Un cruce parejo y de ida y vuelta
Brasil y Japón se ven las caras en el Mundial con una propuesta parecida: dos selecciones a las que les gusta tener el balón, pisar área rival y competir de tú a tú. No se intuye un favorito claro, y esa igualdad suele desembocar en un partido abierto, con ocasiones a un lado y a otro.
Brasil: pegada arriba, grietas atrás
La canarinha conserva su sello ofensivo y llega con peligro de forma continua —su ataque, con Vinícius al frente, es de los más temibles del torneo—, pero su retaguardia no transmite la solidez de antaño. Cuando se vuelca al ataque deja espacios, y contra un rival ordenado eso se acaba pagando.
Japón: orden y verticalidad sin complejos
Japón ha hecho de la organización y de las transiciones rápidas su mejor herramienta. Con el portero de Japón en un buen momento y una salida vertical, casi nunca se marcha de vacío y, ante un Brasil que se estira, encontrará vías para inquietar la portería rival.
Por qué vemos goles en las dos porterías
Con dos equipos que proponen y dos defensas permeables, lo natural es que ambos marquen. No hace falta un festival: basta con que cada selección aproveche alguna de las ocasiones que el choque promete repartir.
Nuestra apuesta
Nos quedamos con el «ambos equipos marcan: sí»: el partido pinta de ida y vuelta y las dos porterías parten expuestas.