El Villarreal ha despedido el mes de septiembre y ha encarado el primer parón de la 2026/27 con dos victorias clave para respirar tras un comienzo complejo en LaLiga y en Champions, donde las derrotas y las dudas atenazaron a los de Iñigo Pérez. Entre las razones de esa mejora, un Alberto Moleiro destacado y clave para potenciar el juego de los castellonenses.

Liberar a Moleiro para que respire e invente

En el fútbol moderno se tiende a encontrar un hueco al clásico mediapunta de toda la vida en el entorno de la banda. Bien porque los movimientos de juego terminan posicionándolo cerca de la zona de influencia más sensata de su juego o bien porque la endeblez física muchas veces genera dudas sobre sus opciones por dentro.

Sea como sea, la decisión de Iñigo Pérez de rodear a Moleiro de dos extremos con calidad y capacidad para picar en profundidad o combinar por dentro le ha aportado una capacidad enorme para influir en el ritmo y en el juego del Villarreal. Un alivio, según parece, para el nivel de juego del equipo y del propio futbolista.

Necesita, claramente, un espacio más cercano a la frontal, a la manida zona 14, donde la realidad del mediapunta tiene más herramientas para poder hacerse dueño del juego cuando el ataque toma forma. Es ahí donde un jugador como Moleiro puede desatar su creatividad y ser catalizador de la voluptuosidad ofensiva.

Calidad canaria al servicio de Iñigo Pérez

El salto cualitativo que da el equipo con Alberto Moleiro nace en la propia realidad que permite vislumbrar su técnica, vitalidad y visión como jugador entre líneas. Es un futbolista con una velocidad de interpretación aún superior a la que es capaz de aportar desde lo físico.

Su regate, capacidad de giro y tendencia a evaluar cada pase milimétrico le dan al ataque del Villarreal CF un mejor escenario para destacar, viendo además que las dudas de comienzo de temporada han atenazado algo la propia voluntad del equipo de hacer borrón y cuenta nueva tras la etapa de Marcelino.

Nacido en Santa Cruz de Tenerife y con raíces españoles y cubanas, Moleiro tiene algo especial en su juego que le permite explorar con vitalidad los diferentes roles en los que Iñigo Pérez le puede colocar en el campo, pero nada como verlo como un enganche puro dentro del contexto móvil y valiente de este Villarreal.

Desde sus comienzos en la AD Siete Palmas y el CD Sobradillo hasta el viaje que hizo para crecer como jugador en la UD Las Palmas, la calidad de Moleiro retrata a la perfección esa sensación de que, con él en el campo, las cosas que se pueden llegar a ver tienen más quilates y, en lo que va de 2026/27, son ya dos tantos cosechados y tres repartidos en LaLiga.

De las dudas ante el Betis a la noche soñada ante el Levante

Siendo uno de los mejores desde el comienzo de la competición, su salto cualitativo se ha notado especialmente en los dos últimos encuentros en los que el Villarreal ha convencido mucho más y ha sido capaz de vencer en el derbi de la Comunidad Valenciana, llevándose tres puntos ante el Levante.

Ya en el anterior, ante el Málaga, el Villarreal logró su primera victoria tras un arranque que llegó a hacer dudar de los movimientos realizados tras la salida de Marcelino. La cuestión era si bastaban para dar el salto competitivo que se esperaba, sobre todo en Champions League, donde la 2025/26 fue muy decepcionante.

Con empates ante Racing de Santander y Atlético de Madrid en las dos primeras jornadas, las derrotas ante Alavés, Deportivo de A Coruña y Real Betis fueron muy duras, potenciadas además por caer en el Signal Iduna Park en el debut en la Champions League 2026/27.

Una realidad que sirve para entender que las dudas generadas no son inventadas y que el Villarreal de Iñigo Pérez, aunque apoyado en todo por los mandatarios, debía guardar la calma y encontrar vías para potenciar un equipo que tiene capacidad de ir a mucho más.

La necesidad de alejar todas las dudas

Con Moleiro mandando, parece que el Villarreal tiene una posibilidad de encontrar un buen camino para mejorar en cuanto a criterio, creatividad y vías al gol. Un elemento clave que, indistintamente del dibujo elegido, es capaz de hacer sistema.

Si ante el Málaga el Villarreal comenzó con un dibujo cercano al 1-4-2-3-1, mutando mucho entre el 1-4-4-2 más defensivo y el 1-4-2-4 en ataque, el duelo ante el Levante repitió receta, volviendo a confiar en bandas potentes y rápidas, con Buchanan y Akhomach en los costados y prescindiendo de Moleiro en esa zona.

Ahí, las virtudes de Moleiro quedan algo apartadas, teniendo un espacio libre más coherente tras la referencia del delantero. En el caso de estos últimos duelos, detrás de la movilidad de un Ayoze Pérez que siempre se va a ofrecer para encontrar opciones y no rehusará el intercambio de roles con Buchanan, tendente a pisar el área o amenazar al rival con remates en zona de gol.

Si sigue en este camino, afianzando una portería demasiado irregular desde el inicio y una defensa con demasiados errores acumulados en las primeras jornadas, el Villarreal debería estar más cerca de ese objetivo de creer en una nueva campaña disputando grandes alturas en la tabla y, especialmente, mejorar en el plano internacional.