El Real Madrid escribe en Elche su particular Jekyll y Mr. Hyde
El equipo merengue logró imponerse ante el Elche con otro gol sobre la bocina de un Carlos Espí. El valenciano salvó una dramática segunda parte del Madrid en la que dio alas a su rival.
La mala imagen del Real Madrid en la segunda mitad en el Martínez Valero opaca la realidad de que el equipo merengue logró los tres puntos ante los ilicitanos, superiores en la segunda mitad y a los que Espí robó la machada con su gol en el minuto 91.
De más a muchísimo menos
Necesitaba el Real Madrid de Mourinho que los primeros 45 minutos se replicaran en la segunda mitad, resolver el partido y firmar la tercera victoria consecutiva tras los buenos resultados ante Inter y Rayo Vallecano. Sin embargo, decidió sacar de nuevo sus dos caras enfrentadas.
Aunque en la primera parte hubo una buena reacción emocional a la derrota ante el Betis y también a las dudas que dejó el equipo ante el Inter a pesar de la victoria, la segunda mitad hizo caer al suelo el ánimo de quienes veían en este Madrid una reacción.
Aunque es verdad que este Real Madrid irá creciendo, como prometiera su entrenador en sala de prensa, el ritmo puede llevarle a sufrir malas pasadas como la vivida en el Martínez Valero. Un equipo que funciona bien a ratos y sin planes estabilizadores que fomenten una regularidad ni siquiera en 90 minutos.
Primera parte sencilla, no obstante, ante un Elche que castigó muy poco los escasos errores del Real Madrid por una falta de colmillo evidente en su juego. Esos primeros 45 minutos fueron un monólogo del Real Madrid, logrando mandar en el marcador desde la genialidad de Arda Güler de falta y el acierto (hoy sí) de Mbappé.
Ya en la segunda parte, el equipo cayó notablemente, con algo de desidia, excesiva seguridad por el marcador favorable y la propia fatiga. Jugadores como Güler, Mbappé o Tchouaméni fueron dejándose ver más erráticos, lo que precipitó que Mou quisiera mover el banquillo y potenciar ese músculo para seguir presionando y quitarle las ganas al Elche, que se estaba creciendo. No funcionó.
Tanto fue así que el equipo de Anselmi marcó un gol por obra y gracia de un cabezazo más que atinado de Osorio, que avisaba con claridad pero que no despertó al equipo blanco de su letargo. El peligro del Elche de Anselmi fue creciendo y amenazando, especialmente a través de imprecisiones muy notorias y escasa tensión en la intención de ir arriba a morder.
Esa falta de tensión provocó que Cucurella perdiera un balón vital para que, desde la derecha, el Elche formulara la jugada del dos a dos, con un balón que supo cruzar con muy buena puntería Fer Niño, con el que vieron muy de cerca la posibilidad de darle un susto al Real Madrid.
Ahí sí despertó el Madrid, pero no encontró la manera de meter mano a un Elche que no se resignó con el empate y quiso más hasta el final, viendo que un gol podía ponerlos por delante en casa, en lo que hubiera sido su primera victoria como local. Hasta que llegó Espí, claro.
Otra vez Espí
Ni Mbappé, ni Diomande, ni Bellingham, todos sobre el campo en ese momento, fueron capaces, sin embargo, de cambiar la realidad de un Madrid herido, entumecido y sin ideas ni capacidad para relajar la tensión de una segunda mitad clave en toda la película del Martínez Valero.
Por encima de todos, incluso de las dudas y de las causas de esa segunda parte tan horrorosa, el hecho es que Carlos Espí volvió a ser protagonista en un partido del Real Madrid, aportando su granito de arena (o no tan granito) a la realidad de un club tembloroso.
CARLOS ESPÍ. 🤍
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— LALIGA (@LaLiga) September 15, 2026
Su salida al campo ya presagiaba ese miedo de Mourinho a quedarse en la nada y el gol, a pase de Mbappé, ha acabado por reafirmar que el oportunismo y posicionamiento de un delantero centro puro como él consigue balancear situaciones y partidos muy por encima de lo que puede parecer.
Diomande suma cada vez más
La escasa calma de la segunda mitad la aportó un chaval de apenas 19 años. Con una manija a nivel colectivo que apenas supo llevar Arda Güler, durante la segunda mitad el Madrid parecía convencido de que el jugador que podía tirar del carro era el extremo recién llegado desde el RB Leipzig.
La llegada de Diomande y su gestualidad en jornadas pasadas había abierto un debate que tenía más que ver con su precio que con su contribución. El extremo marfileño es capaz de dar la vuelta a esas sensaciones y ya reparte asistencias y consigue dejar ver su superioridad en cuanto a potencia, habilidad y electricidad.
Ya tiene su mérito que sea capaz de equilibrar con cierta facilidad la insistencia lógica de su equipo para jugar por banda izquierda, buscando continuamente a Vinícius y esa conexión rápida en una zona en la que, generalmente, Mbappé y Bellingham (el inglés suplente en esta ocasión) llegan para potenciar el juego de ataque.
Pero es que, además de eso, la sensación es que ya lidera el juego por banda derecha como se le pedía, aunque parezca ser un extraño a veces en el entramado colectivo del Real Madrid. Una situación que necesita claramente una potenciación que alimente aún más su presencia y peso dentro de las estadísticas del equipo blanco.
Parece, no obstante, que es más una cuestión de tiempo. En el partido ante el Elche no solo estuvo acertado en sus intervenciones, sino que logró volver loco a su par con esa velocidad endiablada que complica la vida a cualquiera y no rehuyó la opción de tirar del sentido ofensivo del equipo cuando lo necesitó.
Buscarlo es desequilibrar y esto, para un jugador que poco a poco se irá sintiendo más y más parte de este Real Madrid, es oro. El equipo lo necesita y, no contento con eso, logró dejar ver que, tras la salida de Vinícius, se atreve más y mejor participando desde la izquierda que como una mera comparsa en derecha.