El Villarreal remonta al Nápoles (3-1) y vuelve a ganar en Champions cuatro años después, dejando atrás por fin el paupérrimo nivel mostrado en la pasada edición. Mouriño lideró la reacción de un equipo que empieza a encontrar respuestas en la pizarra de Iñigo Pérez.
Una noche para cerrar heridas
La noche de Champions del Villarreal comenzó mucho antes del pitido inicial y de la peor manera posible. Péter Gulácsi sufrió un robo a mano armada en su domicilio mientras se encontraba con su familia. El suceso dejó al guardameta húngaro fuera del encuentro y obligó a Luiz Júnior a ocupar su lugar. Un contratiempo inesperado en una noche en la que el Submarino también tenía otras heridas que cerrar.
Porque la Champions llevaba demasiado tiempo siendo un territorio hostil para el Villarreal. Siete derrotas y un empate en la pasada edición, otra derrota en Dortmund para inaugurar la presente y un balance de 12 partidos consecutivos sin ganar en la máxima competición continental de clubes, incluyendo los 8 de la pasada fase liga íntegra.
Su último triunfo se remontaba al 6 de abril de 2022, cuando derrotó al Bayern con un gol de Danjuma antes de caer por duplicado ante el Liverpool de Jürgen Klopp. Un balance impropio para un club que alcanzó las semifinales ese mismo año con Unai Emery y antes con Manuel Pellegrini, y que había convertido la Champions en parte de su identidad.
Los fantasmas aparecieron a los siete minutos
El comienzo pareció escrito por el mismo guionista de las últimas decepciones europeas. Un córner horriblemente defendido, una línea que salió a destiempo y Amir Rrahmani completamente solo en el área pequeña. Luiz Júnior salvó la primera, pero no pudo con la segunda. Otra vez por detrás. Otra vez la Champions amenazando con convertirse en una pesadilla.
El Villarreal quería salir desde atrás, atrayendo la presión del Nápoles de Massimiliano Allegri, ordenado sin balón y agresivo por fuera. Giovane y Matteo Politano estiraban el campo, mientras Scott McTominay, Rasmus Højlund y Kevin De Bruyne amenazaban el área y la frontal.
El gol provocó pérdidas y dudas en un equipo al que Iñigo Pérez todavía trataba de hacer olvidar sus tropiezos europeos. Durante varios minutos, el plan inicial parecía hacer aguas ante la buena presión partenopea.
Gerard encontró las grietas y Mouriño derribó la puerta
Sin embargo, el Submarino Amarillo empezó a emerger. Gerard Moreno encontró espacios entre líneas, Carlos Romero amenazaba por dentro y Georges Mikautadze comenzó a recibir con cierta ventaja. Højlund todavía pudo hacer el 0-2 con un cabezazo a la cruceta en el 21′, pero apenas un minuto después un error infantil de Politano dejó el balón franco al georgiano. Recortó magistralmente a Vanja Milinković-Savić y definió con poco ángulo pero máxima eficacia. La Champions volvía a abrirle una puerta al Villarreal.
Cuatro minutos después llegó el gol de la noche. Otra pérdida napolitana en tres cuartos terminó en un zapatazo seco, cruzado y sideral de Santiago Mouriño. Allegri asistía a la remontada mostrando uno de sus ya míticos ‘chinazos’ con sus jugadores, aunque esta vez sin chaqueta que quitarse y tirar al suelo. Y es que el Villarreal había convertido un 0-1 en un 2-1 castigando precisamente los errores que antes cometía.
😮 𝑼𝒏𝒐 𝒅𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝒈𝒐𝒍𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝒏𝒐𝒄𝒉𝒆.
Mouriño culmina una remontada en tres minutos para el Villarreal ante el Nápoles.
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— Movistar Plus Deportes (@MPlusDeportes) October 13, 2026
La pizarra de Iñigo empieza a funcionar
Tras el descanso llegó otra demostración de madurez. El Villarreal priorizó el control y el poso en campo contrario, pero sin renunciar a correr cuando encontraba espacios. Mezclar registros, dominar con balón y saber sufrir sin él: ese es el único camino para competir con los mejores dos veces por semana. Y el extécnico del Rayo lo sabe perfectamente.
Allegri introdujo tres cambios a la hora de juego, pero mantuvo su apuesta por el juego exterior y los centros laterales. Iñigo, por su parte, respondió intercambiando posiciones, con Gerard abierto en derecha y Nathan Saliba apareciendo por dentro. Una flexibilidad que también ayuda a explicar la evolución de los mecanismos ofensivos del Villarreal. El mensaje que hace unas semanas parecía no llegar empieza a traducirse en soluciones sobre el césped.
Y nadie representa mejor esa transformación que Santiago Mouriño. Central hace poco más de un año en su periplo en el Alavés, ahora aparece por dentro, estira al equipo, absorbe el juego directo cerca del pico del área rival y amenaza desde media distancia con el disparo. Ver para creer. Iñigo está convirtiendo a Mouriño en una suerte de comodín. Su gol, su rendimiento defensivo y su polivalencia lo convirtieron en el mejor futbolista y el más completo de la noche.
También hay que saber bajar al barro
El Nápoles encontró su mejor momento a partir del minuto 75. Luiz Júnior dejó una salida por alto comprometida en el 76′, evidenciando una vez más sus problemas para dar seguridad con continuidad a su equipo, pero después respondió ante una gran acción de Højlund en el 80′. Y Pau Navarro evitó otro gol casi cantado con un corte providencial un minuto después. Con Lucca y Højlund juntos, Allegri buscó el asedio y lo logró durante un pequeño tramo, y el Villarreal tuvo que defender cerca de su área, demostrando también saber hacerlo.
Y cuando más apretaba el conjunto italiano, apareció una jugada de billar construida en el taller de orfebrería de La Cerámica. Saliba percutió por dentro, Ayoze tocó de espaldas y de primeras, y Tani Oluwaseyi llegó de cara para colocar el balón por encima de la frondosa barba y la impoluta calva de Milinković-Savić. Minuto 86. Una combinación preciosa para certificar el 3-1 y terminar de espantar los fantasmas.
¡EL VILLARREAL SE LLEVA LOS TRES PUNTOS CONTRA EL NAPOLI EN UNA NOCHE MÁGICA DE CHAMPIONS EN LA CERÁMICA!
ENDAVANT! 💛
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— Villarreal CF (@VillarrealCF) October 13, 2026
A la décima, y con motivos para creer
El Villarreal vuelve a ganar en Champions y lo hace dejando bastante más que un resultado. Tiene talento, pegada, banquillo, recursos con y sin balón y un entrenador capaz de intervenir sobre la marcha. Iñigo Pérez está empezando a encontrar las teclas adecuadas, incluso frente a un maestro como Allegri, al que ganó la partida táctica de largo. La victoria no llegó únicamente por inspiración: también hubo mucho trabajo de pizarra.
El Villarreal CF vuelve a celebrar un triunfo europeo después de una espera demasiado larga y una serie de actuaciones demasiado cortas de nivel e inspiración. Queda mucho por demostrar, pero La Cerámica ha visto por fin un equipo capaz de remontar, controlar, resistir y sentenciar en una misma noche. Ha costado 12 partidos y cuatro años, pero el Submarino vuelve a salir a flote en la Champions. Y de aquí, para arriba.