Landa y Euskaltel: el regreso que la UCI no deja anunciar hasta agosto

Mikel Landa tendría un acuerdo verbal para volver al Euskaltel en 2027, pero la norma de la UCI impide oficializarlo antes del 1 de agosto.

Mikel Landa ataca en la subida final de la decimoquinta etapa del Tour de Francia de 2023
Foto: René Hourdry / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0), recortada a 16:9.

Mikel Landa tiene un acuerdo verbal para regresar en 2027 al Euskaltel-Euskadi, el conjunto naranja donde despuntó y que más tarde llegó a presidir, aunque la normativa de la UCI impide oficializar cualquier fichaje antes del 1 de agosto. El corredor alavés cerraría así un círculo que arrastra desde 2013, pero la operación va mucho más allá de la nostalgia: un refuerzo que reordena el futuro del equipo justo cuando la estructura vasca pelea por sobrevivir en la élite del ciclismo.

Un fichaje que existe pero no se puede contar

El mercado ciclista se rige por un calendario propio y una regla que lo condiciona todo: hasta el 1 de agosto ningún equipo puede anunciar de forma oficial la contratación de un corredor que aún mantiene contrato en vigor con otra formación. Esa fecha, casi litúrgica en el pelotón, convierte el verano en una temporada de rumores confirmados a medias, de acuerdos que todos conocen pero nadie firma. Nada es oficial hasta que abre la ventana, por muy avanzada que esté la conversación entre las partes.

En el caso de Landa, los medios vascos coinciden: existe un compromiso verbal con el Euskaltel-Euskadi, pero el acuerdo no está cerrado ni firmado, y no podrá comunicarse antes de ese día. El propio corredor ha avisado de que desvelará su futuro en agosto, precisamente cuando se abra el plazo. Por eso conviene el condicional, porque el sí definitivo todavía no ha llegado y en el ciclismo un pacto de palabra siempre admite alguna sorpresa de última hora.

La coincidencia de fechas añade épica al relato. El 1 de agosto no solo abre la ventana de anuncios: ese mismo día se corre la Clásica de San Sebastián, una de las grandes citas del calendario vasco. Landa apunta a tomar la salida, y el guion perfecto querría que su porvenir se despejara casi mientras rueda por las carreteras de Gipuzkoa. La misma jornada concentra carrera y anuncio, un cruce que en Euskadi nadie pasa por alto.

El círculo que Landa arrastra desde 2013

La historia del alavés con la marea naranja no es un capítulo más de su trayectoria, sino su punto de partida. Landa vistió los colores del Euskaltel-Euskadi entre 2011 y 2013, logró allí su primera victoria como profesional en las Lagunas de Neila y disputó su primera gran vuelta con esa camiseta, antes de que el equipo desapareciera por falta de patrocinador. El naranja fue su primer gran escaparate en la máxima categoría.

El vínculo nunca se rompió del todo. En 2017, cuando la Fundación Euskadi agonizaba, Landa acudió al rescate como presidente honorífico y arrastró consigo el respaldo de Orbea y Etxeondo para reflotar el proyecto. Tuvo que dejar el cargo en 2021, ya que la UCI apreció un conflicto de intereses entre su condición de corredor en activo y la presidencia de un equipo de la categoría ProTeam. Sostuvo la estructura desde el despacho cuando todavía no podía hacerlo desde la carretera.

El adiós de una generación vasca

El posible regreso de Landa se inscribe en un relevo generacional que el ciclismo vasco vive con cierta melancolía. Pello Bilbao anunció en abril de 2026, en la última etapa de la Itzulia, que colgará la bicicleta al terminar la temporada. Ion Izagirre hará lo propio, y cierran a la vez el ciclo de dos corredores formados, igual que Landa, en la cantera del viejo Euskaltel. Se deshilacha una generación entera de referentes del pelotón estatal.

Con Bilbao e Izagirre fuera, Landa quedaría como el último superviviente de aquella hornada dorada. Que su epílogo se escribiera precisamente de naranja tendría una carga simbólica difícil de igualar: el ciclista más mediático del País Vasco cerrando su carrera en el equipo que se la abrió. El símbolo pesa tanto como el fichaje, y en Euskadi son muy conscientes de ello.

Lo que la operación significa para Euskaltel

Más allá de la emoción, la llegada de Landa respondería a una necesidad deportiva muy concreta. El Euskaltel-Euskadi pelea por terminar la temporada 2026 entre los 30 primeros equipos del ranking de la UCI, la frontera que permite optar a una invitación para La Vuelta 2027. Un corredor de su caché aportaría puntos, visibilidad y un efecto llamada para posibles patrocinadores. El fichaje serviría de motor del proyecto tanto en lo deportivo como en lo económico.

El movimiento tampoco llegaría en solitario. El equipo ya ha oficializado la incorporación de Felipe Orts, ocho veces campeón de España de ciclocross, que compaginará el barro y la carretera hasta 2028, y ha sumado a los jóvenes Hodei Muñoz y Marco Martín. La plantilla se reconstruye alrededor de un liderazgo que, sobre el papel, encabezaría el propio Landa a partir del año que viene.

El caso de Orts ilustra hasta qué punto el club afina cada detalle. La UCI ultima una normativa que permitirá sumar al cómputo de un equipo de carretera los puntos que sus corredores obtengan en otras disciplinas, como el ciclocross. Los que aporte el alicantino durante el invierno engordarían el casillero del Euskaltel-Euskadi en su lucha por entrar entre los 30 primeros. Cada punto cuenta en esta pelea por seguir en la primera línea.

Un 2026 marcado por la mala fortuna

El contexto físico del corredor explica buena parte de la operación. Una caída en la Itzulia de este año le dejó una dolencia de espalda que no ha remitido y que le obligó a ausentarse tanto del Giro como del Tour de Francia, la ronda que debía afrontar como una de las bazas del Soudal Quick-Step. Un año en blanco por las caídas ha empujado a Landa hacia una decisión largamente acariciada.

A la lesión se suma que el Soudal Quick-Step ha decidido no renovarle: su contrato expira el 31 de diciembre de 2026 y cumplirá 37 años ese mismo mes. Poco a poco, el escenario ha ido colocando todas las piezas en el mismo sitio, en un final de carrera que parecía improbable y hoy resulta casi natural. El calendario y las circunstancias empujan al reencuentro, aunque la firma continúe pendiente.

De momento, Landa afronta las últimas semanas del verano centrado en recuperarse para la Clásica de San Sebastián y la Vuelta a Burgos, dos citas que se cruzan con la fecha en la que, si nada se tuerce, podrá por fin hablarse de naranja en presente. La palabra ya está dada; falta que el calendario permita convertirla en tinta.