Íñigo Pérez, el Villarreal y la tarea de pasar página

El Villarreal, con dudas en este comienzo de Liga, encara la Champions League con la obligación de crecer para evitar una imagen parecida a la de la temporada pasada.

Iñigo Pérez da instrucciones a su equipo de manera airada durante el partido entre el Atlético de Madrid y el Villarreal de LaLiga 2026/27.
REUTERS/Thomas Peter

Han cambiado muchas cosas, pero el Villarreal sigue presente en la máxima competición europea. El reto que se les plantea, tras una temporada pasada compleja, es un escenario con urgencias competitivas bajo la batuta de Íñigo Pérez, que llega al equipo para recuperar el nivel y sepultar viejos fantasmas continentales.

Una temporada para olvidar en Europa

El recuerdo de la última andadura continental todavía palpita en el ánimo de la entidad, pues no salieron las cosas como se esperaba a pesar de que el calendario parecía incluso más sencillo que el de esta 2026/27. Con Marcelino no lograron una imagen en la Champions 2025/26 a la altura de la entidad y del esfuerzo por construir un equipo de nivel.

Un naufragio que dejó secuelas profundas en el vestuario castellonense, exponiendo carencias tácticas difíciles de asimilar. El equipo se mostró desconectado, encajando demasiados goles en tramos decisivos y cediendo puntos con suma facilidad.

Europa no perdona las desconexiones temporales, el Villarreal se despidió de la competición siendo penúltimo, con cero victorias y un registro de siete derrotas y un empate. Números sonrojantes que hacen entender el viraje necesario hacia la llegada de un nuevo entrenador en Vila-Real.

Ese desgaste no minó la moral en Liga, pese a que en Europa no encontró las necesarias sensaciones competitivas que requiere el proyecto del ‘Submarino Amarillo’, ya que logró ser tercer clasificado. Se vio, por tanto, esa realidad entre la capacidad para sentirse cómodo en el ámbito cercano y ajeno en el nivel exigido en Champions, donde sus números fueron solo superiores a los del Kairat Almaty.

Superar ese bagaje negativo es el primer imperativo psicológico que afronta la expedición en este nuevo curso. Restablecer el prestigio internacional exige romper drásticamente con los vicios del pasado reciente. Utilizar aquellos golpes como el estímulo imprescindible para no repetir los mismos errores.

Dificultad añadida

El calendario no concede demasiada tregua ni margen para un rodaje progresivo en este arranque de competición. Para Íñigo Pérez, acoplar sus ideas debe ser un trabajo de día a día, donde el equipo siempre esté vivo y sepa adaptarse a las nuevas circunstancias sin dejar de competir.

En la primera de las jornadas de la Champions League, les tocará visitar el feudo del Borussia Dortmund, lo que representa un desafío colosal, viendo además las carencias que está demostrando el equipo amarillo también en el campeonato doméstico.

Esa falta de victorias en LaLiga genera una presión añadida que amenaza con atenazar las piernas de los futbolistas ante un calendario no tan liviano como hubieran deseado para el momento por el que atraviesan en la actualidad. Tras el Signal Iduna vendrán Napoli, Liverpool, PSG, Slavia de Praga, Sabah, Fenerbahçe y Manchester United. Citas, casi todas, exigentes.

Aterrizar en Dortmund sin la tranquilidad que otorgan los puntos en la tabla nacional complica un poco la ecuación táctica y el necesario cambio de rumbo que se espera con Íñigo Pérez, en un mes de competición en el que las carencias no se han disipado.

El muro amarillo impone un respeto enorme y castigará cualquier atisbo de duda con una intensidad asfixiante, por lo que es urgente que la defensa del Villarreal se ajuste rápido y desde la pizarra puedan acometer los cambios necesarios para presentarse a este choque con total capacidad para competir.

La batuta de Íñigo Pérez

Íñigo Pérez ha asumido el reto con una mezcla de serenidad, discurso directo y pragmatismo táctico que, de momento, parece paciente. El técnico navarro rechaza las excusas sobre el estado de forma y busca aislar al grupo del ruido exterior mientras ya miran a ese primer duelo en Europa.

Cada encuentro debería representar un lienzo en blanco donde solo importe la capacidad de competir al cien por cien sin mirar al pasado, aunque sea complejo. La idea futbolística del entrenador pasa por construir una estructura sólida, compacta y agresiva sin balón, recordando también que ese trabajo extra a nivel defensivo no debería restar contundencia en la portería rival.

El liderazgo de Íñigo Pérez busca devolver la confianza perdida a un plantel que necesita reencontrarse con su mejor versión competitiva y hacer cambios paulatinos para ir metiendo sus ideas en una plantilla que viene de una estructura muy marcada. Es por eso por lo que el extécnico del Rayo insiste en la necesidad de mantener una mentalidad unidireccional para encarar estos compromisos de máxima exigencia.

La lección aprendida en Champions League

Aunque no hayan podido cambiar esa realidad en la 2025/26, el vestuario es capaz de comprender que la máxima competición continental castiga duramente esa falta de pegada en las áreas que el equipo dejó ver.

En estos escenarios, dominar ciertos tramos del juego resulta insuficiente si no se traduce en renta dentro del marcador y la efectividad en el remate se convierte en un requisito obligatorio para sobrevivir a las embestidas rivales.

El bloque amarillo debe mostrar una madurez superior para gestionar los momentos de sufrimiento que depara cada partido, manteniendo el equilibrio de líneas cuando el rival aprieta, pues es la única vía para evitar las desconexiones letales del pasado, y amenazando con efectividad cuando se detecten debilidades.

Esa concentración absoluta durante los noventa minutos es el peaje innegociable que exige el fútbol europeo de élite y que se ha buscado en la figura de Íñigo Pérez, capaz de elevar el techo competitivo del Rayo Vallecano hasta llevarlos a una final europea la temporada pasada.