La última vez de Ale Salazar en Madrid: adiós con una espina
Alejandra Salazar juega su último Premier Padel en casa: siete Mundiales, cuatro veces número uno y una espina, el título que nunca ganó.
La madrileña Alejandra Salazar afronta a finales de agosto el que será su último Premier Padel en casa, en el Movistar Arena, antes de retirarse al terminar 2026.
Siete Mundiales, cuatro veces número uno y 52 títulos de World Padel Tour la avalan como la jugadora más laureada de la historia, pero llega a esa cita con una espina: en el circuito Premier, el que hoy manda en el pádel, todavía no ha ganado nada.
Una despedida con fecha y con escenario
El Comunidad de Madrid Premier Padel P1 disputa su cuadro principal en el Movistar Arena del 1 al 6 de septiembre y es la última parada española del circuito antes de las Finals de Barcelona.
Para casi todas las jugadoras es un torneo más del calendario; para Salazar, nacida en Madrid en 1985, es el último gran adiós ante los suyos. Anunció su retirada en julio de 2025, en una entrevista con MARCA, y desde entonces no se ha movido un milímetro de esa decisión.
No estamos ante una biografía cerrada, sino ante una cuenta atrás. Cada torneo de este 2026 lleva la etiqueta del último, y la parada madrileña concentra toda la carga emocional por un motivo evidente: juega en su ciudad por última vez.
La propia jugadora lo verbalizó al arrancar la temporada, cuando reconoció que quería disfrutar de cada partido como si fuera el definitivo, consciente de que la despedida no admite ensayos.
El palmarés de una jugadora irrepetible
Repasar lo que ha ganado obliga a mirar hacia arriba. Salazar suma siete Campeonatos del Mundo con España, en 2010, 2014, 2016, 2018, 2021, 2022 y 2024, una cifra que la sitúa por delante incluso de Fernando Belasteguín y que la convierte en la más ganadora en la historia mundialista.
A eso añade 52 títulos de World Padel Tour, el registro más alto del circuito femenino, cosechados junto a compañeras de época como Marta Marrero, Ari Sánchez o Gemma Triay.
Su nombre estuvo cuatro veces en lo más alto del ranking mundial. Llegó al número uno en 2009 junto a Carolina Navarro, repitió en 2016 con Marrero y encadenó 2021 y 2022 al lado de Triay, con quien formó la pareja más dominante de su época.
Ese dúo, que ella misma señala como el mejor de toda su carrera, se rompió de forma abrupta y, según ha confesado, todavía carga con el arrepentimiento de no haberlo recuperado.
La espina que ningún título tapa
Y sin embargo, la conversación siempre vuelve al mismo hueco. El circuito Premier Padel nació en 2022 y desde entonces reordenó el pádel profesional, pero hasta este verano Salazar no había levantado ninguno de sus torneos.
Ha rozado el título y ha disputado finales, sin embargo ese trofeo se le sigue resistiendo, y es precisamente el capítulo que ella misma reconoce que le falta para cerrar el álbum de una carrera casi perfecta.
No lo esconde en ninguna entrevista. Ha repetido que su último deseo deportivo es ganar un torneo del Premier Padel, y la gira de verano, Málaga, Pretoria y Londres, ya ha quedado atrás sin que lo consiguiera: dieciseisavos en Málaga, semifinales en Pretoria, su mejor resultado, y dieciseisavos de nuevo en Londres.
Por eso la espina llega intacta a Madrid. El torneo de casa se convierte así en su última bala para transformar la carrera de lo que le falta en la de lo que consiguió.
Una pareja nueva para el último asalto
La recta final llega, además, con un cambio de compañera de por medio. Salazar arrancó 2026 junto a Alejandra Alonso, la joven promesa vallisoletana, pero el proyecto se terminó a mitad de curso tras una etapa de altibajos cuyo mejor resultado fueron las semifinales del P1 de Buenos Aires.
Esa ruptura volvió a agitar el mercado femenino en pleno julio, con un efecto dominó que reordenó media zona noble del ranking.
Desde el torneo de Málaga, su nueva compañera es la argentina Aranza Osoro, apodada la Vikinga, que ha regresado al revés para acompañarla en el drive.
Con ella afronta la gira previa a Madrid, tres pruebas de fuego que funcionan también como banco de ensayo para llegar acoplada a casa, porque el margen para engranar es mínimo y la despedida no perdona improvisaciones sobre la pista.
El proyecto que empieza cuando cuelgue la pala
Salazar no se marcha del pádel, cambia de silla. Desde hace años impulsa junto a varios socios GOAT Sports Management, una agencia de representación con la que quiere acompañar a jóvenes deportistas cuando cuelgue la pala.
Es, de nuevo, un proyecto español, y ayuda a entender por qué habla de su retirada sin dramatismo: tiene el día después ya resuelto y encara el adiós como un cambio de rol, no como un vacío.
Quedan, además, deseos que exceden la pista. Ha dicho que le gustaría ser madre y que carga con otra espina difícil de curar, la de no haber disputado nunca unos Juegos Olímpicos, un tren que el pádel todavía no ha alcanzado.
Son las cuentas pendientes de quien lo ha ganado casi todo menos eso, y quien afronta sus últimos meses con la serenidad de haberlo meditado durante más de un año.
Por eso su paso por el Movistar Arena a finales de agosto se leerá en dos claves a la vez.
Habrá homenaje, gradas en pie y una ovación larga para la mejor de la historia, alguien que ha superado lesiones de rodilla y de codo para seguir compitiendo con más de dos décadas a la espalda, pero también un partido de verdad, con una jugadora que todavía persigue el título que le falta.
Madrid tendrá enfrente, quizá por última vez en casa, a la Bandejandra que convirtió la constancia en leyenda.