La ATP estrena una regla del calor con termómetro propio
No es la temperatura, es el WBGT: la ATP estrena en 2026 una regla del calor por índice y el US Open de agosto será su primera gran prueba.
El tenis masculino deja de medir el calor a ojo. Desde 2026, la ATP fía la decisión a un índice que combina temperatura, humedad, sol y viento, y el US Open de Nueva York llega a finales de agosto como su primera gran prueba de fuego, aunque el torneo se rija por su propio protocolo.
Por qué el tenis dejó de fiarse del termómetro
Durante años, parar un partido por calor dependió del criterio de un supervisor sobre el terreno, que miraba el termómetro y consultaba a los médicos. El problema es que el aire a 30 grados no agota igual con humedad seca que con un 80% de saturación. El termómetro solo cuenta media historia.
La respuesta se llama Wet Bulb Globe Temperature, o índice WBGT: temperatura de globo y bulbo húmedo. No es un termómetro, sino una fórmula que mezcla cuatro variables —calor, humedad, viento y radiación solar— en una sola cifra. Mide el estrés que soporta el cuerpo, no el aire.
El índice no es nuevo. Lo diseñó el ejército de Estados Unidos a mediados del siglo pasado para decidir cuándo era peligroso entrenar a los soldados al sol. La lógica es sencilla: el cuerpo se refrigera sudando, y si el aire ya está cargado de agua, el sudor no evapora. Sin evaporación no hay refrigeración.
Dos números que deciden si se juega
La ATP fijó dos umbrales claros, los mismos que ya usaba el circuito femenino. Uno abre una pausa para refrescarse; el otro directamente detiene el juego. Ambos se aplican a los partidos al mejor de tres sets, el formato habitual de los torneos del circuito. Dos números ordenan toda la decisión.
| Índice WBGT | Qué se activa |
|---|---|
| 30,1 °C o más (en los dos primeros sets) | Pausa de enfriamiento de 10 minutos tras el segundo set |
| Por encima de 32,2 °C | Suspensión del partido |
Cuando el índice alcanza 30,1 grados en alguno de los dos primeros sets, cualquiera de los dos jugadores puede pedir 10 minutos de descanso tras el segundo. Durante la pausa pueden ducharse, cambiarse, hidratarse y hablar con su entrenador. La pausa se aplica a los dos jugadores, la pida quien la pida.
La propia ATP enmarcó el cambio como una cuestión de salud. Su comunicado habló de un enfoque «estructurado y con respaldo médico» para proteger a los jugadores, pero también a jueces de silla, recogepelotas, personal y público. El calor golpea a toda la pista, no solo a quien compite.
El detonante llegó desde Shanghái
El origen tiene fecha y lugar: el Masters 1000 de Shanghái, en octubre de 2025. Con una humedad por encima del 80%, siete jugadores se retiraron a mitad de partido a lo largo del torneo. La imagen encendió todas las alarmas.
Jannik Sinner defendía título y acabó incapaz de andar por los calambres en el muslo derecho: se retiró en el set decisivo de su partido de tercera ronda contra Tallon Griekspoor.
Novak Djokovic vomitó en pista durante su victoria sobre Yannick Hanfmann y resumió después la semana: «Es brutal cuando tienes más de un 80% de humedad día tras día». Y Holger Rune soltó su frase en un tiempo muerto médico contra Ugo Humbert.
No fue un caso aislado. Aquel tramo asiático de 2025 dejó abandonos, mareos y tenistas tirados en el suelo pidiendo hielo, en un calendario que empuja los torneos hacia meses y ciudades cada vez más calurosos. El circuito se topó con su propio límite físico.
En pleno partido contra Ugo Humbert, el danés Holger Rune lanzó una pregunta que dio la vuelta al mundo: «¿Queréis que un jugador se muera en la pista?». No era la primera vez que un tenista lo decía en voz alta ante las cámaras. El malestar venía de lejos.
Dos años antes, en el US Open de 2023, Daniil Medvedev ya había mirado a la cámara entre jadeos para avisar de que un tenista podía morir en aquellas condiciones. Nueva York, en pleno verano húmedo, lleva tiempo siendo el laboratorio del problema. El aviso no era nuevo.
Qué cambia de verdad para el US Open
Lo decisivo no es la pausa en sí, es lo que unifica. Hasta 2025, cada torneo del circuito masculino gestionaba el calor a su manera; ahora hay un umbral único, en la línea del que la WTA aplica desde 1992. El tenis masculino deja de improvisar.
Conviene decir hasta dónde llega, porque no llega a todas partes: la norma rige en los torneos que organiza la ATP, es decir los ATP 250, 500 y Masters 1000. Los cuatro Grand Slams quedan fuera y siguen con su propia política, empezando por el US Open.
Así que Nueva York no es el primer torneo gobernado por la nueva regla: es la primera gran cita en la que se verá si el deporte se ha puesto al día.
El US Open mantiene su protocolo, y en Nueva York los hombres juegan al mejor de cinco sets, con la pausa tras el tercero y no tras el segundo. Dos reglamentos distintos, el mismo calor.
El trasfondo es más grande que un torneo. El calendario ha ido empujando pruebas grandes hacia meses y ciudades más calurosos, y la gira asiática de 2025 dejó claro que el problema ya no se resuelve caso a caso. El calor dejó de ser una anécdota del verano.
Y ahí está lo que se juega a finales de agosto. El US Open arranca el 30 de agosto de 2026 en Flushing Meadows, cuando Nueva York suele rondar los 30 grados con una humedad que asfixia. Es el gran examen del protocolo.
El umbral que ya divide al vestuario
No todo el mundo aplaudió. Varios especialistas señalan que el umbral de 30,1 grados es alto: con poca humedad, el índice puede quedarse corto aunque el termómetro marque cifras extremas. La crítica apunta a que la cifra prioriza jugar sobre parar. El límite reabre el debate sobre dónde está la seguridad.
Melbourne ya conocía el problema
El precio físico está documentado. En el Open de Australia de enero de 2024, el calor llevó a los tenistas al límite, con vómitos, golpes de calor y calambres que obligaron a intervenir a los servicios médicos. El cuerpo humano tiene un techo que ningún ranking cambia.
Melbourne, además, no improvisa: lleva años deteniendo partidos con su escala de calor extremo. La regla del calor extremo se ganó su sitio a base de sustos, y la ATP llega ahora a ese mismo punto con más de tres décadas de retraso sobre el circuito femenino. Nadie puede decir que no avisaban.
El US Open dirá si el índice funciona o si el umbral se queda corto cuando Nueva York apriete de verdad. Por ahora, el tenis masculino tiene por fin una regla escrita para el calor, y no la interpretación de un supervisor mirando al cielo. El termómetro ya no manda solo.