El Mundial de baloncesto de 2027 se juega en Catar del 27 de agosto al 12 de septiembre. Será el primero en un país árabe, reunirá a 32 selecciones y repartirá las primeras plazas para los Juegos de Los Ángeles 2028. Antes, las selecciones tienen que pasar por una fase de clasificación de 15 meses.
Esa clasificación está ya en su recta decisiva. Las ventanas de noviembre y de febrero irán cerrando el cartel, y España, como el resto de selecciones europeas, se juega en ellas su billete en partidos que coinciden con la temporada de clubes y que obligan a convocar sin muchos de sus mejores jugadores.
Un Mundial en una sola ciudad
Catar presentó un proyecto basado en la cercanía. Sus cuatro sedes están en Doha, Lusail, Al Rayyan y Al Wakrah, a unos 30 minutos entre sí, y la organización las presenta a todas como parte de Doha. La FIBA destacó esa proximidad como una de las claves de la elección.
Es un modelo distinto al de los dos Mundiales anteriores. El de 2019 se repartió por varias ciudades de China, y el de 2023 se jugó entre Filipinas, Japón e Indonesia. En Catar, los equipos y los aficionados podrán moverse entre pabellones en el mismo día.
El país tiene experiencia reciente en grandes eventos. Acogió el Mundial de fútbol de 2022 y el de atletismo de 2019, y ha construido pabellones y hoteles pensados para recibir a miles de aficionados en pocas semanas.
32 selecciones y tres fases
El torneo mantiene el formato de las dos últimas ediciones. En la primera fase, las 32 selecciones se reparten en ocho grupos de cuatro y juegan todas contra todas. Las mejores pasan a una segunda ronda de grupos, y de ahí salen los equipos que disputan la fase final por eliminatorias.
Catar tiene plaza como anfitrión. Las otras 31 se reparten por regiones: 12 para Europa, siete para América, siete para Asia y Oceanía y cinco para África. Europa, con más selecciones de nivel alto, es la región con más plazas y también con la clasificación más exigente.
La clasificación, en seis ventanas
La fase de clasificación empezó en noviembre de 2025 y termina en marzo de 2027. Se juega en seis ventanas, periodos de unos pocos días en los que las ligas paran para que las selecciones disputen partidos oficiales. En total participan 80 selecciones de las cuatro regiones de la FIBA.
En Europa compiten 32 selecciones. Las 24 que jugaron el Eurobasket de 2025 y las ocho que llegaron desde la fase previa se repartieron en grupos de cuatro para la primera ronda, con partidos de ida y vuelta. Los mejores pasan a una segunda ronda, en la que se arrastran los resultados de la primera.
En la segunda ronda, los equipos se agrupan en nuevos grupos y se enfrentan a otros tres rivales, también a ida y vuelta. Los mejores clasificados de cada grupo obtienen el billete. No hay invitaciones ni plazas directas para el campeón olímpico, así que todas las selecciones tienen que ganarse el pasaporte en la pista.
El problema de las ventanas
Las ventanas son el punto más polémico del sistema. Coinciden con la temporada de la NBA, que no para, y en algunos casos con la de la Euroliga, así que muchas selecciones juegan sin sus estrellas. España ha tenido que recurrir en estos años a jugadores de la ACB y a jóvenes que debutan con la absoluta.
El modelo ha obligado a las federaciones a trabajar con plantillas amplias. Los seleccionadores convocan a jugadores distintos en cada ventana y buscan una base estable que les permita competir con cualquier convocatoria. Para España, esas ventanas han sido también un laboratorio para la nueva generación.
El camino a Los Ángeles
El Mundial de Catar reparte siete plazas para los Juegos de 2028. Las dos mejores selecciones de América y de Europa, y la mejor de África, de Asia y de Oceanía, se clasificarán directamente para Los Ángeles, donde Estados Unidos juega como anfitrión. El resto tendrá que pasar por los torneos preolímpicos.
Esa conexión da al Mundial un valor doble. Para las selecciones europeas, quedar entre las dos mejores del continente en Catar evita un preolímpico exigente y permite planificar con tiempo el verano olímpico, un premio que muchas federaciones consideran tan importante como una medalla.
Un torneo con historia
El Mundial de baloncesto se disputó por primera vez en 1950, en Argentina, que ganó aquella edición en casa. Estados Unidos es la selección con más títulos, y Alemania es la vigente campeona, después de ganar en 2023 una final ante Serbia en su primer título mundial.
El torneo ha crecido con los años. De las diez selecciones de la primera edición se pasó a 16 durante varias décadas, a 24 desde 2006 y, desde 2019, a 32, una ampliación que ha dado entrada a países de todos los continentes y que ha convertido la fase de clasificación en una competición en sí misma.
Las selecciones que no logren el billete directo para los Juegos tendrán otra oportunidad en los preolímpicos, que la FIBA organiza el verano siguiente en varias sedes.
España, a por el billete
España llega al tramo decisivo de la clasificación con una selección en plena renovación. Campeona del mundo en 2006 y 2019, busca estar de nuevo entre las grandes y volver a pelear por las medallas en un torneo que, además, abre la puerta de los Juegos.
El seleccionador Chus Mateo trabaja con una generación joven que ha ido ganando minutos en las ventanas.
A España le quedan cuatro partidos: visita a Montenegro el 26 de noviembre, recibe a Grecia el 29, viaja a Portugal el 26 de febrero y cierra en casa ante Montenegro el 1 de marzo, con el objetivo de sellar el billete cuanto antes para preparar con calma el verano de 2027.