Badosa reconstruye su temporada en dos semanas: del puesto 115 al cuadro principal del US Open

Paula Badosa ganó Bastad, fue finalista en Iasi y volvió al puesto 93 del ranking WTA. Entra directa al cuadro del US Open tras una operación prevista.

Paula Badosa golpea de derecha durante su partido de segunda ronda en el Open de Australia
Paula Badosa golpea de derecha ante Oksana Selekhmeteva en la segunda ronda del Open de Australia, en Melbourne, el 22 de enero de 2026. AP Photo/Dita Alangkara

Paula Badosa llegará al US Open por la puerta grande del cuadro principal, y hace tres meses eso parecía imposible. La catalana ha reconstruido su temporada en dos semanas de julio: entró en ellas como número 115 del mundo y salió en el 93, dentro del top 100 y con la entrada directa al último grande del año asegurada.

El detalle importa más de lo que sugiere el número. Entrar directamente al cuadro final de Nueva York significa ahorrarse la fase previa, y esa criba es la frontera real entre el circuito de élite y el resto.

De dónde venía

El punto de partida fue una renuncia. En septiembre de 2025, tras retirarse en el torneo de Pekín, Badosa anunció que aparcaba el tenis hasta 2026 con un comunicado en el que prometía seguir encontrando la manera de volver.

Aquel abandono no era uno cualquiera. Era el número 37 de su carrera por culpa de las lesiones, y llegaba después de tres meses parada, con una fractura por estrés en una vértebra convertida en dolencia crónica.

El desplome venía de lejos. En 2026 tocó fondo en el puesto 115, muy lejos del número 2 al que había ascendido el 25 de abril de 2022.

Bastad, el primer punto de apoyo

La reconstrucción arrancó en Suecia. Badosa ganó el WTA 125 de Bastad el 11 de julio, un torneo de la categoría inmediatamente inferior a la élite y que, por eso mismo, no consta en su palmarés WTA.

El valor era otro. Cinco victorias seguidas le devolvieron la certeza de que todavía es capaz de ganar torneos, después de meses en los que la duda era esa y no otra.

De ahí se fue directa a Iasi, en Rumanía. Encadenó cuatro triunfos más en el WTA 250, incluida una semifinal agónica ante Tamara Zidansek que resolvió por 3-6, 7-5 y 7-6 en el desempate.

Esa victoria fue la que certificó el regreso matemático al top 100 y, con él, la plaza directa en el US Open. Nueve partidos ganados consecutivos le cambiaron el año entero.

El contexto del vestuario ayuda a medir la hazaña. Badosa no era ya la tercera raqueta española por casualidad: su caída en el escalafón la había dejado fuera de los cuadros que le correspondían por trayectoria.

La final que no pudo terminar

El desenlace en Iasi fue amargo. La final, aplazada al lunes por la lluvia, la perdió ante la egipcia Mayar Sherif: pidió asistencia médica al empezar el segundo set, con 6-4 y 3-0 en contra, jugó un juego más y se retiró con 4-0.

Después se disculpó con el público rumano. Sherif, de 30 años, ganaba así su segundo título WTA cuatro años después del primero y subía 24 puestos hasta el 73; Badosa, pese a la derrota, escalaba 22 hasta el 93.

Había disputado 1 hora y 10 minutos. El acumulado de las dos semanas anteriores le pasó factura, y la propia jugadora pidió disculpas al público rumano: dijo que no podía seguir el ritmo de su cuerpo.

El resultado rompió además una racha singular. Badosa había ganado las cuatro finales WTA de primer nivel que había disputado —Belgrado 2021, Indian Wells 2021, Sídney 2022 y Washington 2024—, y esta fue la primera que no levantó.

El balance, aun así, quedó en positivo. La catalana subió al puesto 93 y cerró la gira de tierra posterior a Wimbledon con la sensación de haber recuperado su agresividad desde el fondo.

Una operación prevista, no un susto

En agosto llegó una imagen que encendió las alarmas. Badosa publicó una actualización desde un hospital, y ella misma tuvo que aclarar después que se trataba de una intervención quirúrgica prevista y ya asumida en su calendario.

Su entrenador, Pol Toledo, lo había anticipado. Explicó que la jugadora no competiría hasta la semana anterior al US Open y que el parón servía, entre otras cosas, para hacer esa operación leve y preparar la pista rápida.

El razonamiento tenía lógica de calendario. Con Monterrey y Nueva York por delante, el equipo quería encadenar una gira larga hasta final de año, y su último torneo en superficie dura había sido en Miami.

Ya lo hizo una vez

Lo que está intentando ahora tiene un precedente exacto en su propia carrera. En 2024 tocó fondo en el Mutua Madrid Open, donde perdió en su debut por primera vez, tras volver de casi seis meses de inactividad.

El desplome fue idéntico al de ahora. Empezó aquel año en el puesto 68, llegó a caer al 140 en mayo y acumulaba nueve derrotas en los quince partidos disputados, un balance impropio de una extenista número 2.

La segunda mitad de aquel curso lo cambió todo. Ganó el WTA 500 de Washington ante Marie Bouzkova por 6-1, 4-6 y 6-4, entrando como invitada: era su cuarto título y el primero desde enero de 2022.

Después alcanzó las semifinales de Cincinnati, donde cayó ante Jessica Pegula, y en el US Open se metió en cuartos tras ganar a Yafan Wang por 6-1 y 6-2, la primera española en esa ronda en Nueva York desde Carla Suárez en 2018. Cerró el año como número 12 del mundo.

La WTA lo reconoció con el premio al Regreso del Año. Y el impulso siguió en enero: en el Abierto de Australia de 2025 alcanzó, por primera vez en su carrera, las semifinales de un Grand Slam.

Lo que se juega en Nueva York

El precedente estadounidense, por tanto, es bueno. Aquellos cuartos de final son su mejor resultado en el US Open, y la gira norteamericana ha sido históricamente el tramo del año que mejor se le da.

La diferencia respecto a 2024 es el punto de partida. Entonces recuperó terreno desde el puesto 140 siendo aún cabeza de serie en varios torneos; ahora entra al cuadro sin ese colchón y con rivales de nivel desde la primera ronda.

De ahí que su entorno insista en el matiz. Lo relevante de Bastad e Iasi no fue el trofeo, sino que durante nueve partidos las molestias dejaron de condicionarla y volvió a competir con garantías reales.

Nueva York dirá si la mejora es estructural o un paréntesis. Badosa llega con 28 años, sin recaídas recientes y con el objetivo declarado de aguantar hasta diciembre: por una vez, el reto no es ganar sino durar.