En los grandes maratones de otoño, los primeros kilómetros los marcan corredores que casi nunca llegan a la meta. Son las liebres, atletas contratados para imponer un ritmo concreto y proteger a los favoritos del viento, y su trabajo explica buena parte de los récords de las últimas décadas en el atletismo de fondo.

La figura es legal y está regulada por World Athletics, la federación internacional. Las liebres son habituales en los maratones y medios maratones en ruta y también en las carreras de medio fondo y fondo en pista, aunque las normas cambian según la prueba y según el tipo de récord que se persiga.

Qué hace una liebre

El trabajo de una liebre es sencillo de explicar y muy difícil de ejecutar: correr a un ritmo exacto, kilómetro a kilómetro, durante el tramo pactado con la organización. En un maratón de élite, las liebres suelen tirar del grupo de cabeza durante la primera mitad o hasta el kilómetro 30, y después se retiran de la carrera.

Además de marcar el ritmo, las liebres hacen de pantalla contra el viento. Correr detrás de otros atletas reduce la resistencia del aire y permite ahorrar energía, un ahorro que en una prueba de más de dos horas puede marcar la diferencia entre una buena marca y un récord. Por eso suelen correr en formación, delante y a los lados del favorito.

Las liebres son atletas de nivel, a menudo especialistas en distancias más cortas, capaces de mantener un ritmo muy alto durante los kilómetros que les tocan. Los organizadores las contratan con un ritmo objetivo pactado de antemano, que se ajusta a la marca que persiguen los favoritos de la carrera.

Las reglas en pista

En las carreras en pista, las liebres están permitidas siempre que no hayan perdido una vuelta respecto a los corredores a los que acompañan. Es la norma que permite a los organizadores de las grandes reuniones meter liebres en los 1.500, los 5.000 o los 10.000 metros cuando se busca una marca.

Además, para que una marca en pista pueda ser récord del mundo, la carrera tiene que ser de un solo sexo, salvo en el relevo mixto. Un hombre no puede actuar de liebre de una mujer en una carrera de pista que aspire a un récord oficial, lo que obliga a buscar liebres femeninas.

Dos récords femeninos en ruta

En ruta, la situación es distinta. World Athletics reconoce dos récords del mundo femeninos en cada distancia: uno logrado en carreras mixtas, en las que las atletas pueden correr con liebres masculinas, y otro en carreras solo de mujeres. La diferencia existe porque correr junto a hombres más rápidos supone una ayuda importante para marcar el ritmo.

Por eso los grandes maratones organizan a veces salidas separadas para la élite femenina, de modo que las atletas puedan optar al récord en carrera solo de mujeres. En Londres, por ejemplo, la etíope Tigst Assefa mejoró en 2026 el récord del mundo femenino en una prueba exclusivamente femenina, sin liebres masculinas.

El caso de Kipchoge en Viena

El ejemplo más famoso de los límites de las liebres es el de Eliud Kipchoge. En octubre de 2019, en el parque del Prater de Viena, el keniano corrió un maratón en 1:59:40, por debajo de las dos horas, pero la marca nunca fue homologada porque se hizo en un evento diseñado a medida, fuera de las reglas de competición.

Kipchoge corrió arropado por 41 liebres, entre ellas varios campeones olímpicos y mundiales, que se iban relevando en grupos de siete, cinco delante y dos detrás, formando una V que le protegía del viento.

Un coche marcaba el ritmo con un haz de luz en el asfalto y el keniano recibía la bebida en movimiento. Nada de eso está permitido en un maratón oficial, y la marca quedó como un hito sin valor de récord.

Kipchoge sí tenía, en cambio, récords oficiales logrados con liebres convencionales. En Berlín 2018 corrió en 2:01:39, una marca que él mismo mejoró después, antes de que su compatriota Kelvin Kiptum la rebajara en Chicago. En esas carreras las liebres le acompañaron solo una parte del recorrido, como marcan las normas de World Athletics.

Para que un récord en ruta sea válido hay más requisitos: el recorrido tiene que haber sido medido por un medidor reconocido por la federación internacional, y la carrera debe cumplir todas las normas de competición. Las liebres, por tanto, son legales, pero no pueden convertirse en una ventaja que el reglamento no contemple.

La barrera de las dos horas en una carrera oficial cayó casi siete años después. En abril de 2026, el keniano Sabastian Sawe ganó el Maratón de Londres en 1:59:30, la primera vez que un atleta baja de las dos horas en una prueba que cumple el reglamento, con liebres permitidas y sin ayudas externas como las de Viena.

Liebres para todos

Las liebres no son exclusivas de la élite. En los maratones populares, las organizaciones suelen poner corredores con globos o banderines que marcan tiempos finales concretos, como las tres horas o las cuatro horas, para que los aficionados puedan seguirlos. Funcionan igual que las liebres profesionales: un ritmo constante de principio a fin.

Para el aficionado que sigue un maratón por televisión, entender el papel de las liebres ayuda a leer la carrera. Cuando se retiran, empieza la competición de verdad: el grupo de favoritos se queda solo, sin pantalla contra el viento, y es entonces cuando se deciden los maratones y se ve si el récord era posible.