Duplantis eleva a 6,31 y sigue moviendo el techo mundial de la pértiga

Duplantis subió el récord de pértiga a 6,31 en el Mondo Classic, su decimoquinto récord en una progresión que nadie más ha sostenido tanto tiempo.

Armand Duplantis se impulsa sobre la pértiga en la final del Europeo de Birmingham
Armand Duplantis, en un intento de la final de pértiga del Europeo de Birmingham, el 16 de agosto de 2026. AP Photo/Matthias Schrader

Armand Duplantis movió otra vez la frontera de la pértiga hasta los 6,31 metros: su decimoquinto récord del mundo, de nuevo por un centímetro, en una progresión que ningún otro atleta de la historia ha sostenido tanto tiempo.

La noche que Uppsala vio otro récord

La barra subió hasta una altura nunca antes superada y el IFU Arena de Uppsala contuvo el aliento. Duplantis ya había resuelto la victoria con saltos limpios en 5,65, 5,90 y 6,08, así que pidió directamente los 6,31. Los cruzó al primer intento, el 12 de marzo de 2026.

El salto fue una exhibición de limpieza técnica. Una carrera de aproximación a toda velocidad, la pértiga curvada hasta el límite de su fibra y un vuelo sin roces sobre la barra. Ninguno de sus rivales superó los seis metros aquella noche: el noruego Sondre Guttormsen se quedó justo en esa cifra.

El escenario no era casual. El Mondo Classic es la reunión que lleva su nombre y se disputa en la casa de su club, el Upsala IF. Duplantis ya había batido el récord en suelo sueco, en la Diamond League de Estocolmo en junio de 2025, pero nunca bajo techo y ante los suyos.

Una escalera que sube de uno en uno

El primer récord llegó en Torun, en febrero de 2020, cuando dejó el listón en 6,17 y superó los 6,16 del francés Renaud Lavillenie, vigentes desde 2014. Desde entonces, cada plusmarca ha sumado exactamente un centímetro. Nunca dos.

La marca anterior, los 6,30, la había firmado seis meses antes en el Mundial de Tokio, en septiembre de 2025, donde revalidó su título mundial al aire libre. En 2025 batió el récord cuatro veces. La progresión no se detiene, solo cambia de sede.

El contraste con la historia lo dimensiona. Entre el 6,15 de Bubka, de 1993, y el 6,16 de Lavillenie, de 2014, la pértiga solo ganó un centímetro en 21 años. Duplantis ha sumado 15 desde 2020, al ritmo de casi tres récords por temporada.

Ese goteo tiene una particularidad. Duplantis posee a la vez la mejor marca bajo techo y al aire libre, algo que borra la vieja distinción entre ambas listas. El récord de la pértiga es hoy, sencillamente, la última altura que él haya decidido cruzar.

Por qué la pregunta ya no es si gana

El dato que ordena su dominio no es la altura, sino la distancia con el resto. En Uppsala reunió a un plantel con cuatro rivales que ya habían pasado de seis metros esa temporada, y aun así ganó con margen antes de ir a por la marca. La pértiga se ha quedado sin carrera en la cima.

Lo que ordena la conversación no es tanto si gana, sino cuánto sube el techo del mundo. Duplantis ha ganado la inmensa mayoría de sus competiciones desde 2023, aunque el dato ya no es perfecto: en junio perdió por primera vez en casi tres años. Lo que no cambia es la otra pregunta: cada vez que se sube a la pista, ¿hay marca nueva?

El modelo tiene un precedente ilustre. El ucraniano Serguéi Bubka batió el récord del mundo 35 veces entre 1984 y 1994, casi siempre de centímetro en centímetro, para cobrar un bonus por cada uno. Duplantis ha heredado esa lógica y la ha llevado a un dominio aún más largo: de los 80 récords mundiales de pértiga ratificados desde 1912, quince son suyos.

El fenómeno cambia cómo se ve la prueba. La pértiga se ha convertido en un espectáculo de un solo protagonista, donde la emoción no vive en el marcador sino en el instante en que pide la barra del récord. Es su mayor virtud y, a la vez, el gran debate: dosificar tanto podría ocultar cuál es su verdadero techo.

En París 2024 se convirtió en el primer hombre en 68 años en retener el oro olímpico de la pértiga. La rareza de su dominio no es que gane, sino que gane sin que ningún rival le obligue a arriesgar de más.

El negocio de subir un centímetro

Detrás de la estrategia hay una razón económica evidente. Duplantis cobra un bonus cada vez que bate el récord del mundo, tanto de la reunión como de sus patrocinadores, aunque las cifras no son públicas. Reservar el récord para una sola altura por competición multiplica esas primas a lo largo de la temporada.

El reclamo mediático hace el resto. Cada 6,31 copa portadas y telediarios, y convierte su presencia en un valor que las reuniones se disputan. Ya ocurrió en los Juegos: su oro olímpico en París, en agosto de 2024, lo firmó batiendo el récord con 6,25 en el escenario más grande.

Esa mecánica explica su calendario. Las grandes reuniones compiten por tenerlo y ofrecen primas específicas a quien bata un récord, así que Duplantis puede elegir en qué pista intentar el siguiente centímetro. La marca deja de ser un accidente y pasa a ser una cita programada.

Lo que queda por saltar

El propio Duplantis ya ha puesto nombre al siguiente horizonte: los 6,40. A ese ritmo de un centímetro por asalto, es una meta a varios años vista, pero nadie duda de que la escalera sigue subiendo. Su rival ya no es un pertiguista, es la física.

Quedaba un escenario que se le resistía. Nunca había batido el récord del mundo en un gran campeonato continental al aire libre, y se había fijado hacerlo en el Europeo de Birmingham, del 10 al 16 de agosto de 2026.

Allí ganó su cuarto título europeo consecutivo con 6,15, pero sin ir a la caza del récord: el campeonato continental sigue siendo el escenario que se le resiste.

Fuera de la pista, 2026 también lo cambió: fijó su residencia en Mónaco y se casó con Desiré Inglander, y aun así llegó al verano rozando de nuevo el récord en la Diamond League. La rutina de dosificar centímetros convive con una vida que, por fin, ya no gira solo alrededor de la barra.

Duplantis no bate récords: los administra. Ha convertido el gesto más difícil del atletismo en una rutina que dosifica centímetro a centímetro, sin prisa, aunque en junio también aprendió a perder: el australiano Kurtis Marschall le ganó en la Diamond League de Estocolmo.

Nada de eso frenó su calendario, como demostró semanas después al ganar en Birmingham. Mientras siga eligiendo cuándo y dónde subir el listón, el resto del mundo seguirá saltando en otra competición.