Las WTA Finals huyen de Riad: pudo la grada vacía
Récord de premios y gradas vacías: la WTA rompe su contrato con Riad un año antes y se lleva las Finals a Indian Wells en noviembre de 2026.
El torneo mejor pagado del tenis femenino repartió cifras récord y jugó ante gradas medio vacías. La WTA rompe su contrato con Riad un año antes y traslada sus Finals a Indian Wells.
Un cheque histórico ante butacas vacías
El 1 de julio de 2026, la WTA y la Federación Saudí de Tenis anunciaron en un comunicado conjunto el final anticipado de su convenio. La redacción del texto no deja dudas sobre quién dio el paso: «la WTA solicitó trasladar las Finals de 2026 a una nueva sede», y la federación saudí renunció a su derecho a organizarlas. Se jugarán en Indian Wells, California, del 8 al 15 de noviembre.
En 2025, Elena Rybakina se llevó la corona en Riad y cobró 5.235.000 dólares tras ganar sus cinco partidos. No era un máximo teórico: es lo que se embolsó, el mayor premio individual de la historia del tenis y, según la propia WTA, el mayor cheque jamás pagado en el deporte femenino. Aryna Sabalenka, finalista, se llevó 2,7 millones. Y, pese a todo, el pabellón de la Universidad Rey Saúd rara vez se llenó.
El primer capítulo lo escribió Coco Gauff. La estadounidense conquistó la edición inaugural de Riad en 2024 y se llevó 4,8 millones de dólares, entonces el mayor cheque del año en el tenis. La bolsa total, de 15,25 millones, ya era la más alta de la historia del deporte femenino.
Para dimensionar la cifra: aquellos 15,25 millones del primer año igualaban prácticamente la bolsa de las ATP Finals masculinas de Turín, y el acuerdo prometía subirla en 2025 y 2026. Por primera vez, el cierre de temporada femenino repartía tanto dinero como el masculino, un hito que la WTA vendió como prueba de su compromiso con la igualdad de premios.
Las gradas que delataron el proyecto
La imagen que resumió el experimento llegó ya en 2024, el primer año del acuerdo. Relevo la describió entonces como una escena desoladora: un duelo entre Iga Swiatek y Barbora Krejcikova en un recinto para unas 5.000 personas con apenas 400 espectadores en las gradas.
El detalle televisivo lo dice todo. En Riad, la organización iluminaba solo la pista y dejaba las gradas en penumbra, una puesta en escena que disimulaba los asientos sin ocupar. Funcionaba a medias: la toma corta salvaba el plano, pero cualquier plano abierto delataba el vacío del pabellón.
Los precios eran irrisorios y aun así no bastaron. La WTA respondió que estaba acercando el tenis a un público nuevo y que eso «lleva tiempo, hay que construir». En 2025 hubo cierta mejoría, sobre todo el fin de semana, pero los huecos volvieron a delatar al proyecto en la retransmisión.
Por qué la WTA rompe un año antes
Oficialmente, ambas partes hablaron de un acuerdo mutuo. Pero los motivos reales apuntan en dos direcciones. La primera es geopolítica: la WTA pidió mover el torneo por la inestabilidad y la tensión bélica en Oriente Próximo, un contexto que complicaba organizar el cierre de temporada en la región.
La segunda es puramente comercial, y es la que más incomoda. Riad ofreció el mayor botín del deporte femenino y no logró llenar las gradas ni dar una imagen televisiva vendible. Cuando el producto estrella se ve vacío en pantalla, el escaparate deja de cumplir su función.
Lo que las butacas dicen del dinero saudí
Aquí está la lectura que va más allá del calendario. El caso de Riad demuestra algo incómodo: el dinero compra la sede, no el público. Arabia Saudí puso sobre la mesa la mayor bolsa de la historia del deporte femenino y, aun así, no consiguió una grada.
El objetivo del reino nunca fue solo un torneo: buscaba un lavado de imagen a través del deporte, lo que en inglés se conoce como sportswashing. Con las gradas vacías, ese relato se resiente: la fotografía que buscaba proyectar modernidad terminó mostrando indiferencia.
Un debate que venía de lejos
La polémica no es nueva. Cuando en abril de 2024 la WTA confirmó el giro total hacia Arabia Saudí, dos leyendas del circuito, Martina Navratilova y Chris Evert, ya habían avisado del coste ético del acuerdo, que llevaba el gran cierre del año a un país señalado por su historial de derechos humanos, sobre todo hacia las mujeres.
Navratilova incluso recurrió a la ironía para censurar la deriva del circuito. La WTA defendió su apuesta con un argumento de fondo: su entonces líder, Steve Simon, sostuvo que llevar el tenis a Riad ayudaría a impulsar cambios reales en la región y en el deporte femenino local.
De torneo trotamundos a parche californiano
Las Finals llegan a Indian Wells sin un hogar estable. El torneo lleva años itinerante: se jugó en Singapur entre 2014 y 2018, en la china Shenzhen en 2019, en Guadalajara en 2021 y en Cancún en 2023, antes de recalar en Riad. California es, según distintos informes, un acuerdo por un solo año.
El componente español no es menor. La debutante edición saudí de 2024 tuvo como directora a Garbiñe Muguruza, la doble campeona de Grand Slam que lideró el desembarco del torneo en Riad. Su figura sirvió de puente amable para un proyecto que buscaba respetabilidad deportiva.
Las jugadoras recibieron el traslado con alivio, aunque con reservas. Coco Gauff celebró la vuelta a California, pero pidió que el torneo encuentre por fin una casa permanente. Según varios medios, Charlotte parte como favorita para 2027, sin que exista todavía ningún acuerdo cerrado.
La retirada tampoco frena la ofensiva saudí en el deporte. El país ya patrocina los rankings de la ATP y la WTA a través de su fondo soberano, el PIF, fichó a Rafael Nadal como embajador y prepara un Masters 1000 masculino para 2028. El tenis saudí no se marcha; solo cambia de escaparate.
Una cita californiana en noviembre
La cita de Indian Wells se disputará del 8 al 15 de noviembre de 2026, con las ocho mejores individuales y las ocho mejores parejas del año. El recinto californiano, sede del Masters 1000 de marzo, garantiza un ambiente que Riad nunca tuvo.
El experimento saudí deja una lección que trasciende el tenis. Se pueden comprar los focos, los premios y los titulares, pero el calor de una grada llena sigue sin estar a la venta. Riad lo intentó con la chequera más grande jamás vista y, aun así, jugó ante el vacío.