El circuito profesional de pádel se muda a Rotterdam para disputar un P2, el escalón intermedio del calendario. Llega justo después del Major de París y abre el bloque más europeo del otoño.

Premier Padel ordena su año en tres categorías. Los cuatro Majors de 2026 son Doha en abril, Roma en junio, París en septiembre y Acapulco en noviembre. Todo lo demás reparte menos puntos, pero es lo que sostiene la clasificación entre torneo grande y torneo grande.

Un cuadro más pequeño y una razón detrás

La novedad de la temporada afecta directamente a los torneos como el de Rotterdam. Los cuadros masculinos de los P2 se han reducido de 32 a 28 parejas en 2026. Cuatro parejas menos por torneo, y no es un ajuste menor.

El circuito lo justifica por dos motivos a la vez. El primero es económico, recortar costes de organización y de premios; el segundo, físico, aligerar la carga de partidos de unos jugadores que se quejan del calendario desde hace dos temporadas. Coste y salud, en el mismo movimiento.

El efecto práctico es doble. Con cuatro parejas menos hay menos partidos de primera ronda y el cuadro se resuelve en menos días, lo que ayuda a encajar torneos casi consecutivos. El calendario respira un poco más con cuadros cortos.

Pero también significa cuatro parejas que se quedan fuera del reparto de puntos y de premios. En un circuito donde el dinero se concentra arriba, esa diferencia se nota entera en la mitad baja del ranking. Abajo, un torneo menos duele.

Los P2 de 2026 son 11 y pasan, entre otras sedes, por Gijón, Cancún, Nueva Giza, Bruselas, Asunción, Valladolid, Burdeos, Pretoria, Düsseldorf y Rotterdam. Es la categoría que más viaja del circuito. Es la que da forma al calendario entre Major y Major.

Rotterdam, dentro de un otoño encadenado

La cita neerlandesa cae en una secuencia muy apretada. Antes, el Major de París, disputado del 6 al 13 de septiembre en la pista cubierta de Roland Garros. Es uno de los más exigentes del año por el cuadro y por las condiciones de juego.

Después de Rotterdam, sin respiro, llega el P2 de Alemania a partir del 5 de octubre. Tres torneos en cinco semanas, con viajes intermedios y sin ventana real de descanso entre uno y otro. La secuencia obliga a elegir.

Y elegir en pádel tiene un coste inmediato y medible. Los puntos que no se defienden se pierden, y el ranking manda en los emparejamientos y en los cabezas de serie del siguiente torneo. Saltarse un P2 se paga en el siguiente.

Ese encadenamiento es, en el fondo, lo que explica la reducción de cuadros. La organización no ha recortado el número de torneos, que es lo que pedía parte del vestuario, sino el tamaño de cada uno. Menos partidos, mismos viajes.

Una temporada que no ha parado de crecer

La temporada 2026 en conjunto suma 26 torneos repartidos en 18 países. Hay estrenos en Londres, Pretoria y Valencia, con Sudáfrica marcando la entrada del continente africano en el circuito. Es la expansión más ambiciosa hasta ahora.

Ese crecimiento es también el origen de la discusión interna. Cuantos más torneos hay, más semanas de competición se acumulan y más difícil resulta llegar entero a los Majors, que son los que de verdad ordenan la clasificación. Más calendario no es más dinero para todos.

El baile de parejas de este año ha reconfigurado el cuadro de arriba abajo. Los cambios han llegado hasta el top 16, y eso convierte los torneos intermedios en el sitio donde las parejas nuevas construyen inercia. Un P2 vale para rodar.

Los Países Bajos son, además, uno de los mercados donde el pádel ha crecido más rápido fuera del sur de Europa. El circuito lleva tiempo apostando por sedes del norte y del centro del continente. Rotterdam no es una casualidad.

Esa expansión geográfica es la otra cara del debate del calendario. Cada sede nueva suma una semana más de competición, y las semanas se acumulan sobre las mismas parejas de siempre. Crecer y descansar no caben juntos.

Hay un efecto añadido en la retransmisión. Con cuadros más cortos, el torneo concentra sus partidos grandes en menos días y gana en intensidad televisiva lo que pierde en volumen. Menos partidos, mejor escaparate para la organización.

Ese cálculo es el que explica que la reducción se haya aplicado solo a los P2 y no a los Majors. Los torneos grandes mantienen su tamaño porque su valor está precisamente en la profundidad del cuadro. El recorte se queda en la categoría intermedia.

Qué se juega la parte alta del ranking

Un P2 no cambia por sí solo la cabeza de la clasificación. Los Majors reparten demasiados puntos como para que una semana en Países Bajos altere el orden entre las tres o cuatro mejores parejas del circuito. Arriba, Rotterdam decide poco.

Lo que sí decide es todo lo demás. Las plazas de cabeza de serie, los cruces del Major de noviembre y la posición de las parejas que pelean por entrar en la parte alta del cuadro. La mitad de la tabla se juega aquí.

El cuadro recortado añade su propia variable competitiva. Con 28 parejas en vez de 32, las mejores clasificadas entran más tarde y juegan menos partidos hasta las rondas decisivas. Se reduce el margen de sorpresa de las parejas de abajo.

En un P2, esa primera ronda que ahora desaparece era precisamente donde saltaban las bombas. Si el recorte funciona se verá justo en este tramo, cuando tres torneos seguidos midan cuántas parejas del top llegan enteras al último Major. Rotterdam es pequeño en el papel y grande en el calendario.