La primera derrota del Burgos esta temporada en El Plantío evidenció que al conjunto de Sergio Francisco, de identidad contragolpeadora en los últimos años, le está costando ganar dominando la posesión.

La identidad del Burgos, aún en construcción

Pasar de un libro de estilo como el de Ramis al de Sergio Francisco supone un giro de 180 grados para la identidad futbolística de un club. Luis Miguel Ramis fue capaz de crear una máquina competitiva que dejó de ser un simple equipo incómodo y se posicionó como un candidato al playoff. Con una estructura sólida, dotó de orden defensivo a su equipo, aprendiendo a navegar en marcadores cortos donde la portería a cero era su precepto más importante.

A nivel ofensivo, el contragolpe y la proyección por banda convirtieron al Burgos en un equipo eficaz que no necesitaba un amplio volumen de ocasiones para ganar . Con la llegada de Sergio Francisco y manteniendo buena parte de la columna vertebral del año pasado, el Burgos está demostrando que quiere crecer sobre los cimientos ya edificados sin tener que romper con ellos.

Construir e innovar sobre el legado de Ramis

El técnico irundarra afronta un año clave en su carrera. Tras llegar la pasada temporada al primer equipo de la Real Sociedad, los malos resultados impidieron que cumpliera una vuelta entera al frente de los txuri-urdin. Este paso por LaLiga Hypermotion puede significar un impulso en su carrera para volver a la rueda de la Primera División.

El objetivo de Sergio Francisco en su nueva etapa en El Plantío pasa por que su equipo dé un paso adelante en la salida de balón y mejorar la circulación ante bloques bajos en campo contrario. Sin renunciar, por supuesto, a ese ADN reactivo tan exitoso que le ha acompañado en los últimos años en LaLiga Hypermotion. Su estructura, diferente a la de la Real Sociedad, permite que el equipo no tenga que cambiar demasiado su posicionamiento inicial con respecto al curso pasado al jugar en 4-4-2.

Los laterales siguen siendo cruciales para iniciar el juego, dar profundidad e interrumpir las transiciones rivales. Brais Martínez por la izquierda y Alberto Dadie por la derecha (hasta el pasado partido en el que volvió Álex Lizancos tras superar una lesión) han cubierto perfectamente esta necesidad.

Con la salida de Miguel Atienza a Leganés, era imprescindible encontrar un nuevo pivote de nivel. No solo en fase defensiva, sino también para ganar metros en ataque y finalizar jugadas. Pablo Galdames y Marcelo Expósito han dado un paso adelante. Y José Gragera y Unai Vencedor han sido fichajes de renombre para acompañar y mejorar esa demarcación.

La portería y la línea de centrales no han sufrido cambios y continúan los mismos del curso pasado. Todo lo contrario que en la delantera, donde la salida de Fer Niño obligó a Michu, el director deportivo, a buscar un recambio de garantías. A falta de uno, encontró dos: Álex Forés y Jon Karrikaburu, este último con características idóneas para jugar de espaldas y pugnar con los centrales.

A pesar del buen mercado del conjunto burgalés, la adaptación a este nuevo estilo exige tiempo. De un Burgos de ritmo bajo a un equipo de ida y vuelta. Sin ser un equipo que amase el balón como Castellón o Andorra, pretende adaptarse a contextos de partido donde pueda hacer daño a través del intercambio de golpes o controlar la pelota por momentos.

Sin embargo, esto último le está costando más en este inicio de temporada. Alternar registros para ser un equipo más completo sin perder su estructura se antoja clave para ser un candidato a algo grande.

La necesidad de dar un paso adelante con el balón

Este modelo permite a los ‘hijos del frío’ sentirse cómodos frente a rivales con recursos para asumir minutos de posesión larga. Tiene grandes jugadores para atacar el espacio, como Javi Llabrés o el canterano David González; y grandes lanzadores, como Curro Sánchez.

Sin embargo, contra el Granada, a pesar de coleccionar un 64% de la posesión de balón y tirar 23 veces, al equipo de Sergio Francisco le faltó acierto en los metros finales. Y es que el conjunto de Pacheta se sintió cómodo defendiendo el área y pudo sentenciar de penalti en el descuento de no haber sido por Ander Cantero.

En el intercambio de golpes, el Burgos es una amenaza evidente que aprovecha cualquier espacio para generar una ruptura. Encaja poco, defiende bien en espacios cortos y, con un envío largo, es capaz de estirarse para desestructurar al rival. Es el segundo equipo de la liga con más pases largos precisos. Sin embargo, con el balón tiene poca presencia ofensiva: dispara poco a puerta, siendo el segundo que menos lo hace de Segunda División.

El punto de calidad que le falta para ser un candidato al playoff

Sorprende que sea el único equipo que aún no ha marcado en jugadas de estrategia. La tradición reciente, con técnicos como Julián Calero o Bolo, mostraba al Burgos como un conjunto muy amenazante a balón parado para desbloquear partidos cerrados.

En cualquier caso, no necesita renunciar a sus virtudes de los últimos años para seguir creciendo. Su capacidad para competir, proteger espacios y atacar con velocidad constituye una base útil en una categoría donde los partidos suelen decidirse por detalles. Pero si quiere renovar su licencia para pelear de nuevo por el playoff, el siguiente avance pasa por conservar esa disciplina sin olvidarse de ser un equipo con buen trato de balón.