La Laver Cup vuelve al O2 con Alcaraz y Jódar y sin repartir un solo punto

La Laver Cup se juega del 25 al 27 de septiembre en el O2 de Londres. Equipos de Alcaraz y Jódar, sistema de puntos y por qué no cuenta para el ranking ATP.

Alexander Zverev sonríe y levanta el trofeo plateado sobre la cabeza entre una lluvia de chispas doradas
Alexander Zverev levanta el trofeo del US Open tras ganar la final a Ben Shelton el 13 de septiembre de 2026 en Nueva York. IMAGO / Newscom World

La Laver Cup vuelve al O2 Arena de Londres del 25 al 27 de septiembre, cuatro años después de la edición en la que Roger Federer se retiró llorando junto a Rafa Nadal. Es la novena edición y la primera en Londres desde 2022.

El torneo enfrenta a seis jugadores de Europa contra seis del resto del mundo durante tres días. Europa la capitanea Yannick Noah, con Tim Henman de vicecapitán, y el Team World, Andre Agassi, con Patrick Rafter. Europa llega a por la revancha después de perder 15-9 la última edición, en San Francisco.

Quién juega, con dos españoles en pista

El Team Europe lo forman Carlos Alcaraz, Alexander Zverev, Casper Ruud, Flavio Cobolli, Jakub Mensik y Rafael Jódar. Jódar debuta en la competición tras su irrupción en el circuito durante 2026, y es la incorporación menos previsible de los doce.

Enfrente, el Team World de Agassi presenta a Taylor Fritz, Alex de Miñaur, Alexander Bublik, Learner Tien, Francisco Cerúndolo y Brandon Nakashima. Tien y Nakashima debutan en la competición.

La organización cerró los seis de cada equipo el 28 de julio, cuando Ruud completó el bloque europeo. Pero el Team World ha cambiado dos veces: Cerúndolo sustituyó el 12 de septiembre a Tommy Paul, lesionado, y Nakashima entró el 17 por Ben Shelton.

Zverev llega como campeón del US Open, su segundo Grand Slam de 2026 tras Roland Garros: ganó la final a Shelton en cuatro sets. Será su séptima Laver Cup, más que nadie. Alcaraz repite como referencia europea y ya sabe lo que es perder un dobles decisivo aquí.

Un sistema de puntos que decide el domingo

El formato es lo que hace distinto al torneo. Se juegan cinco sesiones repartidas en tres días, con tres individuales y un dobles por jornada, al mejor de tres sets y con un super tie-break a 10 puntos como set decisivo. Cada victoria vale más según avanza el fin de semana: un punto el viernes, dos el sábado y tres el domingo.

Gana el equipo que llegue antes a 13 puntos, y si hay empate a 12 tras los 12 partidos se juega un dobles de desempate. Ese sistema creciente está pensado para que ninguna eliminatoria se decida el primer día y para que el domingo por la tarde siempre tenga algo en juego. La última sesión vale un tercio del torneo.

Hay reglas de reparto que obligan a rotar la alineación. Cada jugador tiene que disputar al menos un individual en los dos primeros días y no puede jugar más de dos individuales en total. Al menos cuatro de los seis juegan dobles a lo largo del fin de semana.

El resultado es que un capitán no puede esconder a sus suplentes ni quemar a su número uno. Todo eso se juega sobre una pista negra que se ha convertido en la marca visual del torneo, con los banquillos enfrentados. Los compañeros animan a pie de línea.

La elección de los jugadores también tiene reglas propias. Tres de los seis de cada equipo entran por ranking ATP a partir del lunes posterior a Roland Garros, y los otros tres los designa el capitán. Noah y Agassi eligen la mitad.

Ese mecanismo explica presencias como la de Jódar, que no habría entrado por clasificación. También permite a los capitanes comprometer una plaza con antelación para asegurarse un nombre grande antes de que se cierre el ranking. La elección se anuncia meses antes.

El problema: no reparte un solo punto

La Laver Cup forma parte del calendario oficial de la ATP desde 2019, pero no reparte puntos para el ranking. Esa contradicción la arrastra desde su nacimiento: es un torneo oficial que no cuenta para nada más que para el prestigio y para el cheque.

La discusión se ha vuelto más ruidosa a medida que el calendario se saturaba. En las últimas ediciones ya se hizo evidente que los nombres más grandes empezaban a saltársela. El argumento siempre es el mismo, y tiene que ver con el desgaste.

Son tres días de partidos intensos metidos entre el final del US Open y el arranque de la gira asiática, en el tramo del año donde todo el mundo llega roto. La fecha de 2026 no ayuda a bajar el ruido. Cae la semana siguiente a la Copa Davis.

Para quien se lo tome en serio, la cuenta es incómoda. Cinco sesiones de competición real sin recompensa en la clasificación, justo antes del bloque asiático que sí reparte puntos y dinero. El coste no es simbólico para un jugador de la parte alta.

La comparación con la Copa Davis es inevitable en este calendario. Las dos son competiciones por equipos, se juegan con una semana de diferencia y compiten por los mismos nombres. Una reparte plazas y la otra no reparte nada, y aun así conviven.

Por qué sigue funcionando igual

Y aun así llena. El O2 Arena es uno de los recintos deportivos más visitados del mundo, con más de 100 millones de asistentes desde que abrió en 2007. Fue sede de las ATP Finals entre 2009 y 2020, así que Londres sabe vender tenis bajo techo.

Es además el escenario donde Federer se despidió en 2022, y la organización ha hecho de ese recuerdo parte del relato de la edición, con razón comercial. El O2 es el sitio con más historia del torneo.

Ahí está la razón de fondo de que el invento aguante nueve ediciones. Vende algo que ningún otro torneo del calendario puede vender: rivales directos sentados en el mismo banquillo, animándose. Eso no lo da un cuadro normal.

Que no dé puntos es, para el espectador que paga la entrada, un detalle menor. Para los jugadores que deciden su calendario en septiembre, cada año un poco menos. Ese es el equilibrio que el torneo tendrá que resolver más pronto que tarde.