el 21 de marzo de 2026 y se colgó la plata. Fue su primera medalla en un gran campeonato bajo techo tras años de finales sin premio.

Marta García y el fondo que ya vuela

El tercer récord fue el de Marta García. El 19 de febrero de 2026, en el mitin de Lievin, la fondista corrió los 3.000 metros en 8:34.28 y pulverizó su propia plusmarca nacional bajo techo. Rebajó en más de cuatro segundos el 8:38.34 que tenía desde 2024.

Su historia con la pista cubierta viene de lejos. En enero de 2024, en Boston, ya había batido el récord de España de 5.000 y de 3.000 en short track, con la mínima olímpica de París incluida. Desde entonces no ha dejado de recortarse a sí misma.

Acabó cuarta, y no por falta de nivel: por delante entraron la etíope Freweyni Hailu, campeona mundial bajo techo, y la italiana Nadia Battocletti. La castellanoleonesa, de 28 años, es la atleta que borró a Marta Domínguez del libro de récords.

La marca de Lievin fue su séptimo récord de España absoluto y la decimoquinta mejor europea de la historia en la distancia. Bronce en los 5.000 de Roma 2024 y séptima en el Mundial de Tokio 2025, García sostiene el fondo femenino español casi en solitario.

Por qué tres marcas juntas no son casualidad

Tres récords en tres disciplinas distintas —mediofondo, vallas y fondo— en el mismo invierno no salen de la nada. Responden a una base más ancha: más atletas entrenando a alto nivel, más apoyo federativo y una competición interna que empuja hacia arriba.

En Torun, además, España sumó una plata en el relevo mixto, la otra medalla del invierno. El combinado ya no vivía de una sola figura: mediofondistas, vallistas y fondistas competían arriba a la vez, algo que no era habitual una década atrás.

El mejor síntoma es lo que rodea a cada plusmarca. Attaoui batió su récord ganando a Mariano García y Adrián Ben, dos campeones mundiales de 800 bajo techo. En el 1.000, otra española, Rocío Arroyo, bajó de dos minutos en 800 esa misma noche.

La pista corta premia un tipo de corredor concreto: potente en la curva cerrada y capaz de sostener el ritmo sin sitio para esconderse. Que España tenga récords en distancias tan distintas dice que el trabajo de base ya no produce un solo perfil de atleta.

Los tres protagonistas rondan una franja parecida: Llopis con 25 años, García con 28, Attaoui todavía por debajo. Ninguno vive una explosión puntual condenada a apagarse: forman un grupo con margen para pelear en los próximos grandes campeonatos.

El aire libre es otra historia: los cronos cuentan distinto y los rivales aprietan más. Pero el invierno de 2026 dejó un mensaje difícil de discutir: el atletismo español tiene ahora más de un nombre al que agarrarse, y no en una sola distancia.