La generación que releva a las campeonas olímpicas del waterpolo

España llegó a la Superfinal de Sídney en plena renovación: campeona olímpica en París, busca que su relevo cuaje rumbo a Los Ángeles 2028.

Una jugadora de waterpolo con gorro blanco arma el lanzamiento con el balón en alto ante una rival en la piscina

España regresó de Sídney con la primera plata de su historia en la Copa del Mundo femenina de waterpolo. La derrota por 13-9 ante Estados Unidos impidió completar el palmarés, pero confirmó algo importante: la renovación de la campeona olímpica ya compite por el oro.

El resultado adquiere mayor valor por el contexto. Retiradas recientes, lesiones, embarazos y caras nuevas han transformado el equipo que conquistó París 2024. Dos años después, España alcanzó otra final internacional mientras construye el bloque que defenderá su corona en Los Ángeles 2028.

El adiós de una generación irrepetible

El oro de París 2024, el primero del waterpolo femenino español, cerró un ciclo extraordinario. Los grandes éxitos suelen dejar un vacío posterior, y esta selección empezó a pagarlo con la retirada de Laura Ester y Pili Peña.

Los embarazos de Judith Forca y Maica García apartaron además a dos referentes durante largos meses. A esas ausencias se sumó la operación de Bea Ortiz, capitana y una de las jugadoras más importantes del equipo.

Clara Espar también anunció su retirada en julio de 2026. La subcampeona olímpica en Tokio 2020 dejó el waterpolo a los 31 años, después de más de dos décadas vinculada al deporte. Su marcha simbolizó el final de una época.

La catalana se despidió después de ganar la Liga con el Mataró. Su ausencia dejó todavía menos supervivientes del grupo que había acumulado finales, medallas y experiencia internacional durante más de una década.

La plantilla actual apenas se parece a la que subió al podio en París. Las veteranas que permanecen conviven con jugadoras que afrontan sus primeras grandes citas. La transición ya no es un retoque, sino una reconstrucción acelerada.

Por qué ganar seis de siete no basta

El síntoma más claro de esta nueva etapa apareció en febrero de 2026, durante el Europeo de Funchal. España ganó seis de sus siete partidos y terminó quinta, un desenlace que desafía la lógica de una competición regular.

El formato, basado en cruces directos y con poco margen para el error, castiga cualquier tropiezo por encima de la constancia. Una sola derrota condicionó toda la clasificación española.

Frente al modelo anterior, que premiaba acumular victorias durante una liguilla, el sistema vigente exige acertar en el momento exacto. Un mal día puede pesar tanto como todo lo realizado anteriormente.

El contraste con el historial reciente subraya la dureza del cambio. España estaba acostumbrada a competir de tú a tú con cualquiera y descubre ahora que la excelencia sostenida no garantiza una medalla.

Adaptarse a ese escenario exige ajustes tácticos y mentales. La Superfinal de Sídney volvió a situar al equipo ante eliminatorias directas, pero esta vez la respuesta fue muy distinta.

Una cantera catalana que no se detiene

El relevo tiene una base sólida. El waterpolo femenino español se sostiene sobre clubes catalanes que producen talento de forma casi industrial. Nueve de los 12 equipos de la máxima categoría nacional proceden de Cataluña.

De esas piscinas salen cada temporada las jugadoras llamadas a asumir los galones de quienes se retiran. Esa estructura permite renovar la selección sin partir desde cero.

El ejemplo más brillante es el Club Natació Sant Andreu, que en mayo de 2025 conquistó su primera Liga de Campeones. El título llegó con un gol a dos segundos del final y consagró un proyecto construido desde la cantera.

Cinco de las 13 campeonas olímpicas de París formaban parte de aquel equipo. Del Sant Andreu y del Mataró proceden varias jugadoras que ahora ganan protagonismo, entre ellas Queralt Bertran y Ariadna Ruiz.

Ese vivero explica por qué España puede reconstruirse sin caer al vacío. Las jóvenes llegan a la absoluta después de competir y ganar en Europa con sus clubes. No son simples promesas, sino jugadoras acostumbradas a la presión.

Elena Ruiz, la líder que no quería serlo

En el centro de la transición aparece Elena Ruiz, quizá el nombre que mejor resume el momento del equipo. Debutó con la absoluta a los 16 años en Tokio 2020 y se convirtió en la medallista olímpica más joven del waterpolo español.

Pese a su juventud, ya acumula experiencia en Juegos, Mundiales y Europeos. En julio de 2026 reconoció que no le gusta definirse como líder, aunque acepta la responsabilidad que le reclama el vestuario.

Su perfil refleja la paradoja del nuevo equipo: jugadoras jóvenes con enorme talento obligadas a suceder a una generación que lo ganó casi todo. Cada resultado se compara todavía con un listón extraordinariamente alto.

La generación anterior conquistó tres oros europeos, el Mundial de 2013 y las platas olímpicas de Londres 2012 y Tokio 2020. El oro de París completó una trayectoria que condiciona cada convocatoria posterior.

La plata que confirma el relevo

Sídney ofreció el primer gran examen del nuevo ciclo. España superó a Hungría en cuartos y alcanzó la final después de un durísimo partido ante Rusia. El equipo respondió cuando la presión fue máxima.

La semifinal terminó 10-10 y se resolvió desde los cinco metros. España ganó la tanda por 5-3, con una parada decisiva de Martina Terré, y accedió por primera vez a la final de la Copa del Mundo.

Estados Unidos esperaba en el último partido. España llegó a igualar el marcador en varias ocasiones y Elena Ruiz firmó el 8-8 durante el tercer cuarto. Sin embargo, las estadounidenses castigaron cada error en transición.

Emily Ausmus lideró a Estados Unidos con seis goles. España alcanzó el último periodo dos tantos por debajo y ya no volvió a marcar. El 13-9 dejó el único gran título pendiente, pero entregó la mejor clasificación española en esta competición.

La plata mejora los bronces obtenidos en 2014 y 2023. También demuestra que el cambio generacional no ha apartado a España de la élite, incluso sin varias de las protagonistas del oro olímpico.

El viaje a Australia tenía valor competitivo y formativo. El equipo pasó antes por China para aclimatarse y terminó disputando una final contra la potencia más laureada del waterpolo femenino.

La derrota mostró aspectos por mejorar, especialmente la eficacia en superioridad y la defensa de los contraataques. Pero también confirmó que el nuevo bloque puede sobrevivir a partidos cerrados y eliminatorias límite.

España no volvió de Sídney con el único título que le falta, pero sí con una conclusión alentadora. La renovación no ha debilitado a la campeona olímpica: ya la mantiene compitiendo por el oro frente a las mejores del mundo.

Los Ángeles 2028 continúa siendo el gran objetivo, con el Mundial de 2027 como paso decisivo para obtener la clasificación. Después de la plata australiana, el relevo parece bastante más avanzado de lo que sugerían las ausencias.