El año roto de Fermín Aldeguer: dos fracturas, un podio y una Ducati oficial esperándole
Se rompió el fémur en enero y la vértebra T7 en Assen, y entre medias subió al podio de Montmeló. En 2027 llega al VR46 con material de fábrica.
Fermín Aldeguer llegó al Gran Premio de San Marino, disputado del 11 al 13 de septiembre en Misano, con una temporada partida en pedazos por el quirófano, y terminó cuarto. Dos fracturas le han roto el curso: el fémur izquierdo en enero, entrenando en un circuito privado, y la vértebra T7 en junio, en una caída en Assen.
Entre una cosa y la otra, con un clavo de 30 centímetros dentro de la pierna y caminando bastante peor de lo que pilotaba, se subió al podio de Montmeló. Es el resumen de un año raro que, aun así, termina con un ascenso: en 2027 será piloto oficial de Ducati en el equipo de Valentino Rossi.
Cuatro grandes premios vistos desde casa
La cuenta es cruda. De los 13 grandes premios disputados en 2026, Aldeguer se ha perdido cuatro: Tailandia, por el fémur, y Assen, Sachsenring y Silverstone, por la vértebra. Casi un tercio del calendario perdido, sin sumar un solo punto en ninguno de esos fines de semana.
La primera fractura llegó el 8 de enero en el Aspar Circuit de Guadassuar, en una tanda privada con motos de calle que había organizado Marc Márquez. Perdió el tren trasero al reducir en la curva 1, salió despedido y fue operado al día siguiente en Barcelona, en el Hospital Universitari Dexeus.
El diagnóstico fue una fractura en la diáfisis del fémur izquierdo, un hueso grande que necesita entre cinco y seis meses para soldar del todo. Se cayó de los dos test de pretemporada, en Sepang y en Buriram, y también del estreno del Mundial: Michele Pirro ocupó su moto en Tailandia.
«Estoy cojo un poquillo, pero voy peor andando que en moto»
La frase la soltó en marzo, en Goiania, antes del Gran Premio de Brasil, que acabó siendo su primera carrera del año. Ningún parte médico explica mejor con qué reapareció: iba mejor sobre la moto que de pie, con el clavo dentro y el fémur todavía a medio consolidar.
El dolor tampoco era cosa de unas semanas. El propio piloto avisó de que lo arrastraría hasta que le retirasen el clavo de la pierna, una segunda intervención prevista para final de año. Traducido: toda la temporada compitiendo con dolor, sin pretemporada y adaptándose sobre la marcha a la Ducati GP25.
Con ese cuadro se plantó el 17 de mayo en Montmeló. Salió decimoquinto en la carrera más accidentada en años, con dos banderas rojas y tres salidas, y fue subiendo posiciones hasta cruzar tercero. La sanción de 16 segundos a Joan Mir por presiones de neumáticos le dio después su primer podio de la temporada.
Lo que enseñó cuando el cuerpo le dejó tranquilo
En junio, ya con la pierna algo más fina, apareció por fin el Aldeguer que se esperaba. El día 6 clasificó tercero en Balaton Park y completó la primera fila junto a Marc Márquez y Pedro Acosta, en lo que él mismo definió como su mejor fin de semana del año.
Dos semanas más tarde, en Brno, lideró el warm up del domingo por delante del propio Márquez y acabó séptimo la carrera. No es un dato de portada, pero sí el síntoma de que el ritmo iba claramente hacia arriba justo antes de que el año se le rompiera por segunda vez.
Hay además un patrón que se repite. En Montmeló salió decimoquinto y acabó en el podio; en Aragón salió undécimo y remontó dos veces hasta la sexta plaza. Él mismo admitió que en Alcañiz cometió errores en la clasificación: el sábado le penaliza más que el domingo.
Nada de esto salió de la nada. En 2025 fue el mejor debutante del campeonato, terminó octavo en la general y ganó en Mandalika con 20 años y 183 días, el segundo ganador más joven de MotoGP por detrás de Marc Márquez. Ya en la sprint de Le Mans había avisado de por dónde iba.
La grava de Assen y dos meses de sofá
El 26 de junio, en la Práctica del viernes, se fue al suelo a gran velocidad en la curva 11 de Assen y dio vueltas sobre la grava hasta detenerse. El médico jefe del campeonato, Ángel Charte, lo declaró no apto ese fin de semana: la caída le rompió la vértebra T7.
La recuperación fue lenta a propósito. Estuvo un mes entero sin hacer nada y solo después empezó a entrenar de verdad. El 19 de agosto volvió a subirse a una moto, una Panigale, en el circuito de Cartagena, y días más tarde rodó en Misano en una jornada de su marca de equipación.
Reapareció en MotorLand, del 28 al 30 de agosto, con el visto bueno de la clínica del circuito. Salió undécimo y firmó dos sextos puestos en su regreso, 14 puntos que le devolvieron al top 10 del Mundial: décimo con 90, a 166 del líder, Jorge Martín, tras adelantar a Luca Marini.
Su lectura del regreso fue menos complaciente que el cronómetro. «No estamos aquí para quedar siempre en el top 5», avisó tras la carrera, después de contar que la espalda quedó consolidada, pero con un aplastamiento vertebral que, en sus propias palabras, ya se le queda ahí.
Lo que se juega en el equipo de Rossi
El 26 de agosto, dos días antes de reaparecer, el VR46 hizo oficial su fichaje para 2027 y 2028. Deja el Gresini, donde aterrizó al subir a MotoGP, y llega a Tavullia con estatus de piloto oficial de Ducati Corse: tendrá una Desmosedici de fábrica.
La decisión no fue suya. Ducati ejecutó en marzo, durante el fin de semana de Brasil, la cláusula del contrato 2+2 que firmó siendo piloto de Moto2 y le comunicó dónde correría: el destino lo eligió Ducati. Aldeguer repitió siempre que, de poder elegir, no se movía del Gresini.
El cambio importa por lo que llega en 2027: motores de 850cc, menos aerodinámica, sin dispositivos de altura y neumáticos Pirelli en lugar de Michelin. Nadie tendrá moto del año anterior, así que el material de fábrica desde el primer día pesa; su objetivo declarado es aspirar al top 5 de forma constante.
Misano, decimocuarta cita de las 22, ya quedó atrás con ese cuarto puesto, y quedan las ocho citas que vienen detrás. Con la espalda ya consolidada y la operación de la pierna aplazada al invierno, a Aldeguer le quedan ocho fines de semana para responder a la única pregunta que importa: cuánto vale este piloto sano.