Quedan unos segundos, el equipo que ataca está lejos de la zona de anotación y no hay tiempo para nada más que una última jugada.
El quarterback retrocede, aguanta todo lo que puede y lanza el balón lo más alto y lejos posible hacia un grupo de jugadores que esperan en la zona de anotación. Es el Hail Mary, el pase más desesperado del fútbol americano y uno de los más espectaculares.
El nombre viene de la oración católica del Ave María, en inglés Hail Mary, y alude a lo que hace falta para que salga bien: casi un milagro. La gran mayoría de estos pases terminan incompletos o interceptados, pero cuando uno funciona se convierte en una jugada para la historia y en uno de los recuerdos más repetidos de la temporada.
Staubach, Pearson y el origen del nombre
El término se popularizó el 28 de diciembre de 1975, en un partido de playoffs entre los Dallas Cowboys y los Minnesota Vikings en el Metropolitan Stadium de Bloomington. Los Cowboys perdían 14-10 en los últimos segundos cuando Roger Staubach lanzó un pase de 50 yardas que Drew Pearson atrapó para el touchdown de la victoria, 17-14.
Aquella jugada fue una apuesta pura. El entrenador de los Cowboys, Tom Landry, reconoció después que su única esperanza era lanzar el balón y esperar un milagro, y Staubach contó que pidió a todos que bloquearan y a Pearson que corriera en profundidad, mientras él despistaba al defensa con la mirada.
Después del partido, Staubach, católico devoto, explicó a los periodistas que había cerrado los ojos y había rezado un Ave María. La frase se hizo famosa al instante, y desde entonces el fútbol americano llama así a cualquier pase largo y desesperado lanzado con muy pocas opciones de completarse.
La jugada persiguió durante años a los aficionados de los Vikings, que nunca la olvidaron, y convirtió a sus protagonistas en leyendas de los Cowboys. Staubach entró en el Salón de la Fama en 1985 y Pearson, que siempre la definió como la recepción más emocionante de su carrera, en 2021.
La expresión era, en realidad, más antigua. Ya se usaba en el fútbol universitario en los años 20 y 30, en el entorno del famoso equipo de Notre Dame de los Cuatro Jinetes, para describir jugadas desesperadas que necesitaban un milagro.
El propio Staubach la había utilizado en 1963, cuando era quarterback de la Academia Naval. Pero fue aquel pase ante los Vikings el que la convirtió en parte del vocabulario de la NFL.
Cómo se ejecuta
El Hail Mary se usa casi siempre al final de una parte, cuando el equipo atacante necesita anotar y está a 40, 50 o más yardas de la zona de anotación, sin tiempo para avanzar con jugadas normales. Los receptores corren hacia la zona de anotación y se agrupan allí, mientras la línea ofensiva intenta proteger al quarterback el máximo tiempo posible.
El quarterback necesita tiempo y brazo. Debe esperar a que sus receptores lleguen a la zona de anotación y lanzar un balón muy alto, para que caiga entre ellos y no en manos de un defensor, algo que exige una fuerza de lanzamiento al alcance de pocos.
La clave está en la trayectoria: un pase alto da tiempo a los receptores para colocarse y saltar, y convierte la jugada en una disputa por el balón en el aire.
Al final, el pase se decide en un salto colectivo entre atacantes y defensores. Los equipos entrenan a menudo estas situaciones: unos receptores intentan atrapar el balón, otros buscan desviarlo hacia un compañero, y los defensores tratan de despejarlo al suelo, que es la forma más segura de acabar con la jugada.
Cómo se defiende
La defensa sabe lo que viene y se prepara para ello. Lo habitual es colocar a muchos jugadores en la zona de anotación, por delante y por detrás de los receptores, y presionar al quarterback para que lance antes de tiempo o con mala trayectoria. El objetivo no es interceptar, sino que el balón no caiga en manos rivales.
El error más habitual de los defensores es intentar atrapar el balón en lugar de despejarlo, porque un balón que bota en sus manos puede caer a un receptor rival. Por eso los entrenadores insisten en golpear el balón hacia el suelo, aunque eso suponga renunciar a una intercepción espectacular.
Los Hail Mary de Aaron Rodgers
En los últimos años, ningún quarterback se ha asociado tanto a esta jugada como Aaron Rodgers, que completó varios Hail Mary en su etapa en los Green Bay Packers. En diciembre de 2015, ante los Detroit Lions, lanzó un pase que viajó unas 70 yardas en el aire hasta la zona de anotación para ganar el partido en la última jugada.
Semanas después, en la ronda divisional de los playoffs ante los Arizona Cardinals, Rodgers volvió a hacerlo: en la última jugada del tiempo reglamentario lanzó un pase de 41 yardas a Jeff Janis, un receptor poco habitual en el equipo, que forzó la prórroga. Los Packers acabaron perdiendo, pero la jugada quedó como una de las más célebres de su carrera.
Para el aficionado, el Hail Mary es uno de los momentos más emocionantes de un partido de la NFL: unos segundos de incertidumbre total en los que cualquier cosa puede pasar y que dan la vuelta a marcadores que parecían cerrados hasta el último segundo.
La mayoría acaban en nada, pero los pocos que salen bien se recuerdan durante décadas, como el de Staubach, medio siglo después, y siguen repitiéndose cada temporada en los resúmenes de la liga.