Cada verano, cuando los equipos de la Liga Endesa construyen sus plantillas, aparece la misma palabra: cupo. Es la forma coloquial de llamar a los jugadores de formación local, una figura que la liga exige en cada equipo y que condiciona buena parte de los fichajes.

La norma es sencilla de enunciar y complicada de aplicar. En plantillas de 12 jugadores, cada equipo debe tener al menos cuatro jugadores de formación local, conocidos por sus siglas como JFL. Lo difícil es saber quién cuenta como tal, porque no depende del pasaporte.

Qué es un jugador de formación

Un jugador de formación local es el que se ha formado en el baloncesto español en su etapa de crecimiento.

La definición exige que haya pasado al menos tres temporadas en un club español entre su segundo año de infantil (13 o 14 años) y su segundo año de sénior (19 o 20 años), con un mínimo de seis meses en cada una para que cada temporada compute.

Eso significa que haber nacido en España no basta, ni tener la nacionalidad española. Un jugador español que se formó entero en otro país no es cupo, mientras que un extranjero que llegó de adolescente a una cantera española sí puede serlo. Por eso la liga tiene cupos de muchas nacionalidades.

Los ejemplos son conocidos en la liga. El montenegrino Dino Radoncic o el senegalés Ilimane Diop cuentan como jugadores de formación porque crecieron en canteras españolas. La etiqueta sigue a la formación, no al lugar de nacimiento.

El origen de la norma

El sistema actual nació de un conflicto con Europa. La Comisión Europea avaló la figura del jugador de formación como compatible con la libre circulación, pero consideró desproporcionados los cupos que fijaba el convenio entre la ACB, la federación y la asociación de jugadores, e instó al Gobierno a revisarlos.

El Consejo Superior de Deportes elaboró una propuesta que la Comisión aceptó y que entró en vigor en la temporada 2014-15. Fija el mínimo de cuatro jugadores de formación para plantillas de diez a 12 jugadores y lo rebaja a tres cuando la plantilla tiene ocho o nueve integrantes.

La clave jurídica es que la norma no discrimina por nacionalidad, sino por lugar de formación. Cualquier ciudadano comunitario o asimilado que se forme en España puede ser cupo, y eso la hace compatible con las reglas europeas sobre la libre circulación de trabajadores.

La otra limitación: los extracomunitarios

La liga tiene una segunda restricción numérica. En cada convocatoria solo pueden figurar dos jugadores extracomunitarios, que son principalmente los procedentes de Estados Unidos, Canadá o Sudamérica sin pasaporte europeo. Es un límite que obliga a los equipos a elegir bien sus fichajes americanos.

Existe además la licencia Cotonou, que se aplica a jugadores de países firmantes de ese acuerdo entre la Unión Europea y varios estados de África, el Caribe y el Pacífico. A efectos de plantilla, estos jugadores no ocupan plaza de extracomunitario.

La nacionalización cambia el tipo de licencia, pero no convierte a nadie en cupo. Un estadounidense que obtiene un pasaporte europeo deja de ocupar plaza de extracomunitario, pero sigue sin ser jugador de formación, porque su formación no se hizo en España.

Un mercado propio

La obligación crea un mercado paralelo. Como cada equipo necesita al menos cuatro cupos, los jugadores españoles con nivel de Liga Endesa son un bien escaso y caro, y muchos clubes pagan más por un cupo de rotación que por un extranjero de rendimiento parecido.

Esa escasez explica fichajes que a primera vista sorprenden. Los equipos buscan cupos fuera de la liga, en la NCAA estadounidense o en otras ligas europeas, entre jugadores que se formaron en España y se marcharon. Pablo Tamba, que se formó en la cantera del Unicaja, llega esta temporada a Manresa tras su etapa universitaria.

También ocurre con extranjeros formados en España que regresan. Un jugador polaco que llegó al Estudiantes en 2014 y pasó después por Sevilla y Ourense ha vuelto a la liga como jugador de formación, aunque su carrera profesional se haya hecho casi entera fuera.

Cómo se comprueba

La condición de jugador de formación no se declara, se acredita. Los clubes tienen que demostrar las temporadas que el jugador pasó en su etapa formativa con licencias federativas en España, y la liga lo refleja en cada ficha con el tipo de licencia correspondiente.

En la web oficial de la liga, cada jugador aparece con su código: JFL para los de formación, EUR para los comunitarios o de FIBA Europa, EXT para los extracomunitarios y COT para los que se acogen al acuerdo de Cotonou. Es la forma más rápida de saber qué plaza ocupa cada uno.

El debate de siempre

La norma tiene defensores y críticos. Quienes la apoyan sostienen que obliga a los clubes a dar minutos a jugadores formados en casa y protege la cantera española, que es la base de las selecciones. Sin cupos, dicen, los equipos solo ficharían extranjeros.

Los críticos responden que la exigencia es de plantilla y no de minutos. Un club puede cumplir con cuatro cupos que apenas juegan, y el efecto real sobre la formación es discutible. Algunos preferirían un mercado libre y otros, que la norma se aplicara en el acta del partido.

Lo que hay que mirar esta temporada

La guerra del cupo sigue en cada mercado. Los equipos con más recursos compiten por los mejores jugadores de formación y los más modestos recurren a canteranos propios o a regresos desde el extranjero. Esa búsqueda define muchas plantillas cada temporada.

Para el aficionado, conocer la norma ayuda a entender decisiones que parecen extrañas. Cuando un equipo ficha a un español de rendimiento discreto por un salario alto, o prescinde de un extranjero en forma, la explicación suele estar en las cuentas del cupo.