El Collado del Alguacil, el puerto que nadie ha subido nunca y que decide La Vuelta
La etapa 20 de La Vuelta 2026 sube el Purche dos veces, el Hotel del Duque y termina en el Collado del Alguacil: más de 8 km con rampas del 20%, y es inédito.
El sábado 12 de septiembre, La Vuelta sube por primera vez en su historia al Collado del Alguacil. Es la etapa reina de la edición y el último final en alto antes del desenlace en Granada.
Son 186,8 kilómetros con salida en La Calahorra, en el altiplano granadino, y llegada en una cima que no figura en el historial de ninguna gran vuelta. La organización la ha reservado para el penúltimo día.
El recorrido hasta la sierra
La etapa arranca en La Calahorra y pasa por Guadix, Purullena y La Peza antes de girar hacia el sur. Los primeros kilómetros son de desgaste acumulado, no de dificultad puntual.
Después atraviesa Quéntar, Dúdar, Cenes de la Vega, Huétor Vega y Monachil. En ese tramo el pelotón entra ya en la falda de Sierra Nevada, donde empiezan los puertos de verdad.
La subida final pasa por Güéjar Sierra, un pueblo que hace de última referencia antes de la cima. A partir de ahí quedan los kilómetros que deciden la carrera.
Purche, Purche y Hotel del Duque
El orden de puertos confirmado por la organización es poco habitual. El pelotón sube dos veces consecutivas el Purche, un puerto granadino clásico, antes de afrontar el Puerto de El Duque.
Esa repetición tampoco es un capricho, pero conviene no adornarla. Es la consecuencia de perder Hazallanas: la organización rehízo el puzle para conservar el desnivel, y el doble Purche salió de ese arreglo, no de un plan táctico.
El Duque llega después, cuando el grupo de favoritos ya está reducido. Funciona como antesala del final: no es el puerto que decide, pero sí el que deja a cada uno en su sitio.
El cambio de trazado no fue una decisión de diseño. El 7 de agosto la organización anunció que los desprendimientos del temporal de febrero habían dejado impracticable la carretera de acceso al Alto de Hazallanas, la subida que estaba prevista en el recorrido original.
El sustituto es el Puerto de El Duque, inédito en la carrera y elegido porque comparte su tramo final con Hazallanas. La organización lo explicó así: buscaba «mantener la esencia, la dureza y la exigencia» de la penúltima etapa con un perfil casi idéntico al original.
Hay un motivo por el que el Purche aparece dos veces. Es un puerto conocido y con carretera ancha, lo que permite montar el circuito de subida y bajada sin comprometer la seguridad de la caravana.
Ocho kilómetros con rampas del 20%
El Collado del Alguacil es la novedad absoluta del recorrido, y La Vuelta lleva años rastreando puertos inéditos como este. Mide más de ocho kilómetros y tiene tramos que alcanzan el 20% de pendiente, cifras que lo colocan entre los finales más duros del calendario español.
Ese perfil favorece a un tipo concreto de corredor: el escalador ligero capaz de sostener un esfuerzo muy alto durante media hora larga. No es terreno para rodadores ni para diésel de ritmo constante.
La ausencia de precedentes añade incertidumbre. Nadie ha competido nunca ahí, así que los equipos trabajan con datos de entrenamiento y de reconocimiento, no con referencias de carrera real.
Eso afecta a algo muy concreto: el reparto del esfuerzo. En un puerto conocido, cada corredor sabe dónde puede apretar y dónde no. Aquí, el cálculo se hace sobre el papel, con margen de error.
Las rampas del 20% agravan ese problema. Son pendientes en las que un error de desarrollo o de ritmo se paga en segundos inmediatos, y donde no existe la opción de recuperar rodando.
Para los corredores granadinos hay una ventaja relativa. Carlos Rodríguez, nacido en Almuñécar, conoce estas carreteras mejor que la mayoría del pelotón, aunque ese conocimiento no compensa una diferencia de piernas.
Sierra Nevada es además zona habitual de concentraciones en altura. Buena parte del pelotón ha entrenado alguna vez por estos puertos, así que la ventaja local se diluye bastante en la práctica.
Lo que sí cambia es el ambiente. Una llegada inédita en la sierra granadina, un sábado y con la general en juego, garantiza público en las rampas desde varias horas antes del paso de la carrera.
Por qué está colocada ahí
La posición de la etapa en el calendario es tan importante como su perfil. Llega el penúltimo día, con tres semanas de carrera ya en las piernas y ninguna jornada de recuperación por delante.
El día anterior se han corrido 210 kilómetros hasta Peñas Blancas, la etapa más larga de la edición y también con final en alto. Dos jornadas seguidas de montaña sin respiro entre ambas.
Ese encadenamiento es la apuesta de la organización. En un recorrido con solo 41 kilómetros de contrarreloj, la única forma de garantizar diferencias es acumular dureza al final, cuando ya no hay margen.
También responde a un problema clásico del recorrido español. La Vuelta suele acumular finales en alto sin apenas descenso posterior, y eso facilita el control: el que va líder se limita a seguir ruedas.
Encadenar tres puertos con dos ascensiones repetidas rompe esa dinámica. Obliga a los equipos a gastar antes y deja al líder expuesto sin compañeros en el momento decisivo.
Lo que no se cierra en el Alguacil
Con todo, la carrera no termina ahí. Al día siguiente queda el circuito de Granada, con cuatro subidas al Alto de la Alhambra de 2,1 kilómetros cada una y rampas del 16%.
Eso obliga a un cálculo distinto al habitual. Un líder que llegue a la cima del Alguacil con medio minuto de ventaja no puede considerarse ganador, porque el domingo sigue habiendo terreno para atacar.
La consecuencia práctica es que nadie podrá administrar. Quien quiera ganar esta Vuelta tendrá que sacar en el Alguacil el tiempo suficiente para llegar tranquilo a Granada, y eso empuja al ataque.
Es, en el fondo, lo que buscaba el diseño. Después de renunciar a Madrid y de perder la clausura habitual, la organización necesitaba un cierre con historia, y lo ha construido con dos días en la provincia de Granada.