El Granada ha comenzado la temporada ilusionando a sus aficionados con partidos dinámicos y con protagonismo para la cantera. Sin embargo, el equipo de Pacheta todavía no ha completado una actuación redonda.

Una reconstrucción con problemas económicos

Cuando un club debe reiniciarse con restricciones económicas, puede elegir distintos caminos. El Granada, con poco más de 4 millones de euros de límite salarial, ha decidido reconstruirse a partir del talento formado en casa.

El club permanece atrapado en un proceso de venta a un grupo norteamericano que no termina de materializarse, arrastrando problemas económicos desde la etapa de Quique Pina y los Pozzo. La confección de la plantilla responde a esa nueva realidad: un mercado de bajo coste, integrado mayoritariamente por futbolistas libres y canteranos. Una entidad que reconoce pérdidas de 20 millones en dos temporadas no puede permitirse más dispendios.

El poder de la cantera

Pacheta no ha dudado en promocionar desde el filial perfiles que no tenía en la primera plantilla y que, por motivos económicos, resultaban inaccesibles en el mercado. Además de los galones entregados a Sergio Rodelas, han emergido cuatro nombres que ilusionan al granadinismo: Owen Emeka, Bourama Dembelé, Marvel Chinaza y Mario Jiménez Gambín. Los chaveas han tomado el protagonismo.

Emeka es internacional con España en categorías inferiores. Un extremo al que comparan con Jude Bellingham por su físico y que lleva semanas bajo el seguimiento de grandes clubes europeos. Este año renovó hasta 2029, con una cláusula de rescisión de 15 millones, después de que el Real Madrid se interesara por el prometedor futbolista malagueño de 17 años.

El poderoso central Bourama Dembelé también renovó el pasado verano hasta 2030. Mario Jiménez Gambín, futbolista versátil al que Pacheta suele situar en la banda derecha, aunque en Burgos comenzó por la izquierda, jugaba la temporada pasada en el juvenil A. En junio, el club anunció su renovación por tres temporadas, con la intención de que tuviera ficha del filial y se incorporara progresivamente al primer equipo.

La progresión de Marvel Chinaza ha sido todavía más meteórica. Formado en su país natal y en Polonia, dio el salto al Plasencia de la Primera División Extremeña, sexta categoría del fútbol español, en 2025. Allí fue máximo goleador, logró el ascenso a Tercera RFEF y conquistó la Copa de Extremadura. Su temporada llamó la atención del Granada, que lo fichó para el filial y poco después lo renovó con contrato del primer equipo hasta 2030.

Pacheta buscaba un delantero centro capaz de cargar el área y le dio la oportunidad a Chinaza. En apenas un año, el atacante nigeriano pasó de competir en una categoría autonómica a disponer de contrato profesional en LaLiga Hypermotion.

Los cuatro casos responden a un patrón. Durante años, la cantera del Granada permaneció en el anonimato hasta la irrupción de Samu Aghehowa en el Metropolitano. Su pérdida repentina transformó por completo el paradigma del fútbol formativo nazarí. A partir de entonces, el club buscó perfiles físicos y dominantes (similares al de Samu) en ligas regionales, con la intención de incorporarlos a la cantera y rentabilizarlos en el futuro.

Esta estrategia se ha ido reflejando con los traspasos realizados por la entidad. En Suleymane Faye, extremo cedido en el Lorient por el Sporting de Portugal; en Óscar Nassei, central del Real Madrid Castilla; y en Bryan Zaragoza, cuyo traspaso al Bayern de Múnich dejó una cantidad cercana a los 15 millones en la caja granadinista.

Un equipo que muta tras el descanso

Pacheta tiene clara su idea de juego, articulada alrededor de un 4-3-3, aunque en Zubieta apostó por una defensa de cinco que no funcionó. El propio entrenador reconoció su error en la rueda de prensa posterior y anunció que recuperaría la estructura habitual en los siguientes encuentros.

Así lo hizo en El Plantío. Repitió con José Arnáiz como delantero, acompañado por Rodelas y Gambín en los extremos, y con su centro del campo de confianza: Gumbau, Alcaraz y Alemañ. Y así llegó la primera victoria de un equipo en El Plantío esta temporada: desde el orden colectivo.

El Granada no había comenzado mal el curso, pero necesitaba completar un partido redondo. No tanto por sus recursos ofensivos como por su rendimiento defensivo. Le faltaba continuidad dentro de un mismo encuentro. En Burgos dio el primer paso: se adelantó y defendió la ventaja con oficio, sin desconexiones ni errores individuales, sostenido por su gran líder en la zaga, Manu Lama.

Ante la Real Sociedad B, el Andorra, el Leganés o el Córdoba, el equipo nazarí había alternado tramos muy positivos con el balón con malos comienzos que terminaron penalizándolo. Antes de la victoria en Burgos, era el peor equipo de la liga entre el pitido inicial y el minuto 30, periodo en el que había encajado siete goles. Una victoria que puede cambiarlo todo a partir de ahora.

Burgos: punto de inflexión

El Granada ya ha elegido el camino de su reconstrucción. Ha demostrado talento, carácter y recursos para hacer daño y remontar marcadores adversos. La duda es si conseguirá dejar de depender de ese espíritu épico. Si logra cerrar su portería, como hizo en Burgos, puede convertirse en un candidato serio al ascenso.

Quizá no esta temporada, pero la apuesta por la cantera puede ayudar al club a superar sus problemas económicos y recuperar la solvencia necesaria para aspirar a abandonar la Segunda División. Por ahora, el Granada sigue vivo en la pelea con los grandes, una posibilidad que hace un año parecía imposible de imaginar.