Londres, la apuesta de Catar para hacer olímpico el pádel

Premier Padel debuta en Reino Unido con el London P1: negocio catarí, sueño olímpico y una industria española que exporta el pádel al mundo.

Jugadores y directivos de pádel posan con sus palas en una pista montada junto al Obelisco de Buenos Aires

Premier Padel aterriza por primera vez en Reino Unido del 3 al 9 de agosto con el London P1, y el movimiento tiene más de estrategia que de calendario. El circuito que controla el fondo soberano catarí QSI desembarca en un país sin apenas jugadores de élite propios porque lo que persigue no es una competición local, sino un mercado nuevo y en plena efervescencia que el pádel necesita para respaldar su candidatura olímpica. Detrás, casi siempre entre bambalinas, una industria española que exporta pistas, palas y saber hacer se juega la puerta de entrada a un país que ha descubierto el pádel de golpe.

Una parada nueva que no busca campeones locales

El London P1 forma parte del calendario 2026 que Premier Padel presentó en diciembre, con 25 torneos repartidos por 17 países y tres sedes estrenadas: Valencia, Londres y Pretoria. Es el circuito unificado que nació en 2023, cuando ese mismo fondo, QSI, compró el World Padel Tour a la cervecera catalana Damm y fundió los dos tours rivales bajo la Federación Internacional de Pádel. Al frente está Nasser Al-Khelaifi, el mismo nombre que preside el Paris Saint-Germain, en una operación que enlaza el pádel con el resto del portafolio deportivo catarí.

Que la cita se dispute en Olympia, un recinto victoriano reformado en el centro de Londres, no es un detalle casual. Premier Padel no lleva su producto a un polideportivo cualquiera, sino a un escaparate pensado para vender el pádel como experiencia premium a un público que paga por ella. La ambición del torneo es doble: consolidar una plaza de prestigio y demostrar que el deporte también llena recintos lejos de su zona natural, el sur de Europa, donde nació el fenómeno hace décadas.

Reino Unido, el mercado que faltaba

El atractivo británico se explica con cifras. La Lawn Tennis Association, socia del torneo, calcula que el número de practicantes se ha duplicado en apenas un año, de unos 400.000 en 2024 a cerca de 860.000 a finales de 2025, con más de 1.500 pistas repartidas por el país. Para un deporte que aspira a jugar en la liga de los grandes, ese ritmo de crecimiento es justo la clase de dato que conviene poner sobre la mesa cuando se buscan aliados.

La organización corre a cargo de Sela, la empresa saudí que gestiona el evento junto a Premier Padel, en otra muestra de cómo el capital del Golfo sostiene la expansión del pádel profesional. Reino Unido aporta algo que a Catar le interesa especialmente: una capital con proyección mediática mundial y un consumidor acostumbrado a pagar por espectáculo deportivo de primer nivel. Que no haya estrellas británicas de primer orden en el cuadro principal es, para este plan de largo recorrido, un asunto casi anecdótico frente al tamaño del mercado que se abre.

El pádel afina su expediente olímpico

Aquí es donde el negocio se cruza con el sueño olímpico. El 15 de julio, la Federación Internacional de Pádel se convirtió en signataria del Código Mundial Antidopaje de la AMA, un requisito imprescindible para los Juegos. El paso llegó tras dos años de trabajo con la Agencia Internacional de Control y sitúa a todas las competiciones del pádel, Premier Padel incluido, bajo las mismas reglas antidopaje que rigen para los deportes olímpicos ya consolidados.

La Carta Olímpica exige bastante más que un reglamento antidopaje: reclama universalidad, una federación internacional sólida y presencia en competiciones multideportivas. En ese frente, el pádel también avanza a buen paso. En 2026 debuta en los Juegos Mediterráneos de Taranto y en los Juegos Asiáticos, y en 2027 repetirá en los Juegos Europeos, escalones que engordan un currículo pensado para el COI y para los comités olímpicos nacionales que deben avalar cualquier candidatura.

Conviene no adelantarse. Ninguna de estas piezas garantiza por sí sola una plaza, y el pádel no figura en el programa de Los Ángeles 2028. La referencia que se maneja en el sector es Brisbane 2032, un objetivo declarado, no una plaza obtenida. El propio London P1 encaja en esa narrativa: cada capital que se llena, cada retransmisión que funciona, es un argumento más para un expediente que todavía tiene que convencer al Comité Olímpico Internacional.

España, la industria que exporta el negocio

Y aquí entra la baza española, que es de origen. España no solo popularizó la afición: es la potencia industrial del pádel, con cerca de 17.000 pistas registradas y en torno a una cuarta parte del parque mundial, que rozaba las 70.000 canchas en 2025. El sector mueve dentro del país más de 2.000 millones de euros al año entre fabricación de pistas, clubes, material y una red de servicios que no para de crecer.

Ese liderazgo no se queda en casa. Las fábricas de pistas, concentradas sobre todo en la Comunidad Valenciana y Cataluña, envían cada año cientos de instalaciones a Europa, América y Oriente Medio, y son marcas españolas las que fabrican buena parte de las palas que se ven en el circuito. Cuando un mercado como el británico despega, quien construye las pistas y suministra el material suele tener acento español, aunque su logotipo apenas se vea en la televisión.

Por eso el London P1 se entiende mejor como operación que como torneo. Catar pone el capital y la ambición olímpica, Reino Unido pone el mercado y España, discreta como de costumbre, pone la industria que hace posible el montaje. Si el pádel acaba entrando algún día en unos Juegos, buena parte de ese camino se habrá pavimentado con pistas fabricadas a orillas del Mediterráneo y facturadas, una a una, hacia el resto del mundo.