El deporte que más medallas da a España se juega el Mundial en Poznan

El piragüismo, el deporte más laureado de España, disputa su Mundial de esprint en Poznan. Repasamos las embarcaciones que salen a por el oro.

Un grupo de palistas arranca una final de K1 sobre la pista de regatas en un Mundial de piragüismo
Salida de una final de K1 en la pista de regatas de un Mundial de piragüismo.

Hay un deporte que, lejos de los focos del fútbol o el baloncesto, se ha convertido en la mayor fábrica de medallas olímpicas de España, y casi nadie lo cuenta fuera de las dos semanas de unos Juegos.

Es el piragüismo, que del 26 al 30 de agosto disputa en Poznan su Mundial de esprint, la cita más importante del año en aguas tranquilas, y el mejor escaparate para entender por qué esta selección sale a por el oro cada verano.

El deporte que adelantó a la vela

Durante décadas, el reinado del medallero olímpico español tuvo un solo dueño: la vela, con sus regatistas y sus oros de Barcelona 92. Todo cambió en París 2024, cuando el piragüismo sumó tres medallas en unos Juegos y alcanzó las 23 de su historia, una más que las 22 de la vela.

Fue el momento en que el piragüismo adelantó por fin a la vela, un relevo anunciado desde la irrupción de David Cal en Atenas 2004. El gallego, con un oro y cuatro platas, y la eslalomista Maialen Chourraut, con tres medallas entre Londres 2012 y Tokio 2020, pavimentaron el camino de una generación que ya no baja del podio.

Aquel sorpaso no fue casualidad. El 8 de agosto de 2024, en el estadio náutico de Vaires-sur-Marne, España firmó dos bronces en apenas media hora: el C2 500 de Joan Antoni Moreno y Diego Domínguez y el K4 500 de Saúl Craviotto, Carlos Arévalo, Marcus Cooper y Rodrigo Germade.

Con ese último metal, Craviotto se convirtió en el deportista español más laureado de siempre, con seis preseas olímpicas.

Poznan, la gran cita de las aguas tranquilas

El Mundial de esprint y paracanoe se disputa del 26 al 30 de agosto en el canal del lago Malta de Poznan, en Polonia, uno de los escenarios clásicos del calendario internacional. Es la competición más importante del año en aguas tranquilas, la modalidad en la que los kayaks y las canoas corren en calles paralelas sobre distancias de 200, 500 y 1.000 metros.

Sin unos Juegos de por medio, este es el gran termómetro del estado de forma de cada federación.

Para España, la retransmisión de Teledeporte convierte esas mañanas de finales en una cita fija de agosto. La selección llega a Poznan como una de las potencias del esprint mundial, con embarcaciones candidatas al podio tanto en kayak como en canoa.

En Milán 2025, la última edición, cerró con ocho medallas: un oro, tres platas y cuatro bronces. Fue sexta en el medallero por países y tercera por número total de preseas, un botín que solo superan las históricas potencias del remo corto.

El K4 500 femenino, la joya del nuevo ciclo

Si hay una embarcación que resume el presente dorado del piragüismo español, es el K4 500 femenino. En el Mundial de Milán 2025, Sara Ouzande, Lucía Val, Estefanía Fernández y Bárbara Pardo se proclamaron campeonas del mundo por primera vez en la historia de este barco.

Lo hicieron con un tiempo de 1:32.58 y apenas una décima sobre China. Fue el único oro español de aquella cita.

Lejos de ser un fogonazo, el barco ha convertido la victoria en costumbre, aunque con la salida de Estefanía Fernández en favor de Daniela García. Ya había sumado dos platas en las Copas del Mundo de Szeged y Brandeburgo, y en 2026 conquistó su primer oro continental en el Campeonato de Europa, encadenando una de las rachas más regulares del kayak español.

Llega a Poznan como una de las tripulaciones a batir, con la ambición declarada de repetir en lo más alto del podio.

Un K4 masculino en plena renovación

El panorama del K4 500 masculino, en cambio, es el de un equipo en plena transición. El bote que ganó el bronce en París 2024 ya no existe como tal.

Saúl Craviotto, a sus 41 años, atraviesa un año sabático alejado de los selectivos nacionales y no ha confirmado su futuro en la élite. Marcus Cooper tampoco figuró en la última convocatoria mundialista.

En su lugar, una hornada relevada tomó el testigo en Milán 2025: Carlos Arévalo, Rodrigo Germade, Adrián del Río y Álex Graneri firmaron el bronce y mantuvieron la tradición de podio del barco. Con qué nombres exactos saldrá España en Poznan lo dirá la Real Federación Española de Piragüismo en las semanas previas, pero el listón está claro.

Una potencia que va más allá de un bote

La fortaleza del piragüismo español no se explica solo por sus kayaks. La canoa vive también un momento notable, con figuras como el gallego Pablo Graña, plurimedallista mundial que encadenó oro y plata en 2025 y bronce en 2026, o el C2 femenino de Àngels Moreno y Viktoriia Yarchevska, campeonas de Europa que en Milán confirmaron su sitio en la élite con un bronce.

Es un banco de talento que da profundidad a toda la expedición.

A ese fondo de armario se suma la otra cara del piragüismo, la del eslalon en aguas bravas, que no compite en Poznan pero alimenta el mismo relato. De ahí salieron el oro de Chourraut en Río 2016 y el bronce de Pau Echaniz en París 2024, precisamente una de las tres medallas que sellaron el adelantamiento a la vela.

Son dos disciplinas que se retroalimentan y que explican por qué España nunca se va de unos Juegos con las manos vacías en este deporte.

Esa solidez no es un golpe de suerte, sino el fruto de raíces estructurales: una red de clubes fuerte, un calendario fiable y una continuidad de resultados que pocas federaciones españolas pueden exhibir.

Baste un dato: la palista Teresa Portela acudió a siete Juegos Olímpicos seguidos, de Sídney 2000 a París 2024. Poznan será, un verano más, la ocasión de comprobar si la fábrica de medallas sigue a pleno rendimiento.