Pocos golpes del tenis dividen tanto como el saque de cuchara. El jugador, en lugar de lanzar la pelota hacia arriba y golpearla con fuerza, la deja caer y la empuja suavemente por abajo, casi como en el pádel, para sorprender a un rival que espera lejos de la línea de fondo. Para unos es una genialidad; para otros, una falta de respeto.
El debate vuelve cada temporada, porque cada vez más jugadores se atreven a usarlo en los grandes torneos. Pero la respuesta a la primera pregunta, la de si está permitido, es muy sencilla: el reglamento no dice en ningún sitio que haya que sacar por arriba, así que el saque de cuchara es completamente legal.
Qué dice el reglamento
Las reglas de la Federación Internacional de Tenis establecen que el jugador que saca debe lanzar la pelota con la mano en cualquier dirección y golpearla con la raqueta antes de que toque el suelo. No especifican la altura del golpe ni el movimiento, de modo que sacar por abajo cumple exactamente con la norma.
La mecánica parece sencilla, pero no lo es. El jugador golpea la bola a la altura de la cintura, con poca fuerza y mucho efecto de retroceso, para que bote cerca de la red y se frene. Si sale demasiado larga o alta, el rival llega con tiempo y el punto se pierde; si sale perfecta, el restador ni siquiera llega a tocarla.
Por qué funciona
El saque de cuchara se aprovecha de una tendencia del tenis moderno: muchos restadores se colocan varios metros por detrás de la línea de fondo para tener más tiempo ante los saques potentes. Esa posición deja libre la zona cercana a la red, y una bola corta y con efecto puede convertirse en un saque directo.
La clave es la sorpresa. Un saque por abajo que el rival espera es fácil de devolver, porque llega flojo y sin velocidad. Pero si aparece en el momento justo, cuando el restador está muy atrás y no lo prevé, obliga a una carrera desesperada hacia la red. Por eso los jugadores que lo usan lo reservan para momentos concretos de los partidos.
También tiene un efecto psicológico. Un rival sorprendido una vez por un saque de cuchara tiende a adelantar su posición en los siguientes restos, y eso abre la puerta al saque normal, más potente, que encuentra al restador más cerca. Es una forma de mover al rival sin necesidad de ganar el punto.
Chang contra Lendl, 1989
El saque de cuchara más famoso de la historia lo hizo Michael Chang en los octavos de final de Roland Garros de 1989. Con 17 años, el estadounidense se enfrentaba a Ivan Lendl, número uno del mundo, y en el quinto set, con 4-3 y 15-30, le sorprendió con un saque por abajo que descolocó por completo al checo.
Chang, que había perdido los dos primeros sets, remontó y ganó el partido, y días después se proclamó campeón de Roland Garros al vencer en la final a Stefan Edberg. Aquel saque se convirtió en un símbolo de su torneo y de la irreverencia de un adolescente que había desquiciado al jugador más sólido del circuito.
Hubo otros antes de la moda actual. En 2010, en el torneo de Canadá, el francés Michael Llodra sorprendió con un saque por abajo a Roger Federer, que, desorientado, mandó el resto a las nubes. Llodra explicó después que solo quería hacer algo especial en un partido ante el suizo.
Kyrgios, Bublik y la nueva generación
En los últimos años, el saque de cuchara ha vuelto a la élite de la mano de jugadores como Nick Kyrgios, que lo utilizó varias veces ante Rafael Nadal, en Acapulco y en Wimbledon, o el kazajo Alexander Bublik, que lo convirtió en parte de su repertorio y llegó a hacer un ace a Cristian Garín con un servicio por abajo.
Entre los españoles, Alejandro Davidovich es uno de los que más lo ha defendido. El malagueño lo considera un recurso que puede funcionar en momentos puntuales y lo ha usado en partidos de máxima tensión, como el que jugó ante Holger Rune en Wimbledon en 2023, en el que acabó explicando su saque de cuchara cuando Rune se lo devolvió con un golpe ganador.
El Roland Garros de 2020, disputado en otoño por la pandemia, fue uno de los torneos en los que más se vio. Lo usaron Bublik, la italiana Sara Errani o el estadounidense Mackenzie McDonald, que llegó a sacar por abajo a Nadal en la pista central, y el debate sobre su ética volvió a encenderse.
No todos lo ven igual. Hay jugadores que lo consideran una falta de respeto al rival, mientras otros recuerdan que es legal y que forma parte del juego. El debate suele girar en torno al contexto: no es lo mismo usarlo como recurso táctico en un punto igualado que hacerlo de forma displicente cuando el partido ya está decidido.
Entre los propios jugadores españoles hay opiniones para todo. Rafael Nadal lo resume bien: el saque por abajo le parece válido como táctica, pero no para faltar al respeto al rival. Davidovich nunca ha necesitado tantos matices: para él, es solo otro saque más. Es un buen resumen de un golpe que nadie discute en el reglamento y que muchos discuten en el vestuario.
Con el circuito masculino entrando en el Masters 1000 de París, el saque de cuchara volverá a aparecer en algún momento de la recta final del año. Cuando lo haga, conviene recordar que no es una broma ni una trampa: es un saque reglamentario que, bien ejecutado, puede valer un punto decisivo.