El 30 de agosto, en el rocódromo del Espace Mayenne de Laval, Alberto Ginés se proclamó campeón de Europa de dificultad. Ningún español lo había conseguido antes. Y llega en el momento exacto en que el reglamento olímpico se ha puesto de su parte.

Porque la escalada acaba de cambiar la regla que más le penalizaba. En Los Ángeles 2028, por primera vez, búlder, dificultad y velocidad tendrán cada una su propio juego de medallas. Ginés lleva años pidiéndolo.

Tres formatos en tres Juegos seguidos

El recorrido olímpico de este deporte es un ensayo permanente. En Tokio 2020, su estreno, se repartió una sola medalla combinando las tres disciplinas: había que competir en todas. La fórmula fue muy criticada y no sobrevivió.

París 2024 la corrigió a medias. La velocidad se separó y tuvo medallas propias, pero búlder y dificultad siguieron juntas en una prueba combinada. Un escalador de dificultad seguía obligado a hacer bloques para optar a algo.

Los Ángeles 2028 cierra el proceso. Serán tres disciplinas independientes con medallas masculinas y femeninas en cada una, y 76 deportistas en total. Es la tercera aparición olímpica de la escalada y la primera con programa completo.

Por qué eso le cambia la vida a Ginés

Ginés ganó el oro de Tokio con 18 años en aquel formato triple. Después tuvo que pelear en París con una combinada que le obligaba a competir en el búlder, que no es lo suyo. El cambio le devuelve su especialidad.

Él mismo lo explicó al conocerse la decisión: «era algo que estábamos esperando todos los atletas desde hace tiempo. Ahora podré centrarme solo en la dificultad y eso me motiva a seguir entrenando y compitiendo para poder cumplir tres ciclos olímpicos más, hasta 2036».

La apuesta ya está hecha y es total. En cuanto arrancó el nuevo ciclo se dedicó en exclusiva a la dificultad, que es donde España tiene hoy a su único especialista puro de nivel mundial.

Los resultados le han dado la razón

La primera temporada de esa apuesta se saldó con un título. En 2025 ganó la Copa del Mundo de dificultad subiendo al podio en todas y cada una de las pruebas del circuito: tres platas en Chamonix, Alcobendas y Koper, y tres bronces en Wujiang, Bali e Innsbruck.

Hay un detalle curioso en ese pleno: entre las seis medallas no había ninguna de oro. Ganó la general sin ganar una sola prueba, que es la definición exacta de la regularidad y, a la vez, la espina que le quedaba clavada.

Esta temporada ha dado un paso más. En Chamonix, en julio, consiguió su primer oro en la Copa del Mundo, tras platas en Wujiang y en Innsbruck. Con tres podios en las cuatro pruebas de dificultad disputadas antes del Europeo, llegó a Laval como número uno del ranking mundial.

Lo de Laval fue algo más que una medalla

El oro de Laval confirma el cambio de rumbo que ya había arrancado en Chamonix. Ginés alcanzó un 40+ en la ronda decisiva, por delante del italiano Giovanni Placci, segundo con 36, y del francés Sam Avezou, tercero con 33+.

Ya había avisado en semifinales, donde firmó el mejor registro del día con 44+ y dejó por detrás al checo Adam Ondra, que se quedó en 42+. Ganarle a Ondra en una pared de dificultad no es un resultado cualquiera.

Es su cuarta medalla continental, tras la plata de Edimburgo 2019 y los dos bronces de Múnich 2022, uno en dificultad y otro en combinada. Pero es la primera de oro, y a los 23 años.

Conviene medir lo que significa ese número uno. La dificultad es la modalidad con más tradición del circuito y la que reúne a los nombres históricos del deporte, empezando por el propio Ondra. Liderar ese ranking no es liderar una novedad.

El cambio de vida que hay detrás

Nada de esto salió solo del talento. Ginés se mudó a Eslovenia y entrena en el grupo que dirige Roman Krajnik, el mismo entrenador de Janja Garnbret, la escaladora más laureada de la historia con oros en Tokio y París y 12 medallas mundiales.

Es una decisión que dice mucho del momento. Un campeón olímpico que se va a buscar el entorno de la mejor no está gestionando una carrera: está construyendo otra.

Conviene recordar de dónde viene esa reconstrucción. Del oro de Tokio dijo una frase que se ha citado mucho: «odié el oro, aún me cuesta mirarlo sin sentirme un impostor». Cinco años después compite como número uno del mundo en su prueba.

Y hay un motivo por el que la separación importa más de lo que parece. Un especialista en dificultad y uno de búlder no entrenan igual: uno vive de la resistencia en paredes de 15 metros y el otro de la potencia en bloques cortos. Obligarles a compartir medalla premiaba al híbrido y castigaba al mejor de cada cosa.

Eso explica el aplauso del gremio. El austriaco Jakob Schubert, bronce en Tokio y en París, agradeció la decisión del COI y la leyó como una declaración a favor de la popularidad internacional del deporte.

El próximo termómetro: Santiago de Chile

La temporada de dificultad se cierra lejos. En Koper, Ginés se quedó a las puertas de la final: fue 22.º en semifinales y no pudo sumar más podios. La última parada del circuito es Santiago de Chile, del 23 al 25 de octubre, y ahí se resuelve la general que Ginés defiende como vigente campeón.

Es la primera medición seria de un ciclo que ya tiene camino marcado. Las pruebas de 2027 repartirán en torno al 50% de las plazas para Los Ángeles, con un billete por evento, y el resto se asignará en la clasificación olímpica de 2028.

Con un mínimo de cuatro plazas por asignar en dificultad en esa última fase, el margen existe pero es estrecho. Para el único español que vive de esta modalidad, cada pared de aquí a 2028 cuenta doble.